Camilo Benito haciendo piruetas en el avión.
Camilo Benito, piloto acrobático: "Es una sensación tan increíble como surrealista que despertó algo en mí"
Es ingeniero informático e instalaba simuladores de vuelo hasta que decidió probar a pilotarlos de verdad.
"Hubo una época en la que sentía inseguridad al subir a un avión comercial de pasajeros cuando tenía que volar por necesidad. Y ahora, pongo el avión en posiciones anormales y acrobáticas como algo habitual", apunta.
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Camilo Benito es ingeniero informático, se ha criado en Marbella y su vida se centraba en los ordenadores y el software que los hace funcionar.
Sin embargo, todo dio un giro cuando una empresa de formación aeronáutica donde él instalaba los simuladores de vuelo y donde forman a pilotos de avión, le ofreció la posibilidad de subir a un avión real para dar un paseo, sin pensar que ese paseo cambiaría su vida y su forma de entender la aviación.
¿Cómo fue ese momento en el que, de repente, quiere ser piloto acrobático de avión?
Yo instalaba los simuladores de vuelo de esa escuela y un día me dijeron si quería dar una vuelta en un avión real, una Cesna concretamente. Ya volaba en simuladores como los que instalaba, pero les dije que no lo había hecho en la vida real, a lo que sonrieron, diciéndome que se parecía bastante.
Así fue como piloté un avión por primera vez, solo un año después de instalar los simuladores. A partir de ahí comprendí que convertirse en piloto era una posibilidad real para una persona normal y corriente.
Un poco después se saca el título de piloto privado, el primer paso para pilotar, pero empieza a probar la acrobacia aérea. Ahora es instructor de vuelo acrobático y participante en el campeonato del mundo de acrobacia representando a España.
Así es. Fue realmente un camino de descubrimiento. Me saqué la licencia de piloto privado y entonces pensé en qué más se podía hacer al volar, aparte de darte un paseo de vez en cuando.
Un día decidí probar cosas distintas, como el vuelo sin motor, el vuelo de montaña y, después, el vuelo acrobático. Fue ese día, en el que me pusieron el avión invertido cuando entendí que era eso lo que quería hacer.
Camilo Benito y su Extra 300SC
Es decir, hizo lo que la mayoría de los pilotos no quieren hacer nunca y que para usted fue el impulso que te faltaba.
Sí, esa sensación tan increíble, como surrealista, fue lo que despertó algo en mí. De hecho, echando la vista atrás me doy cuenta de que antes de sacarme la licencia de piloto hubo una época en la que sentía inseguridad al subir a un avión comercial de pasajeros cuando tenía que volar por necesidad. Y ahora, pongo el avión en posiciones anormales y acrobáticas como algo habitual.
Esas posiciones anormales en las que se basa el vuelo acrobático no es solo una teoría física, sino que hay que entrenarlas en vuelo real.
Sí, hay que entrenarlas mucho, pero entendiendo qué está pasando en todo momento. No es solamente la teoría de un libro sino saber qué hace el avión y por qué lo hace.
De hecho, se ha implantado para los pilotos comerciales de pasajeros un curso obligatorio de recuperación de maniobras inusuales que ayudan a que entiendan mejor la física de esas maniobras de vuelo, y esos cursos los doy aprovechando las capacidades de un avión acrobático para hacer esas maniobras de forma segura. Así se pueden recrear emergencias de verdad, de forma sostenida y sabiendo cómo salir de ellas.
Entrar en barrena mientras se vuela es una de las situaciones que se recrean en esos vuelos, porque no todos los pilotos saben cómo salir de ella.
Sí, porque los pilotos sabemos muy bien la teoría, pero si estás en un avión de verdad con el morro mirando al suelo, mientras das vueltas a toda velocidad, lo primero que ocurre es que te bloqueas, después piensas qué hacer mientras los segundos pasan, el tiempo se acaba y la altura decrece rápidamente. Por consiguiente, no es solo saber hacerlo bien, sino de manera instintiva.
El tipo de vuelo que realiza necesita de un avión específico y un entrenamiento físico muy exigente, además de ejercicios de compresión respiratoria para no perder el conocimiento en vuelo mientras soporta fuerzas G extremas...
Sí, es un entrenamiento específico para soportar las fuerzas G. Cuando empezamos, a volar acrobacias soportamos entre 3 y 4 G, es decir, hasta tres y cuatro veces el peso de nuestro cuerpo. Esto origina que la sangre, que es un fluido, pueda dejar de regar el cerebro en una de esas maniobras mantenidas.
Y si ocurre, se te nubla la vista o, incluso, puedes llegar a perder el conocimiento. Para evitarlo, apretamos la zona abdominal para que la sangre no se vaya hacia las piernas. Al principio no sale de forma natural, te tienes que obligar a apretar cuando vas a hacer una maniobra de muchos G.
Cuando lo has hecho muchas veces es cuando sale de manera automática y de esos 4 G iniciales podemos llegar a picos de hasta 9 G. El Extra 300SC con el que compito es el F1 del aire y puede alcanzar 400 kn/h. Tiene un motor de 315 cv para un peso en vacío de 650 kg, con el que puedo rotar hasta 400 grados por segundo, es decir, más de una vuelta completa sobre mi eje en ese corto tiempo.
Vuelo invertido con el Extra 300SC.jpg
A finales de agosto se celebra en el estado de Nueva York el campeonato del mundo de vuelo acrobático. Ser piloto acrobático no es barato por el tipo de avión que usa y por las horas que necesita estar en el aire para entrenar las maniobras. ¿Cómo solventa todos los gastos que llevan aparejados esta actividad?
Incluso en la acrobacia inicial, los gastos son muy grandes porque al final es un deporte a motor donde existe una máquina cara de adquirir y de usar. Y, además, todo se encarece gradualmente a medida que subes de nivel por lo que tienes que aprovechar el tiempo de vuelo de manera óptima.
Cuando estás en el nivel en el que estoy ahora es como competir en la F1 del aire, por lo que hay gastos de adquisición y transporte del avión, el técnico que lo mantiene, combustible, averías, alojamiento o preparador físico.
Si eres cuidadoso con tu imagen y contactas con empresas, a veces consigo colaboraciones en forma de patrocinios que me ayudan a compensar los gastos, aunque casi nunca de forma total. Es un deporte espectacular, con una visibilidad tremenda, porque en una exhibición aérea como la de Torre del Mar se pueden reunir 200.000 personas y eso le interesa a una empresa que quiera invertir en un avión acrobático como el mío.