El viernes pasado, las bolsas vivieron un mal día y la atención mayoritaria se centró en ellas, pero lo más llamativo e interesante fue, con diferencia, lo que sucedió en los mercados de cambio: la cotización del euro contra el dólar bajó a 0,96 (por un euro ya no te dan ni un dólar); el Banco de Japón intervenía en ellos para defender la cotización del yen, y la libra esterlina vivía una de sus jornadas más negras. Por no hablar de las monedas de los países emergentes…

Es raro que una gran crisis económica y financiera se salde sin haber pasado por algún momento de gran inestabilidad en los mercados de cambio de divisas. La última vez que vivimos algo así fue en 2010, con la desestabilización del euro y la abundancia de profecías que anunciaban su desaparición. Antes, en 1997, había sucedido lo mismo con las divisas de los países emergentes, y en 1992 con la expulsión de la libra y la lira del Sistema Monetario Europeo, además de con la devaluación del franco y de la peseta.

Es lo que faltaba para tener todos los mercados desestabilizados. Leyendo la prensa y escuchando a políticos y sindicalistas se nota que ya se ha iniciado la búsqueda de culpables…

Decía el contraespía Peter Wright (1916-1995) que "no debería permitirse que llegue a primer ministro nadie que haya viajado 12 veces a Moscú". Era una pulla contra el que fue dos veces primer ministro Harold Wilson, quien, cuando en 1967 no tuvo más remedio que devaluar la libra esterlina, acusó del hecho a “los gnomos de Zúrich”. ¿Habría acusado Harold Wilson de nuevo a esos gnomos de la precipitada depreciación de la libra esterlina del viernes pasado? No hay nada como encontrar un enemigo exterior.

Estamos en una “bonita” situación en la que todo lo que nos rodea recuerda a aquellos días. ¿Qué habría dicho Peter Wright de los incontables viajes que habrá hecho a Moscú Gerhard Schröder para participar en consejos de administración de Rosneft y, después, Gazprom, empresas que tienen cogido por el cuello a la nación, Alemania, de la que él fue primer ministro? Claro que sus viajes han sido posteriores a ser elegido…

Igualmente, estamos en uno de esos momentos en que “los gnomos de Zúrich” están siendo acusados de todos los males que no se le pueden atribuir a Putin (no siendo pocos los que éste ha causado, sobre todo a los ucranianos, que es sobre quienes caen las bombas…). La diferencia respecto a 1964 y 1967 en que Harold Wilson bramaba contra ellos es que, si entonces eran gnomos especializados en el mercado de divisas, ahora, además, son gnomos que hacen “trading” de (que comercian con) materias primas. Intermediarios, hablando en plata, en ambos casos. Y esos nuevos gnomos tienen nombres poco conocidos -normal, es muy poco frecuente conocer a un gnomo-, pero que sí se pueden identificar con empresas muchas veces radicadas en Suiza: Vitol, Trafigura, Glencore, Gunvar…

Todos ellos avisaron en marzo de que corrían el riesgo de quebrar por lo complicado que se había vuelto el mercado de las materias primas. Incluso pidieron líneas extraordinarias de liquidez para poder sobrevivir. ¡Pobrecitos! Se endeudaron más de la cuenta y pasaron miedo en marzo. De momento, parece que la mala suerte solo ha afectado a algunas compañías energéticas. Pero los gobiernos, faltos de recursos intelectuales contra ellos, recurren a la “demagogia gnómica”, sin caer en la cuenta de que el propio Banco Internacional de Pagos de Basilea (al que se suele llamar “el banco central de los bancos centrales”) les da ese arma intelectual y técnica: impedir que se endeuden tanto como para que su quiebra represente un problema público.

Por cierto, ese Banco Internacional de Pagos (“gnomo de Basilea”) salvó a la libra esterlina en 1964 con un préstamo al gobierno británico por valor de 3.000 millones de dólares.

Es raro que una gran crisis se salde sin haber pasado por algún momento de gran inestabilidad en los mercados de divisas...

En tiempos del presidente ecuatoriano Rafael Correa (lo fue de 2007 a 2017), tuvieron la feliz ocurrencia de querer deshacerse de los intermediarios suizos del mundo del petróleo, con los que decían sentirse insatisfechos. Ni cortos ni perezosos, se pusieron en contacto con “traders” de nacionalidad china, que pensaron que eran mucho más fiables que los gnomos suizos con los que habían estado trabajando. Dicho y hecho, cortaron la relación con las empresas suizas, que acumulaban la experiencia de muchos años y empezaron a operar con los nuevos socios comerciales.

Pasado muy poco tiempo, 'Reuters' descubrió (y lo contó en aquel momento) que los negociadores chinos no tenían ni los contactos, ni los conocimientos, ni la experiencia adecuada, y que habían terminado por vender el petróleo ecuatoriano a… ¡los mismos traders suizos que Rafael Correa había retirado de la circulación!

Es decir, el gobierno ecuatoriano añadió un intermediario más a la cadena de distribución de sus recursos petrolíferos.

No contentos con eso, el mismo gobierno de Rafael Correa decidió que mejor endeudarse con la banca china (Banco de Desarrollo de China y EximBank) que con los malvados banqueros occidentales. Han pasado unos años y Ecuador, una vez más, no puede hacer frente a la deuda exterior que tiene acumulada por lo que, tras las negociaciones correspondientes, la semana pasada el gobierno actual ha tenido que reestructurar o, mejor (como dicen en Hispanoamérica, con ese español tan pausado y mejorado), “recalendarizar” la deuda. Y ahí se ha visto la dureza de las condiciones que los bancos chinos les han impuesto: le han concedido a Ecuador nada menos que un período de gracia ¡de seis meses! para las amortizaciones (¡qué generosidad!) y una pequeña reducción del tipo de interés, además de la extensión del vencimiento de los créditos.

Tanto Ecuador como la banca china están abocados a vivir una situación que ya conocieron los bancos norteamericanos en los años 80, y tendrán que tomar el mismo tipo de decisiones: la condonación parcial o total de muchos de los préstamos incobrables. Algo que para la banca china es bastante nuevo y que solo podrá tener implicaciones financieras y políticas desagradables, como las tuvo para la banca norteamericana y para los propios EEUU a partir de 1982.

La conclusión es muy evidente: no hay intermediarios mejores que otros ni banca bondadosa y banca que no lo es. Solo hay agentes financieros ofreciendo aparentes mejores condiciones para captar clientes nuevos.

La mala prensa de los intermediarios es un Guadiana que emerge del subsuelo cada vez que las cosas van mal y hay que buscar una cabeza de turco. Quienes se afanan en buscar ese “buco emisario” suelen ser políticos, sindicalistas y hasta periodistas, sin caer en la cuenta de que ellos mismos son un intermediario más: entre la soberanía nacional y la aprobación de las leyes; entre los trabajadores y la empresa; entre el mundo y el lector… 

Probablemente habrá quien se sienta más tranquilo buscando una cabeza de turco y aferrándose a la ilusión del "banco bueno” o “el intermediario misericordioso que reduce sus márgenes”. Pero la realidad se termina imponiendo.   

Hay que tener mucho cuidado con lo que se desea. Y los gobiernos, con tal de librarse de un apuro, son capaces de desear cualquier cosa. Es humano. Tremendamente humano. Pero hay que intentar evitarlo. 

Entre tanto, las cosas siguen el rumbo que veníamos pronosticando desde el mes de febrero (como bolsas a la baja y euro que se deprecia frente al dólar) o desde la primavera (materias primas, incluido el petróleo y las agrícolas, que ya van de caída de precio). Solo el litio, tan deseado como talismán contra la “emergencia climática”; el carbón, tan aborrecido por esa misma emergencia, y el gas natural llevan un rumbo más complicado y un precio que se resiste a caer. El carbón está tan solicitado ahora que su precio sube en los 12 últimos meses un 87%, por solo un 20% que sube el precio del petróleo Brent.

Las placas tectónicas de la economía y las finanzas están reajustándose. Será difícil que terminen el proceso antes de la primavera próxima. Hasta entonces… temblores por doquier.

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