Nerea, Itziar y María comparten opiniones sobre feminismo en la Ciudad Universitaria de Madrid.

Nerea, Itziar y María comparten opiniones sobre feminismo en la Ciudad Universitaria de Madrid. Esteban Palazuelos

Protagonistas

La Generación Zeta y su visión del feminismo en el 8M: del "orgullosa de ser feminista" al "huimos de las etiquetas"

Tres universitarias analizan la última encuesta de FAD Juventud que marca en un 38% el porcentaje de jóvenes que se siente identificado con el movimiento.

Más información: La 'ola morada' tropieza con la polarización: por qué un 12% de jóvenes ha dejado de llamarse feminista en sólo cuatro años

Publicada
Actualizada

¿Eres feminista? Esta pregunta clara y directa que hace unos años encontraba una respuesta afirmativa en casi un 50% de los jóvenes se ha convertido en una cuestión polarizada que incita a un debate profundo.

Cada 8 de marzo las ciudades se tiñen de violeta y las reivindicaciones se elevan en eslóganes y pancartas, aunque las cifras de asistencia a las manifestaciones han bajado notablemente desde 2019, cuando se produjo un boom en la llamada ola morada.

La última encuesta de FAD Juventud escenifica un cambio profundo en las percepciones y en el lenguaje con el que se habla de igualdad: en 2025 sólo el 38% de ese sector de la población se adjudica el adjetivo con el que empezábamos este relato. Y, sin embargo, el 48,9% percibe grandes desigualdades de género en España, con una brecha de casi 25 puntos entre chicas (61,4%) y chicos (36,7%).

Parece un contrasentido y quizá todo se deba en gran parte a un problema semántico: la palabra feminista ha adquirido un tinte negativo para algunos y algunas, que hace que la identificación con la misma se haya diluido, mientras que otros la siguen defendiendo como irrenunciable.

Estas tres jóvenes responden a diferentes maneras de entender el movimiento.

Estas tres jóvenes responden a diferentes maneras de entender el movimiento. Esteban Palazuelos

El debate se muestra en las cifras y tiene su reflejo a pie de calle. En el Día Internacional de la Mujer, tres universitarias de 21 años analizan esas contradicciones y reflexionan sobre cómo viven el feminismo hoy: qué las une a él, qué las aleja y qué tipo de igualdad imaginan para su generación.

La palabra feminista

Las citamos en la Ciudad Universitaria de Madrid y les hacemos la pregunta del millón: "¿Te consideras feminista?". Toma la palabra María Gómez Maldonado, que cursa la carrera de Periodismo en Madrid: "Considerarse feminista o no creo que es una etiqueta más y yo intento huir de ellas. Creo que la Generación Zeta nos queremos liberar de todo eso y no separar entre hombres y mujeres, queremos ir todos juntos. No puedes catalogar un concepto tan amplio en un blanco o un negro, soy más de grises y yo prefiero contestar sobre cosas concretas".

Itziar Cortezón Dalmau, de Ciencias Políticas, admite que el concepto se ha desvirtuado: "Hay menos gente que se siente identificada con este término porque ahora se ve como algo peyorativo y extremista. Yo sí me considero feminista, pero cada vez que lo digo me tachan de feminazi y no lo soy. Creen que el feminismo consiste en que las mujeres se consideran superiores a los hombres... La palabra ha perdido su sentido, que al final es buscar la igualdad".

En ambas respuestas subyace uno de los datos que refleja el citado informe: casi la mitad de la juventud (49,2%) considera que el feminismo se utiliza como herramienta de manipulación política. Nerea Serrano Gracia, también estudiante de Periodismo, lo refleja claramente.

"Actualmente el término se ha llevado al ámbito de la política y a temas con los que quizá no me sienta tan identificada. Soy feminista en lo que se refiere a conseguir la igualdad en el ámbito social, económico y social. Lo soy en el sentido que tenía antes, no tanto en el de ahora", asegura.

Y añade que, en su opinión, los partidos de izquierda se han apropiado del término "para conseguir unos objetivos muy distintos a lo que las mujeres queremos conseguir".

¿Por qué se ha desvirtuado?

Precisamente esta respuesta nos sirve para adentrarnos en una cuestión clave: la razón por la que la palabra feminista se ha distorsionado llegando a provocar rechazo en una parte amplia de la población, cuando entre 2017 y 2021 la agenda morada encontró su momento álgido entre los jóvenes. Especialmente con temas como la violencia sexual de las mujeres.

María Gómez reconoce que ella vivió ese boom del feminismo en el instituto: "La mayoría de las chicas lo defendían a muerte cuando estaba en la ESO, pero es que también estás en esa edad en la que buscas sentirte identificada con un grupo, sentir que formas parte de algo y que estás con gente como tú. Eso se ha ido relajando. Ahora se ha llevado al extremo, se ha explotado demasiado... Está tan quemado que ha perdido su sentido".

La polarización política vuelve a imponerse para Itziar, como experta en la materia, que vincula esta 'demonización' del concepto a los discursos emergentes de partidos conservadores. "Viene del auge de la extrema derecha, de los incels a través de las redes sociales —se refiere al movimiento de hombres heterosexuales que dicen no poder tener relaciones afectivas o sexuales pese a desearlas por culpa de las mujeres y el feminismo— y de la machoesfera", asegura.

Itziar Cortezón Dalmau ha estudiado Ciencias Políticas y está haciendo un máster.

Itziar Cortezón Dalmau ha estudiado Ciencias Políticas y está haciendo un máster. Esteban Palazuelos

"Ven el movimiento feminista como que va en contra de ellos y se ven atacados por mujeres que al final estamos reclamando un espacio y unos derechos que nunca se nos han dado. Se sienten amenazados al ver que estamos más presentes en la esfera pública y en cargos de poder. Esos discursos nos pintan como a unas locas", reflexiona.

En este contexto, las redes sociales sirven para amplificar determinadas posturas y crear confusión. Así lo ve Nerea: "Tienen un papel muy importante, porque se consume mucha información y quizá no se está suficientemente informado sobre qué significa la palabra feminismo y se dejan influir por vídeos de gente que simplemente opina".

Efectivamente, Cortezón Dalmau saca a colación el fenómeno de las tradwives americanas que predican una vuelta al rol tradicional de las esposas y madres, "cuando en realidad muchas de ellas tienen un imperio montado detrás, trabajan, tienen una carrera profesional, pero muestran otra cosa. No es la realidad del mensaje".

Ellos lo son menos

Al desglosar el dato que muestra el informe de FAD Juventud, vemos que en el 38,4% de los jóvenes que afirman ser feministas, el 51,3% de las respuestas afirmativas son de chicas y sólo el 26% de chicos. ¿Notan ellas que sus amigos, familiares, compañeros, etc., se han desvinculado del término en su día a día? Y lo más importante, ¿cómo les afecta?

Mientras que María y Nerea prefieren no separar las distintas posturas por cuestiones de género y aseguran no haber tenido ningún problema, la licenciada en Ciencias Políticas plantea otro escenario.

"Mis familiares no se identifican con el movimiento o con la palabra feminista. Sí con la igualdad entre hombres y mujeres, pero no tanto con las reivindicaciones que van más allá de eso. Mis amigos hombres tampoco utilizan la palabra feminista como la utilizaría una mujer, aunque comparten ciertas demandas", asegura.

La realidad es que la igualdad es cosa de todos, aunque parece que ese mensaje no cala de forma completa en la población masculina. Y uno de los escollos es la violencia de género. Resulta curioso que el informe destaque que el 67% de la juventud considera que este es un problema social muy grave, pero que a la vez haya discursos negacionistas que van creciendo.

"Muchos hombres no lo están entendiendo, porque lo único que destacan son las políticas de discriminación positiva hacia las mujeres, argumentan que se les está quitando la presunción de inocencia frente a las denuncias falsas... Estas son una ínfima parte y no representa el sufrimiento real que existe. Tengo cantidad de mujeres en mi entorno que han sufrido violaciones, abusos... Yo creo que sólo están viendo una parte de lo que pasa y tienen que salir de eso e ir más allá. Falta mucha educación en nuestra generación", explica.

María Gómez de 21 años, cursa Periodismo.

María Gómez de 21 años, cursa Periodismo. Esteban Palazuelos

La necesidad de la educación

Nerea Serrano recoge el guante para poner sobre la mesa la importancia de la concienciación tanto en los colegios como en el propio hogar. "En mi instituto, por ejemplo, celebrábamos el 8M e íbamos con una camiseta morada, pero los profesores no te explicaban por qué hacíamos eso y con qué finalidad. Si, desde pequeños, no nos enseñas el por qué de esa lucha, no se va a entender y al final se van a creer lo primero que escuchen y lo darán como correcto".

María asiente a sus palabras y surge de manera natural la cuestión sobre el papel que tienen los hombres en esa transformación de la sociedad. Esta pasa por no repetir patrones de hace décadas y que la evolución sea conjunta, informada y con respeto. Así lo ve Itziar Cortezón que plantea un escenario interesante.

"Las mujeres hemos cambiado nuestro rol, así que los hombres, en vez de plantearse que se está yendo contra ellos, quizá deban preguntarse qué tendría que cambiar yo de mi papel para adaptarme a esta nueva sociedad y no quedarme en uno que ya no pertenece a la actual", afirma.

Además, incide en que debemos de dejar de pensar que el feminismo es sólo una cuestión de igualdad de género, que haya paridad en los consejos de administración, en el Gobierno, que los sueldos sean los mismos, etc.

"Yo cuando salgo por la noche pienso en qué me voy a poner, si voy a volver sola... Esa planificación no la tienen que hacer ellos. Que podamos ocupar el espacio público por la noche y sentirnos seguras, sin sufrir violencia, también es feminismo. Me duele decirlo pero la gente está cansada de escuchar todo eso sin que haya ningún cambio real", dice Cortezón.

Nerea Serrano es una futura periodista.

Nerea Serrano es una futura periodista. Esteban Palazuelos

Movimiento global

Más allá del panorama occidental, donde la consecución de derechos en favor de la igualdad goza de buena salud, hay que abrir la mirada y ver la situación de la mujer en el mundo y su lucha. Desde la vida oscura y llena de prohibiciones de las afganas, a la opresión de las iraníes —la actualidad las pone en el foco en este 2026— , sin olvidar lacras como la trata, los matrimonios forzosos, la ablación, los distintos tipos de violencias...

Si buceamos en las redes es bastante habitual encontrarnos con post que definen como "verdaderas" feministas a las mujeres que se rebelan contra los talibán o que queman sus velos como protesta contra la opresión. ¿Se sienten representadas por estos discursos?

"Hacer esas comparaciones es una falacia, no se puede medir una situación con otra completamente distinta para desvirtuar una de ellas", afirma tajante María Gómez. Nerea, por su parte, tampoco confía en estos eslóganes y cree que "se usan para desviar un poco el tema y decir 'mira, esto no está tan mal, porque en ese país no pueden siquiera mostrar el pelo'. Te mandan el mensaje de que no debes quejarte porque hay mujeres que están peor".

Mientras, Itziar recuerda que el feminismo europeo está infinitamente más avanzado que en otros países "por el contexto histórico de poder que nos precede. No puedes pedir a un hombre o una mujer de Argelia que luche por lo mismo que nosotras en Europa. Son contextos diferentes y el feminismo se inscribe dentro de ese contexto. Hay que luchar por todas ellas".

Una nueva visión

Aunque queda claro que las jóvenes de la Gen Z tienen maneras diferentes de entender el feminismo, en lo básico están de acuerdo: todavía es necesario porque no ha logrado del todo su cometido. Aunque la gente ya no se identifique tanto con el término, sí lo hacen con el movimiento.

"Creo que también es algo que une a muchas mujeres que de otro modo igual no se unirían. Nos ha permitido llegar a donde estamos y es lo que nos permitirá obtener la igualdad completa ya sea para nosotras o para las generaciones futuras. Sigue habiendo gente que se siente orgullosa de llamarse feminista" dice Cortezón.

Nerea Serrano considera que hemos avanzado: "Está claro que aún faltan cosas por conseguir, pero vamos por muy buen camino y creo que se va a conseguir esa igualdad que tanto queremos. Y ya no solo igualdad sino esa tranquilidad de saber que no se nos va a cuestionar en trabajos de esfuerzo físico, que no se nos va a elegir por nuestra estética, que no vamos a ganar menos… ".

A las puertas de la Facultad de Derecho de la Universidad Complutense de Madrid, otras jóvenes se animan a participar. "Claro que soy feminista, todas deberíamos serlo. Yo ahora estoy haciendo una carrera gracias al feminismo", comenta una estudiante.

"Sigo considerándome feminista, pese a las polémicas que rodean al movimiento", dice otra. "Todavía tenemos muchas cosas por las que luchar", añade una tercera.

En este universo de etiquetas gastadas y discursos cruzados, la desigualdad y la violencia siguen presentes. Quizá el reto de la Generación Zeta no sea decidir si llevar o no la palabra feminista en una chapa o un color sino encontrar un lenguaje que sirva de nexo de unión para construir un nuevo relato.