Cuentan que en la última reunión del Consejo de Gobierno del Banco de España se habló del clima. Mañana, miércoles, el organismo rebajará sus previsiones económicas y en los últimos días, sus economistas han estado revisando los distintos escenarios sobre los que se deben elaborar los números del crecimiento -o decrecimiento- del PIB.

A lo largo de la historia, los economistas se han equivocado muchas veces en sus proyecciones. Sin embargo, desde que la Covid-19 confinó a los europeos, las previsiones económicas han sufrido una notable pérdida de credibilidad. De ahí, que ahora la moda sea hablar más de los 'escenarios' y menos del 'número' que da la proyección.

Poco importa establecer que el PIB vaya a crecer un 1,5% o un 2% en 2023, previa recesión técnica. La incertidumbre con la que se trabaja en todos los frentes hace que sea muy probable que el dato que se publique esta semana se revise en el futuro. Y esto no solo afecta al Banco de España, sino que lo estamos viendo con los datos de la OCDE, el FMI, el Banco Central Europeo o los organismos privados. Y también con el Gobierno que ayer volvió a corregir sus previsiones para este año y el que viene.

La presidenta del BCE, Christine Lagarde.

Quizás por ello, en el último Consejo de Gobierno encabezado en España por Pablo Hernández de Cos se habló de cuáles son los potenciales escenarios a los que nos enfrentamos los europeos en este invierno bélico.

En esta crisis todo importa. Lo primero, claro está, es el avance de la invasión de Ucrania. Pero tomando como 'escenario central' que estamos inmersos en lo que Josep Borrell describe como una 'guerra de desgaste' -un conflicto largo-, nuestra vulnerabilidad se mide por factores tan aleatorios como la climatología.

En Europa, tenemos gas para este invierno gracias a las reservas que se han acumulado este verano. Sin embargo, si el invierno es muy frío en el norte de Europa, la situación puede ponerse muy fea.

En el Banco de España, al igual que en el BCE se maneja este dato: uno de cada seis inviernos son más fríos de lo habitual en Alemania. Así que lo normal es que las reservas aguanten hasta primavera, pero hay un sexto de posibilidades de que sea necesario hacer un 'esfuerzo adicional' de ahorro para llegar a primavera.

Un escenario tremendo en el que los políticos prefieren no pensar. Según Statista, el invierno más gélido desde 1881 fue en 1962, con -5,5 ºC. Un dato que probablemente generaría escalofríos en Philip Lane (economista jefe del BCE) cuando elaboró sus previsiones de crecimiento para la zona euro este invierno y reconoció que es posible que se padezca una recesión.

Las previsiones económicas son claves para la política monetaria que tiene que diseñar Christine Lagarde. Sin embargo, tras la cadena de errores cometidos en la política energética de la Unión Europea, desde Ursula von der Leyen hasta el último presidente de los Veintisiete, incluido Pedro Sánchez, deberían ser claros con los ciudadanos para explicar cuál es la impopular situación en la que estamos inmersos. 

Más allá del recién aprobado paquete de ahorro energético, son cada vez más los expertos que no comprenden cómo no se está pidiendo ya a la población -de manera seria- que ahorre en luz... y en agua. Porque la sequía es otra de las amenazas presentes en los riesgos de deterioro de los 'escenarios' que se manejan en este momento para el futuro a corto plazo de Europa.

[La UE aprueba recortar un 5% el consumo de luz y gravar los beneficios de las energéticas para rebajar la factura]

Como explicó en Bilbao la semana pasada el presidente de Repsol, Antonio Brufau, en el XXI Congreso de directivos de CEDE la política energética tiene tres ejes: la seguridad de suministro, el coste de la energía para hogares y empresas y la sostenibilidad.

Pablo Hernández de Cos, Ursula von der Leyen, Pedro Sánchez y Josep Borrell. EL ESPAÑOL INVERTIA

Pero hasta que Putin decidió invadir Ucrania, Europa solo se había centrado en esto último.

Hay cinco de seis posibilidades de que las reservas de gas lleguen hasta la primavera. El problema vendría entonces el próximo invierno. Después de las grandes fugas sufridas en los gigantescos gasoductos de Nord Stream 1 y 2, nadie puede decir que Rusia no lo avisó.

Así que Bruselas cuenta con 12 meses para preparar un plan serio que garantice el suministro de energía a un coste razonable a los europeos en 2024. Y esta vez, no puede fallar porque lo de menos, serán las rebajas de previsiones macro.

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