María Pérez, cada año, viaja junto a sus tres amigas desde Elda (Alicante) hasta Madrid por Navidad. Es una tradición que tienen desde hace años: visitar la capital un par de días para ver las luces de la ciudad, tomar chocolate con churros para enfrentar el frío y, cómo no, comprar algún décimo de la Lotería de Navidad en la administración de Doña Manolita, que este año ha batido un récord al repartir seis premios. Bajo una lluvia de champán, María gritaba, este 22 de diciembre: "¡Me ha tocado, me ha tocado!". "Voy comprar unas bragas a mis amigas y a invitarles a una mariscada", bromeaba. Estaba incrédula por que su número, el 10.989, había sido galardonado con el segundo premio de Lotería. Ella y los demás afortunados con esta cifra recibirán 125.000 euros por cada décimo premiado en el sorteo navideño, que quedarán en 104.000 euros después de pagar los correspondientes 21.000 euros a Hacienda. 

Noticias relacionadas

María, sin embargo, ha tenido suerte por partida doble. La vecina de Elda, hasta minutos antes del cierre de la administración -situada en el número 22 de la Calle del Carmen- este sábado, no pudo comprar su décimo. “Vinimos a comprar y la policía nos dijo que no podíamos pasar para comprar la Lotería”, cuenta María a EL ESPAÑOL. El motivo: los bomberos del Ayuntamiento de Madrid y la Policía Municipal habían cortado la calle porque una cornisa que adorna el edificio de Doña Manolita estaba a punto de caerse a causa del temporal de viento. Por ello, la administración tuvo que cerrar durante casi cinco horas, mientras se solucionaba el posible derrumbe.

Pero María fue de las fieles que no se rindió al ver que pasaban las horas y la administración de lotería seguía cerrada. Sus tres amigas y ella volvían cada poco tiempo, perseverantes y esperanzadas, para comprar su décimo en cuanto reabriese el local. ¡Y voilá! Esto ha servido para que este domingo, la alicantina haya alzado la vista al cielo, señalándolo, para gritar: “¡Gracias doña Manuelita, gracias doña Manuelita!”. Homenajeaba así la figura de la histórica lotera, ya fallecida.

Ahora, María, con tono jocoso, dice a este medio que le va a comprar “unas bragas” a cada una de sus tres amigas y va a invitarles a una “mariscada”. “¡Qué regalo más cutre!”, le respondía su amiga, también bromeando. El grupo de cuatro amigas estaba feliz, disfrutando, tomándose el pelo, divirtiéndose, pero cansadas. Por ello, ha vuelto al hotel donde se hospedan estos días para contemplar el décimo de María, que está “muy bien guardado” en su habitación. Bromas aparte, María ha revelado que va a emplear su dinero en pagar todas las deudas que tiene y también repartirá dinero a sus hijos.

Celebración en Doña Manolita

La administración de Doña Manolita era una fiesta en la que participaban las loteras, los curiosos que por allí pasaban, las personas que ya querían su décimo para el sorteo del Niño y los medios. Llovía confeti cada pocos minutos porque este local anunciaba que había caído otro premio vendido en la administración. Y otro. Y otro. En este sentido, Doña Manolita ha vendido diez décimos del segundo Gordo más madrugador de la historia -el 26.590-, veinte décimos del segundo premio -el 10.989-, entre los que se encuentra María, la única de los galardonados que ha hecho acto de presencia en el local. También los loteros han vendido once décimos del tercero -el 00750- y boletos de un cuarto -41.710- y dos de los quintos -el 66.212 y el 81.610-.

Celebración en la administración de lotería Doña Manolita, que ha vendido seis premios.

“Esperábamos dar el Gordo porque hemos pasado un año catastrófico”, comenta a los medios Sonia Domínguez, trabajadora de Doña Manolita, que dice que la de la cornisa no ha sido la única caída, ya que la encargada de esta administración, Concha Coronas, también cayó hace unos días por las escaleras y tiene una pierna escayolada. Aún así la gerente ha contado que sus trabajadores le han dicho que la “muleta -adornada con espumillón dorado- ha dado suerte” y que el año que viene la tirarían  “por una escalera” para llamar a la fortuna. Las bromas y las risas eran el termómetro de un día histórico para la administración.