Cuatro venezolanas hablan de esperanza y futuro desde Madrid: “Fuimos ejemplo de democracia y lo volveremos a ser”
Linda Sharkey, Adriana Álvarez, Johanna Müller-Klingspor y Daniela Goicoechea confían en una etapa de reconciliación en el país del que emigraron.
Aquí no se pronuncian la C ni la Z como en España, aunque estemos en Madrid. Aquí hay un tintineo sabroso al hablar, aquí se canta bajito, aquí las palabras se endulzan y todo suena a S. Con S de sabiduría, de soberanía, de solidez, de supervivencia y de Venessuela. Así, tal cual, con doble S.
En un momento en el que el país caribeño vuelve a ocupar el centro de la actualidad informativa internacional por la intervención de Donald Trump y la captura y puesta a disposición judicial del presidente Nicolás Maduro, Magas reúne a cuatro mujeres con mucho que decir. Y aunque el debate está en las calles y hay personas a favor y en contra de las acciones perpetradas por el mandatario americano, en este rincón de Madrid la comunidad venezolana reacciona con esperanza por el futuro.
Johanna Müller-Klingspor, Daniela Goicoechea, Linda Sharkey y Adriana Álvarez conversan sobre identidad, migración y la confianza de una Venezuela en reconstrucción.
A la llegada de esta revista a El Velázquez 17, el restaurante que regenta Müller-Klingspor, reina el buen ambiente. Entre ellas existe la complicidad natural de quien se encuentra por casualidad con un amigo en las antípodas. Ninguna vive ya en la patria que les corre por las venas, pero sus ojos —hoy más que nunca— siguen puestos allí.
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"Huid del país donde uno solo ejerce todos los poderes: es un país de esclavos", advirtió Simón Bolívar. Estas mujeres, líderes en sus respectivos ámbitos profesionales, no tuvieron más remedio que hacerlo. Aun así, creen firmemente que una Venezuela con una democracia real es posible. "Nosotros fuimos ejemplo democrático del mundo y lo volveremos a ser", afirma la abogada Adriana Álvarez con rotundidad.
Y esa certeza atraviesa toda la conversación: Venezuela sigue ahí. Allende los mares, sí, pero muy dentro de su corazón.
Cuatro venezolanas, una misma raíz
Johanna Müller-Klingspor se define como emprendedora y empresaria y es cofundadora de varios restaurantes —El Velázquez 17, Café Murillo y La Terraza del Campo del Moro—, además de estar al frente de Coolinaria, uno de los caterings más exclusivos y solicitados dentro y fuera de nuestras fronteras. Venezolana nacida en Viena, llegó a Madrid hace 24 años y decidió quedarse desde el primer día. "Esta ciudad me acogió y yo le abrí los brazos", explica.
Daniela Goicoechea, estratega y creativa, es venezolana, nacida en Estados Unidos, y emprendedora por vocación y conferenciante. Lleva más de diez años en Madrid, ciudad en la que ha formado su familia y donde desarrolla proyectos creativos con una idea clara: conversar, crear y entregar. "Madrid me ha permitido hacer vida", resume.
“Venezuela es alegría. El recuerdo que tengo es que cualquier reunión acaba en baile, en música y con las puertas de las casas abiertas”- Johanna Müller-Klingspor
En 2019, tras concluir una etapa laboral junto a su hermano, Andoni Goicoechea, fundador de GOIKO, creó Brandcrops, agencia y consultora estratégica especializada en marca, comunidad e inteligencia artificial.
"Hoy trabajamos con grandes compañías que buscan diferenciarse y crecer con propósito", señala. En 2025 lanzó Multiplica tus horas, un proyecto que ayuda a equipos y profesionales a integrar la inteligencia artificial en su día a día, ganar foco y multiplicar su tiempo.
Linda Sharkey, periodista de moda y estilista, nació en Caracas. Ha vivido entre Londres y Madrid durante los últimos 20 años y se declara enamorada de la capital española. "Es una ciudad de oportunidades, de libertad y de mucho estilo por las calles", señala. Tras la pandemia, se mudó durante un año con su familia a Bali. A su regreso, comenzó a trabajar con firmas como Chanel y Dior Beauty. También Galería Canalejas contó con sus servicios como organizadora de algunos de los eventos más chic.
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Adriana Álvarez nació y se crio en Venezuela. Lleva 25 años fuera del país y 19 en España. Eligió Madrid como lugar para asentar a su familia, buscando seguridad y libertad para sus hijos mellizos, hoy universitarios: su gran orgullo. "Tengo muchos sombreros" —se refiere a roles—, dice la directora ejecutiva de la Cámara de Empresarios Venezolanos en España (CeVe).
Todas ellas tienen una certeza: son felices aquí.
El país que se lleva dentro
Cuatro historias distintas, un punto en común evidente: Venezuela. Hablar de infancia y recuerdos activa en ellas una emoción compartida. "Venezuela es alegría", replica rápidamente Johanna. "A pesar de las circunstancias, el recuerdo que yo tengo es que cualquier reunión acaba en baile, en música, con las puertas de las casas abiertas. Si alguien te dice 'qué bonito', la respuesta siempre es: 'está a la orden'", rememora.
Daniela, a la que cariñosamente llaman Dani, cree que "Venezuela es calidez, es abrazo, es familia. Y lo de calidez no es metafórico: los 25 grados caraqueños también tienen mucho que ver". "Yo siempre digo que Venezuela es tribu", añade Adriana. Y coinciden en algo más: esa alegría atraviesa clases sociales, barrios y generaciones. Está en todas partes.
Linda va un paso más allá y habla de una "chispa venezolana" que se reconoce incluso fuera. En Europa, en el trabajo, en los equipos profesionales. "Parte de esa alegría es la que el venezolano contagia a su entorno", concluye.
"Nunca imaginamos una vida fuera de nuestro país, pero Venezuela siempre va a estar ahí. Y parece que va a estar mejor”- Daniela Goicoechea
La conversación continúa: ¿cómo cambia la relación con el país cuando se vive fuera? "Depende mucho del momento migratorio en el que estés", responde Álvarez. "A medida que pasan los años, la gente se reconcilia con sus raíces y vuelve. Volver a Venezuela es volver a casa", añade.
No niegan la nostalgia. Tampoco la gratitud hacia España y, en particular, hacia Madrid. "Nosotros nunca imaginamos una vida fuera de Venezuela, pero con el tiempo, como dice Adri, hacemos las paces también con eso. Venezuela siempre va a estar ahí. Y parece que va a estar mejor", anhela Goicoechea. E introduce un matiz distinto: en su caso no hubo dolor al marcharse. Fue una decisión racional: "Quería una vida coherente con mis valores: seguridad, paz, libertad. Eso era más importante que lo que dejaba en Venezuela".
Surge entonces una idea delicada: la culpa silenciosa de prosperar lejos del país. Algo de lo que hablan muchas mujeres migrantes venezolanas. Ellas lo matizan. "Siempre puedes volver a tu país. Cada venezolano que brilla fuera también ilumina a los demás", reflexiona Johanna. Se sienten embajadoras informales, altavoces de una nación herida, pero llena de talento.
"Nosotras somos un granito de arena dentro de una cantidad enorme de mujeres y hombres venezolanos en el mundo que lo dan todo, que sacrifican muchísimo por sus sueños y sus familias. Somos una representación minúscula de los millones de venezolanos a los que les va fenomenal", remacha Sharkey.
"¿Qué rasgo de su carácter creen que ha sido clave para abrirse camino aquí?", pregunta esta revista. La respuesta es casi automática: "la sonrisa", indica Adriana, y "la resiliencia", remata Linda, que prosigue: "Nosotros no mandamos a otro a hacer lo que tenemos que hacer. Asumimos responsabilidades y las llevamos a cabo para que el proyecto salga adelante".
El idioma vuelve a abrirse paso y entre ellas comentan que los venezolanos son "toderos", es decir, capaces de hacerlo todo. La RAE define todero, ra como un adjetivo coloquial (Colombia, Venezuela) para una persona que lo hace todo, especialmente oficios manuales, similar a un "todólogo", aunque este último —según la Asociación de Academias de la Lengua Española— se refiere a quien cree dominar varias especialidades.
Daniela Goicoechea desliza, con muy buen tino, que muchas emprendedoras venezolanas no lo fueron por vocación inicial, sino por necesidad: "Llegamos a España con contactos y con experiencias que aquí se desconocían, y si querías tu espacio de mercado lo tenías que crear".
¿Es difícil emprender en nuestro país? Linda Sharkey lo tiene claro: "No existen trabas si lo comparas con el lugar de donde venimos. El venezolano viene haciendo querer las cosas bien. Si las haces así, las oportunidades se abren". "Aquí el marco está escrito. Si tú sabes cuáles son las reglas y te adaptas, lo puedes hacer", apostilla Goicoechea.
Mujeres venezolanas, mujeres españolas
A grandes rasgos, ¿hay mucha diferencia entre la mujer española y la venezolana? ¿En qué se parecen? Cuando se aborda este asunto, todas destacan más similitudes que diferencias. "Somos muy similares. Si hiciéramos un test de ADN a todos los venezolanos, veríamos que tienen algo de españoles", cree Johanna. "Muchas de nosotras crecimos siendo hijas y nietas de españoles. La idiosincrasia española está dentro de nosotras", asiente Álvarez. Volver a España, en cierto modo, ha sido cerrar un ciclo.
"Nosotras somos un granito de arena dentro de una cantidad enorme de venezolanos en el mundo que sacrifican muchísimo por sus sueños y sus familias”- Linda Sharkey
Venezuela, foco de la actualidad informativa
La conversación se prepara entonces para girar hacia el presente más duro. Hacia la política, hacia Venezuela hoy. La pregunta queda suspendida en el aire, justo antes del silencio. ¿Qué sintieron aquella mañana del 3 de enero al despertar con la noticia de que Nicolás Maduro había sido capturado y puesto a disposición judicial en Estados Unidos para ser juzgado por narcotráfico?
Johanna no duda al responder: "Yo rompí a llorar. Fue un alivio. Te acostumbras a vivir con una losa, y ese momento fue una liberación. Queda mucho por hacer, pero esa alegría es incontenible. Es la primera vez que vemos que hay algo concreto. Es el comienzo de un cambio necesario".
"Creo que todas lloramos", reconoce Goicoechea, que añade que "fue un momento profundamente emocional", aunque vivido con una prudencia aprendida a fuerza de años de experiencia allí. Los venezolanos, explican, están acostumbrados a ciclos de esperanza y decepción. A noticias importantes que reciben con mesura y con cuidado.
Las cuatro son conscientes de que queda mucho por hacer en ese sentido: reconstruir un país, reconstruir instituciones, reconstruir confianza. Pero por primera vez en años perciben algo nuevo. "Ahora hay esperanza, despertó un nuevo sentimiento no solo en los que estamos fuera, sino en los que están dentro", sentencia Sharkey.
"Vienen oportunidades de inversión en Venezuela. Lo ideal será que el que se quede fuera no sea porque tiene que hacerlo, sino porque realmente es lo que quiere. Esa es la gran diferencia en la migración venezolana. No estamos aquí haciendo turismo, sino buscándonos y labrándonos un futuro mejor. Esa es la idea", manifiesta Álvarez.
"¿Ustedes se suman a la máxima que se ha popularizado en las últimas semanas y que afirma que 'si no eres venezolano, no opines'?", se interesa Magas, y ellas matizan. No se trata de excluir, sino de comprender. De pedir rigor, contexto, escucha. "Antes de opinar hay que entender lo que hemos vivido", dice Daniela. Y añade Johanna: "Lo que molesta no es el hecho de que se opine, sino que se haga sin un criterio sólido".
"María Corina Machado es la representación de la mujer venezolana: es amor, es una líder, es resiliencia"- Adriana Álvarez
Mujeres, poder y liderazgo
En este contexto aparece un nombre propio: María Corina Machado, opositora venezolana y última galardonada con el Nobel de la Paz —cuya medalla entregó la tarde del jueves a Donald Trump en su visita a la Casa Blanca—. Para ellas representa el liderazgo femenino en su máxima expresión. "María Corina es la representación de la mujer venezolana: es amor, es una líder, es resiliencia", declara Álvarez.
Müller-Klingspor destaca su arrojo a la hora de "mantenerse firme sin traicionar sus convicciones para unir identidades distintas y devolver la esperanza a niños y mayores. Para nosotros, ella es un símbolo de respeto y admiración absoluta".
¿Qué tendría que pasar para que hicieran las maletas y regresaran a su patria amada? Ahí se muestran más prudentes. Decir "nunca" sería "una locura", reconocen. La idea de volver siempre está ahí, aunque hoy su vida esté en Madrid. Hablan de libertad, de justicia, de poder vivir sin miedo. De no depender del capricho de quien gobierna. En palabras de Linda: "Volvería a una Venezuela que se parezca, al menos un poco, a la que conocí cuando era pequeña". A un país donde nadie decida por ellas ni por el futuro de sus hijos. "El tiempo dirá", asevera Goicoechea.
La conversación va llegando a su fin y se suaviza, se vuelve más íntima y silenciosa. El año nuevo acaba de empezar y es momento de desear. Pero ¿con qué sueñan ellas cuatro? Las palabras se repiten una y otra vez: paz, libertad, esperanza, armonía. Que cada uno pueda elegir dónde ser feliz. Que haya reconciliación. Que el proceso de transición sea estable. Que Venezuela vuelva a ser un lugar posible.
Agradecimientos especiales a El Velázquez 17.