No es momento ni de bajar ni de subir impuestos. En tiempos de tanta aflicción económica, mejor no hacer mudanza fiscal.

Todos están contraprogramando a los bancos centrales: "no os preocupéis, ciudadanos, que el poder adquisitivo que os quite el Banco Central Europeo (BCE) o la subida de precio de la energía os lo bonifico y amortiguo yo…"

La prueba de que los gobiernos saben que lo que están haciendo es equivocado es que piden que se ahorre voluntariamente en el consumo de energía. Saben que la reducción de la demanda es la solución, pero ellos la bonifican, con lo que la demanda no desciende.

No hay que bajar los impuestos, excepto para los productos básicos de alimentación (ahí hay que dejarlos en cero), porque todo lo que sean bonificaciones y rebajas obstaculizará conseguir el objetivo principal de este momento, que es yugular la inflación.

Y no hay que subirlos porque en momentos de desaceleración económica, por no decir de recesión, lo último que se necesita es hacer de España un lugar menos atractivo para residir y para invertir.

La prueba de que los gobiernos saben que lo que están haciendo es equivocado es que piden que se ahorre voluntariamente en el consumo de energía.

"¡Inmovilismo fiscal!" debería ser el lema con el que la oposición y el gobierno se acusaran mutuamente, y no el de "despilfarro fiscal" con el que ambos, con razón por ambas partes, se pueden atacar en este momento, si es que se atreven.

Si para algo sirven las recesiones económicas es para intentar, dentro de lo malo, "salir más fuertes", dicho sea con esa frase propagandística tan vacua como alejada de la realidad, a la vez que mortificante para quienes perdieron algún amigo o familiar durante la pandemia.

Una frase tan querida por el gobierno de Pedro Sánchez, que la aplica lo mismo a los efectos letales de la Covid-19 (en la que decenas de miles "han salido más fuertes" camino del camposanto y otros muchos "han salido fortísimos" con secuelas que se perpetúan sin que los afectados les vean un final) que a una actividad económica demediada hasta el extremo de que la productividad del trabajo en España está ahora en los niveles de 2009. ¡Un salto atrás de 14 años en la productividad del trabajo es la mejor medida de lo "fuertes" que hemos salido!

¿Quiere esto decir que hay que ser cruel y despiadado con quienes peor lo están pasando o lo van a pasar? ¡No! En absoluto. El Estado tiene mecanismos para hacer política económica contra cíclica y uno de esos mecanismos lleva el nombre de "estabilizadores automáticos", algo que está bien testado por la experiencia pasada y que funciona, como su nombre indica, de manera "automática".

El estabilizador automático más conocido y utilizado por todo el mundo son las prestaciones por desempleo. Esa es la manera de no solo remediar las tribulaciones de quienes se han quedado sin puesto de trabajo, sino de evitar que la actividad económica entre en un tobogán bajista que resulte especialmente dañino y haga mucho más complicada la recuperación.

Además, en España ya se ha incorporado al lenguaje cotidiano la figura de los ERTEs y el gobierno va a poder comprobar muy pronto si es capaz de poner en marcha un programa tan ambicioso como el de los ERTEs de la pandemia, ya que esta vez no contará con el apoyo extra del Banco Central Europeo comprando cuanta deuda pública quiera emitir para financiar ese programa.

 ¡Un salto atrás de 14 años en la productividad del trabajo es la mejor medida de lo "fuertes" que hemos salido!

Lo cierto es que sí debería ser capaz de hacerlo, dado que el exceso de recaudación fiscal de que está gozando por causa de la inflación le ha permitido, solo entre enero y agosto, acumular un colchón de 27.000 millones de euros que, sabiamente administrados, podrían permitirle abandonar ese zoco en el que se ha ido metiendo poco a poco y en el que cada día tiene que ofertar algo con lo que desarbolar a la oposición o hacerse trampas a sí mismo con bonificaciones y rebajas que maquillan el IPC, pero que contribuyen a retroalimentar el proceso que impedirá que ese mismo IPC baje más rápidamente.

Ese colchón de 27.000 millones de euros debería servirle, simultánea o alternativamente, también, para reducir deuda pública (o emitir este año menos deuda de la prevista) o para mantenerlo como "Fondo de Reserva" en previsión de que "vengan mucho peor dadas" de lo que se puede esperar ahora razonablemente. Una reducción de la deuda pública prevista para finales de año enviaría a mercados e inversores la señal de lo fiable que será España como lugar de destino una vez pasada la crisis.

Es verdad que los pecados del gobierno español son los que en mayor o menor medida están cometiendo todos los gobiernos. No es sorprendente: los cometieron también en los años 1970s y de ahí que se sucedieran entonces tantos años de estancamiento económico.

Al menos, los gobiernos actuales tienen frente a los de entonces la ventaja de que la espiral "incremento de precios-incremento de salarios- incremento de precios" no es probable que se ponga en marcha: la fuerza de los sindicatos en este momento no es ni la sombra de la que tenían en aquella década. De ahí que no debieran caer en su propia trampa electoralista que lleva a esa otra espiral que es el "incremento de precios-incremento de las bonificaciones y rebajas-incremento de precios…".

En estos días se ha acusado a la nueva premier británica de haber presentado un presupuesto disparatado con rebajas de impuestos y aumento de gasto, lo que ha llevado a ventas masivas de deuda pública de Reino Unido, encarecimiento de sus emisiones futuras y hundimiento por unos días de la cotización de la libra.

¡Pobre Liz Truss! Hay que reconocer que su gobierno ya está más para presentar la dimisión que para otra cosa, y que debería destituir a su ministro de hacienda o Canciller del Exchequer, antes de que la arrastre a ella en la caída.

Los pecados del gobierno español son los que en mayor o menor medida están cometiendo todos los gobiernos.

Pero, mirando un poco a nuestro alrededor, se ve que todos están aplicando variantes de lo anunciado por la primer ministro de Inglaterra. Así, Alemania está embarcada en un programa de gasto de 200.000 millones de euros para amortiguar el choque energético que deja pequeño al de Reino Unido, de modo que, hecho el cálculo de cuánto está gastando cada país en rebajas y bonificaciones, y dejando de lado el exceso germánico, la liga del despilfarro que retroalimentará la inflación la encabeza el Reino Unido con el equivalente a un 6,6% de su PIB. España va en sexta posición, con casi el 3% (según el Instituto Bruegel).

Todo esto sucede en una semana en la que los mercados han estado a punto de vivir su tercer, y evitado, "momento Lehman Brothers" (se llama así ahora a la alarma de catástrofe financiera) del año 2022, en el que la amenaza de quiebra de los fondos de pensiones privados británicos se ha estado tocando con los dedos, y mientras, durante el fin de semana, planeaba el riesgo de un cuarto "momento Lehman". De hecho, los índices de Bolsa de EEUU siguen comportándose igual que lo hicieron en los días previos y posteriores a la quiebra de Lehman Brothers, acumulando fuertes bajadas.

Unas bajadas de Bolsa que, según lo comentado aquí ya muchas veces, previsiblemente continuarán hasta el mes de marzo o abril, lo que, de revelarse cierto, anunciará la recuperación de las economías para el próximo verano. También, con suerte, llegará para entonces el final de la guerra.

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