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Belleza

Itzel Lastra, maquilladora: "En las pieles maduras, el colorete es uno de los productos que más rejuvenece"

La técnica de aplicación, los tonos y las texturas adecuadas son claves para devolver frescura al rostro.

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Hay gestos de maquillaje capaces de cambiar por completo el aspecto del rostro y, curiosamente, uno de los más sencillos tiene que ver con el colorete. Durante años quedó relegado frente al bronceador y el contorno, pero hoy ha recuperado el protagonismo como uno de los productos imprescindibles para conseguir una piel fresca y una expresión más descansada.

Especialmente cuando hablamos de pieles maduras, el colorete puede hacer mucho más que aportar un toque de color. Bien colocado, devuelve dimensión a las facciones, aporta luminosidad y consigue ese efecto de buena cara que buscamos cuando queremos que el maquillaje reste cansancio sin parecer que llevamos demasiado producto.

La clave, sin embargo, no está únicamente en elegir el tono adecuado. La forma de aplicarlo, la textura y hasta la preparación previa de la piel pueden marcar la diferencia, explica la maquilladora Itzel Lastra.

El truco para rejuvenecer

Durante años, el colorete se aplicaba de una forma muy concreta: directamente sobre la manzana de la mejilla y difuminándolo en círculos. El problema de esta técnica tradicional es que, con el paso del tiempo, tiende a tirar las facciones hacia abajo.

Al concentrar todo el peso del color en la parte baja del pómulo, se acentúa visualmente la pérdida de firmeza y el rostro parece más cansado, pesado y, inevitablemente, con más años de los que realmente tiene.

Sin embargo, el enfoque ha cambiado por completo. Hoy en día las reglas del juego son otras y el colorete, de acuerdo con los expertos, se aplica elevando el producto de manera ascendente hacia la sien.

Este pequeño giro estratégico consigue crear un efecto lifting visual inmediato, devolviendo el volumen a su sitio y abriendo las facciones.

Además, las texturas en polvo mate y pesado han dejado paso a fórmulas en crema, líquidas o satinadas que no se asientan en las líneas de expresión.

En las pieles maduras, los acabados excesivamente secos o los excesos de polvo suelen apagar la luz natural y marcar inevitablemente las líneas de expresión.

En su lugar, los formatos en crema, líquidos o satinados consiguen fundirse con la piel dejando un acabado fresco y jugoso. No se busca un brillo evidente ni artificial, sino recuperar esa hidratación y vitalidad propias de una piel sana y cuidada.

Los tonos también juegan un papel crucial en este viaje de retorno a la frescura. Mientras que los marrones apagados o los subtonos demasiado fríos pueden endurecer las facciones y sumar años, los rosas suaves, melocotones, corales o incluso los frambuesas bien difuminados imitan el rubor natural de cuando éramos niñas.

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Precisamente por esto, Itzel Lastra defiende que, al trabajar con pieles maduras, el colorete debe robarle el protagonismo al contorno. Mientras que las técnicas de esculpido tradicional exigen productos más pesados y mayor cobertura para crear sombras, el colorete aporta una jovialidad inmediata sin sobrecargar.

En el maquillaje actual, el objetivo ya no es transformar las facciones ni esconderlas bajo capas gruesas, sino acompañar los rasgos reales de la clienta para que se sienta cómoda, favorecida y, sobre todo, ella misma.

Una vez sabida la técnica, podemos pasar a nuestros coloretes favoritos. La verdad que tengo tantos en mi colección que es difícil quedarse con uno solo, pero ¿para qué hacerlo?

En el formato líquido o en barra, para mí es imposible no nombrar coloretes como el Toasted teddy de Rhode, el DermaBlush de Santamarina Cosmetics, el Blusher Wand de Technic, el famosísimo Pinkgasm de Charlotte Tilbury, el Soft Pinch de Rare Beauty o el Camo Liquid Blush de e.l.f.

Personalmente no suelo fijar estos productos -esto jamás se lo confeséis a ninguna maquilladora- porque me encanta el efecto jugoso que dejan. Sin embargo, cuando lo hago, mis coloretes en polvo favoritos son el tono Thrill de Kosas, el trío de Morphe en el tono After Party y el tono 05 de los Unlimited Blush de Kiko.

El secreto está en la preparación (y en el escote)

Elegir un buen colorete es fundamental; sin embargo, para que obre su magia hay una prioridad absoluta de preparar la piel. Una hidratación profunda es el paso innegable antes de tocar cualquier brocha: una piel bien hidratada refleja la luz de manera uniforme y permite que los productos posteriores se integren con total ligereza.

Siguiendo esta filosofía del "menos es más", Lastra opta por bases livianas y coberturas medias que unifiquen el tono pero dejen intuir la textura real de la piel, permitiendo que las pecas o los lunares sigan siendo visibles.

Además, la maquilladora extiende este cuidado al cuello y al escote, nivelando el tono según la prenda que vaya a llevar la clienta para lograr una armonía absoluta, sellando después con una brocha amplia y una cantidad mínima de polvo suelto para evitar acentuar la flacidez.

La mirada y los labios: cuestión de líneas y tensión

Aunque la piel del rostro es nuestro espejo de cara a cómo nos vemos y nos ven, la realidad es que hay otras zonas que también influyen — y mucho— en el efecto rejuvenecedor, como los ojos y los labios.

Con el paso del tiempo, es natural que el párpado externo tienda a caer levemente o presente cierto grado de encapotamiento. Para contrarrestarlo, la recomendación de Itzel es trabajar las sombras de manera ascendente, elevando el difuminado lo más cercano posible a los noventa grados.

Al evitar que el color baje, se abre la mirada y se crea la ilusión óptica de un párpado mucho más amplio.

Esa misma dirección ascendente es la que dicta el éxito de las pestañas. Al aplicar la máscara o colocar pestañas postizas, el truco infalible de la profesional es asegurarse de que el extremo externo no caiga, sino que conecte de forma fluida con la línea de las sombras.

Así se evita el efecto de "mirada triste" y se potencia la armonía de todo el rostro.

Finalmente, el cuidado del detalle llega a los labios, una zona propensa a mostrar pequeñas arrugas y pérdida de definición. Un gran truco que marca la diferencia a la hora de trabajar es pedirle a la persona que esconda ligeramente los labios hacia dentro.

Este pequeño gesto genera una tensión natural en la piel que facilita el trazo del perfilador, logrando líneas mucho más limpias y simétricas sin necesidad de recurrir a delineados oscuros o rígidos que solo endurecerían la expresión.