Imagen de la Selección Femenina de Fútbol levantando su segundo trofeo de la Nations League.

Imagen de la Selección Femenina de Fútbol levantando su segundo trofeo de la Nations League. IG vía @sefutbolfem

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El fútbol femenino se corona en 2026 con el primer mundial de clubes: "Hay que crecer sin depender de los resultados"

El nuevo año se presenta como un desafío para todas las disciplinas con presencia de mujeres: las nuevas oportunidades chocan ante los riesgos.

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2026 no será un año más en el calendario deportivo. Su definición vendría dada más bien por el concepto de punto de inflexión. Un momento bisagra en el que las disciplinas femeninas dejarán definitivamente de pedir permiso para ocupar el centro del escenario.

En la actualidad, las niñas quieren ser futbolistas y sus referentes difieren mucho de aquellos que siempre habían marcado el ritmo. Igualmente, disciplinas como la natación artística, la gimnasia rítmica o el waterpolo han salido de la cárcel de los Juegos Olímpicos.

Su fecha de caducidad ya no es de dos semanas cada cuatro años. Ahora, la representación importa más allá de esa época en la que todo el mundo es experto en todo desde el sofá de casa.

No obstante, sería absurdo negar que el fútbol será el encargado de volver a marcar el pulso del cambio, con la llegada del primer Mundial de Clubes Femenino entre enero y febrero como gran apertura del año. Un torneo largamente reclamado que traslada a la disciplina femenina una lógica global hasta ahora reservada a ellos.

Este gesto no es más que una confirmación de que el talento, la audiencia y el negocio ya están preparados para jugar en igualdad de formato. No es solo un campeonato nuevo: es una validación estructural. Un "sí, quiero" en toda regla.

A ese escaparate se sumará el Mundial Sub-20 femenino en Polonia, donde se asoman las protagonistas del futuro inmediato. Futbolistas formadas en academias profesionalizadas, acostumbradas a la presión mediática y a competir en entornos de alto rendimiento. Una generación que no entiende esto como una excepción, sino como el terreno natural que siempre debió ocupar.

Pero 2026 no será decisivo solo para el balompié. El calendario internacional de otras prácticas como el baloncesto, el atletismo, el ciclismo o los deportes de raqueta consolida circuitos más estables, mayor cobertura mediática y una presencia creciente en grandes eventos multideportivos.

La expansión de las FIFA Series para selecciones dialoga con una tendencia amplia: más competiciones, más continuidad y menos espacios en blanco para las carreras de las deportistas. Subsistir en el plano económico entre los grandes campeonatos, cuando no se firman flamantes contratos publicitarios, se antoja una misión mucho más complicada que batir un récord del mundo.

El deporte femenino entra así en una fase nueva. Menos relato de resistencia —por fin— y más estructura, planificación y ambición. No se puede caer en la romantización de la precariedad deportiva que encuentra en los triunfos una suerte de justificación que suele sonar así: "Y, además, siendo mujeres".

El año que comienza dejará de hablarse únicamente de crecimiento para empezar a hacerlo, sin matices, de consolidación. Y en ese tránsito, las mujeres no solo ganan visibilidad: también obtienen tiempo, espacio y futuro.

El año del esférico

Cuando en el colegio, en Educación Física tocaba por temario un clásico 11 contra 11, las chicas bajaban la cabeza. ¿Era porque realmente poco querían tener que ver con el balompié? O porque sabían lo que suponía ser una y no uno ante un chute a puerta decisivo.

Han tenido que pasar muchos años para que de forma colectiva se deje de asociar esta práctica a determinados clichés. En este momento la amplitud de miras va mucho más allá y el partido continúa fuera del terreno de juego una vez que se cumplen los 90 minutos más el sufrido añadido.

"Sin lugar a dudas, 2026 simboliza la entrada definitiva del fútbol femenino en una etapa de madurez. El talento, la ambición y la ilusión ya existían; ahora las competiciones exigen estructuras sólidas y una profesionalización plena", explica y reclama Beatriz Álvarez, la presidenta de la Liga F, en conversación con este vertical.

La presidenta de la Liga F en la presentación de la competición el pasado mes de septiembre.

La presidenta de la Liga F en la presentación de la competición el pasado mes de septiembre. Cristina Villarino

"Es un salto natural, pero también delicado que nos obliga a ser responsables y donde el principal riesgo es crecer demasiado rápido. La clave estará en equilibrar competitividad, cuidado y sostenibilidad", detalla.

En esta misma línea se pronuncia Cristina Villarino, periodista gráfica que habitualmente cubre eventos relacionados con la selección femenina de fútbol y de otros equipos nacionales, y futbolista amateur.

"Después de haber estudiado en profundidad el impacto del fútbol femenino, desarrollado proyectos para visibilizarlo, analizado el sexismo, el sensacionalismo y el machismo de la prensa deportiva, y hablado directamente con jugadoras, la conclusión es clara: el calendario, por sí solo, no garantiza un salto estructural", declara de forma tajante.

La fotógrafa comenta además: "Convertir este crecimiento en una carrera por titulares y trofeos es una estrategia frágil: el día que no se gana, el foco mediático se diluye".

De acuerdo a su opinión, la clave no está en acumular fechas, sino en construir un marco que favorezca el desarrollo deportivo real. "A esa continuidad debe sumarse algo todavía más básico: estándares comunes", reclama haciendo referencia a contratos, descanso, viajes, condiciones médicas...

"Profesionalizar no es sólo jugar más partidos, es hacerlo mejor y en mejores condiciones", comenta de forma convencida, a lo que añade que el verdadero reto es que las competiciones, además de fijarse en una agenda, supongan también un cierre a determinadas brechas. "Necesitamos un crecimiento sostenido que no dependa del resultado final, sino de un proyecto sólido y compartido", zanja.

La reportera gráfica disparando durante un evento.

La reportera gráfica disparando durante un evento. Cedida

Y es que el debate del fútbol femenino va más allá de competir. Se trata de permanecer, de acabar con la inestabilidad. Esta no puede depender de una tanda de penaltis o de un mal día. Sin embargo, con tal cantidad de torneos. alcanzar la excelencia parece cada vez algo más lejano.

"Para mantenerse hay que construir pensando en el mañana. Liga F nació con un propósito claro sustentado en tres pilares fundamentales: la sostenibilidad deportiva, para crecer cuidando a las jugadoras y al talento; la rentabilidad económica, para que los clubes sean viables y estables; y la relevancia social, porque el fútbol femenino también debe tener un impacto social positivo y convertirse en un símbolo de cambio", detalla Beatriz Álvarez.

"Si están equilibrados, el proyecto se sostiene", explica.

Jugando en casa

Cuando las competiciones internacionales toman protagonismo, los torneos locales pueden perder importancia en primera instancia. Es habitual oír hablar a los entrenadores sobre cómo afectan las grandes citas al rendimiento de las jugadoras, sobre todo teniendo en cuenta que aumenta la presión personal, del entorno y la mediática.

¿Cómo habría que afrontar estas posibilidades para sacarles el máximo provecho sin perder el rumbo de lo que de verdad importa? "La Liga F debe abrirse al mundo con confianza, pero también con una identidad clara. La internacionalización es una oportunidad enorme para elevar el nivel y atraer talento, siempre que sirva para reforzar nuestras estructuras y no para vaciarlas. Queremos una liga que mire fuera, pero que cuide lo que nace dentro", confirma Beatriz Álvarez.

¿Y qué liderazgo debería ejercerse para continuar por ese camino? El de no perder la esencia ni el relato que ha traído a esta disciplina al punto en el que se encuentra en la actualidad. La presidenta de la competición española lo tiene claro: uno que combine firmeza y sensibilidad.

"Estamos profesionalizando un proyecto que en España ha crecido desde la convicción y el esfuerzo colectivo. Liderar hoy Liga F significa tomar decisiones complejas, pero también escuchar y entender el momento histórico que vive el fútbol femenino", comenta.

Además, añade que no hay que olvidar desde dónde se ha ido construyendo todo: valores muy claros y personas que creyeron en el proyecto cuando no era fácil hacerlo: "Por supuesto, todo sin renunciar a la exigencia que marca el nuevo contexto".

Por este 2026 tan esperanzador como maratoniano, desde una mirada muy cercana, se manifiesta Villarino, que comenta que más partidos y más exposición también suponen un incremento del riesgo. "Sin rotación, descanso y seguimiento médico adecuados, el calendario se convierte en un problema", señala.

"El espectáculo es necesario para atraer público e inversión, pero no puede vaciar de contenido el proyecto deportivo. Si el foco está solo en el evento y no en el proceso, el crecimiento se vuelve frágil, dependiente de modas y desconectado de la identidad que ha construido el fútbol femenino en los últimos años. El desafío no es crecer rápido, sino crecer bien", insiste la periodista de este medio.

Y es que si hay una tentación que vive arriba en este camino, es la posibilidad de que esta disciplina caiga en los mismos errores que la masculina. Por supuesto, se trata de un negocio, ¿pero qué futuro tendría una empresa que no cuida a sus empleados? El de una de vaivenes cuyo sino no termina de recalar en la estabilidad, sino que estriba en la temporalidad y en lo voluble.

Sobre esto último, Álvarez comenta que no se puede pedir más a las jugadoras y a los clubes sin aumentar la aportación: "Merecen estructuras que las cuiden, las protejan y las escuchen. Garantizar buenas condiciones no es solo una obligación profesional, es una cuestión de coherencia y de respeto hacia quienes son las protagonistas cada día".

Con nombre propio

Alexia Putellas, Aitana Bonmatí, Irene Paredes, Jenni Hermoso, Salma Paralluelo, Ona Batlle, Mariona Caldentey y Olga Carmona son algunos de los dorsales que iluminan el fútbol femenino español, pero también un país. Sus pasos, dentro y fuera del terreno de juego, guían a una afición y, sobre todo, a los niños y niñas que las observan con admiración.

No solo han ganado títulos; han cambiado el marco mental desde el que se mira este deporte. Su valor como referentes va mucho más allá de los Balones de Oro, las Champions o los mundiales conquistados. 

Alexia y Aitana simbolizan el liderazgo desde el talento y la constancia. Una, capitana desde la serenidad que sólo otorga la experiencia; la otra, precisión quirúrgica y lectura del juego. Juntas han redefinido el centro del campo y, con él, la idea de quién puede ocupar el relato.

Irene Paredes aporta la solidez que no siempre ocupa titulares, pero sostiene equipos y discursos: su discreción y saber estar la han convertido  en referente dentro y fuera del campo.

Jenni Hermoso encarna la experiencia, el gol y la resiliencia. Su trayectoria habla de resistencia y de memoria, de no dejar que la historia se escriba por aquellos que no la han protagonizado. Su valentía va más allá de los 90 minutos sobre el césped.

Salma Paralluelo es el futuro en presente: potencia, velocidad y una naturalidad que logra romper expectativas.

Ona Batlle y Mariona Caldentey contribuyen a este mapa en femenino desde la inteligencia táctica, la versatilidad y una forma de entender el fútbol que prioriza el equipo sin diluir la identidad propia.

Olga Carmona, con ese gol que ya es historia y una carrera marcada por la constancia, simboliza el momento exacto en el que el trabajo se convierte en un legado propio que además se regala a una nación entera.

Estos perfiles que le dan forma al fútbol femenino actual y que sientan las bases del que vendrá, son aspiracionales porque no responden a un único molde. Porque ganan, pero también cuestionan.

Las expectativas sobre ellas no atienden a un patrón. Su esencia la demuestran al saltar al campo, pero también ante los medios, cuando es necesario denunciar algo tan flagrante como lo que provocó Rubiales en agosto de 2023 durante la final de Mundial. 

Aquello fue un antes y después, otro Everest que el grupo tuvo que escalar. Y lo hizo en equipo, a pesar de los miedos, logrando sobreponerse a ello. La RFEF estuvo en jaque y, además de con el cese del presidente, con el equipo técnico de la escuadra nacional. Por aquel entonces Jorge Vilda ocupaba el banquillo, posición a la que terminó diciendo adiós tras aplaudir las palabras de Rubiales diciendo que no iba a dimitir.

Con cada una de sus decisiones, las futbolistas españolas que fulguran en el panorama internacional forjan un camino que otras recorrerán dentro de un tiempo, haciéndoselo más fácil y llevadero. Más justo y equitativo.

Sueño de ayer...

... realidad de mañana. Hasta llegar a este punto, la vida de las amantes de esta disciplina deportiva ha sido una especie de montaña rusa. A pesar de las dificultades, durante la infancia se podía llegar a permitir que las niñas formasen parte de equipos mixtos o que admirasen lo que sucedía dentro del campo.

Sin embargo, parecía que esta afición respondía a una especie de cuenta atrás. A partir de cierta edad, seguir poniéndose las botas o animando desde la grada atendía a una serie de clichés de los que había que deshacerse.

"Cuando era pequeña jugaba al fútbol en el patio del colegio, en la calle con mis amigos... Me apasionaba, pero nunca me planteé apuntarme a un equipo. Sentía que no me pertenecía. Iba con mi padre al Calderón o al Bernabéu y, mientras mi hermano podía imaginarse jugando allí algún día, yo no", comenta Cristina Villarino.

Cristina Villarino en la disputa de un balón durante un encuentro.

Cristina Villarino en la disputa de un balón durante un encuentro. Cedida

"Ese sueño no era para mí. No porque no me gustara el fútbol, sino porque era mujer y no había referentes. No ver a ninguna en ese lugar hacía imposible imaginarte ahí", explica.

Villarino continúa su visceral discurso, tirando de reminiscencias y queriendo servir también, quizás, de apósito: "A eso se sumaba el estigma social. Una niña sólo quiere divertirse, no tener que ser valiente por hacer lo que le gusta. Y durante mucho tiempo, jugar al fútbol siendo mujer implicaba enfrentarse a miradas, comentarios y prejuicios que alejaban más de lo que acercaban".

De esta normalidad aspiracional a la que alude la reportera gráfica, también habla Beatriz Álvarez, que se expresa orgullosa sobre cómo querría que fuese su legado desde la presidencia de la Liga F.

"Quiero que el fútbol femenino se entienda desde la calidad, la profesionalidad y la continuidad y no como algo excepcional. En una encuesta de Adecco donde se pregunta a niños y niñas qué quieren ser de mayores, este año ellas han dicho que futbolista, que ha sido la segunda profesión más elegida. Esto es muy emocionante y evidencia este impacto social positivo", comenta.

Y es que estos encuentros cada vez están más presentes en conversaciones, tanto esas que se generan en torno a mesas de amigos, como en barras de bar o relatos mediáticos. Sin embargo, Villarino advierte de nuevo algo muy importante: "Es gratificante que las noticias se cuenten a partir de las victorias. Pero lo que hará este crecimiento verdaderamente estructural es saber que el relato también estará cuando se pierde".

"Que el seguimiento no se diluya con el resultado. Que el interés no depende solo del marcador, sino de la conexión con las futbolistas y sus historias. Porque ahí es donde el fútbol femenino deja de ser un fenómeno puntual y empieza a construir una base sólida y duradera", cierra la joven.

Así, 2026 se recibe con fuegos artificiales, pero también con cimientos. Se entra en una etapa donde ya no basta con estar, ni siquiera con ganar: hay que sostener. El verdadero avance no se mide solo en títulos o audiencias, sino en la capacidad de permanecer cuando el foco se apaga y el marcador no acompaña.

Lo que viene no es épica, es continuidad; no es excepción, es rutina. Y ahí reside su fuerza. Porque cuando el fútbol femenino deje de explicarse y únicamente se juegue, cuando no haya que justificar su espacio, ese día habrá ganado el partido más importante.