Este artículo abre una época: a partir de ahora, publicaré los jueves en lugar de los martes. Es un detalle, pero es importante, porque detrás de cada pequeño gesto se esconde un yacimiento, a veces de oro y a veces no. Como traté de explicar en mi último libro Votasteis gestos, tenéis gestos (Deusto, 2021), tras los gestos políticos, a menudo se esconde una malévola intención de desmantelar el Estado de derecho, base de la democracia liberal. La alternativa a esta democracia es la democracia tiránica y la miseria económica. De ahí que sea tan importante votar hechos y no gestos. O no votar.

En estos primeros días de verano, que acaba de irrumpir en España bajando las temperaturas tras una ola de calor insoportable, la actualidad económica resulta aún más irrespirable que el aire de muchas ciudades españolas la semana pasada.

Por fortuna, a veces la vida nos da una pequeña recompensa. Por ejemplo, las conversaciones con Roberto Salinas, director de Centro para América Latina de Atlas Network, ayer, en La Retaguardia de Eurico Campano, y esta mañana, desayunando.

Entre otras cosas, hemos hablado de la ortodoxia, las universidades, el futuro del pensamiento liberal y la deriva de muchos países latinoamericanos hacia esa democracia tiránica que ha eliminado, paso a paso, el Estado de derecho y está implantando una miseria económica desastrosa en países como Chile o Colombia.

¿Qué explica que, con varios Premios Nobel en su haber, reconocidos escritores económicos, políticos y filósofos, el pensamiento liberal provoque tanto rechazo en las actuales universidades?

Roberto Salinas me ha hablado de John Tomasi, antiguo profesor de pensamiento político en las universidades de Stanford, primero, y de Brown, después. Yo le conocí en uno de mis veranos en Chile, gracias a nuestro amigo común Axel Kaiser y a la hospitalidad de Alejandro Cajas. Es un tipo encantador. Pero, además, es un gran profesor.

Por eso me sorprendió tanto la noticia de que había abandonado su puesto en la Universidad de Brown, donde llevaba 27 años, donde disfrutaba de una posición acomodada y una consideración profesional fuera de duda. La universidad en la que creó el Political Theory Project.

¿Qué podía haberle sacado de su entorno perfecto? La respuesta es clara: el compromiso. John Tomasi es el actual presidente de la Heterodox Academy.

La Heterodox Academy fue fundada en el año 2015 por el psicólogo estadounidense Jonathan Haidt, seriamente preocupado por el rumbo de las universidades de su país.

El título de su libro escrito con Greg Lukianoff, que en español se ha llamado La transformación de la mente moderna: cómo las buenas intenciones y las malas ideas están condenando a una generación al fracaso (Deusto, 2019) lo dice todo.

Los autores se dan cuenta de que en muchas universidades estadounidenses y de otros países, el debate es cada vez es más imposible y, no ya los profesores, sino los propios alumnos, han impuesto una ortodoxia castradora, que elimina la curiosidad, la búsqueda de soluciones, la imaginación, y embrida el pensamiento con todo tipo de sujeciones, a veces incluso aparentemente científicas y otras ideológicas. Yo me siento cada vez más así en las universidades españolas, y no hablo de mi "casa", hablo de lo que llamamos "la academia", los expertos, la ortodoxia.

Cuando se hizo cargo de la presidencia de la Heterodox Academy, John Tomasi explicó que su misión era "mejorar la calidad de la investigación y la educación en las universidades, fomentando la investigación abierta, la diversidad de puntos de vista y el desacuerdo constructivo".

Y muchos de ustedes, especialmente quienes tengan hijos e hijas estudiando en la universidad, pensarán: "¿Y no es eso lo que ya se hace en nuestras universidades?". No.

La triste realidad es que el contenido de los programas son mucho más cerrados de lo que parece, la jerarquía intelectual es, a menudo, asfixiante y muchos alumnos con “"ganas de más" buscan en Google, Youtube y por cualquier otro medio, ideas más convincentes, más atractivas, menos tuneadas, menos "perfectas". Porque, hablo por economía, lo que enseñamos son mecanismos más o menos ajustados y medidas necesarias para solucionar los desajustes. Punto.

La jerarquía intelectual es, a menudo, asfixiante y muchos alumnos con 'ganas de más' buscan en Google

¿Pero, es que la economía es algo más? Efectivamente, mucho más. Estudia la acción humana en el entorno económico: en el mercado y en las demás instituciones relacionadas, bancos, empresas, etc. Y eso implica asumir el dinamismo, la imprevisibilidad de las acciones humanas y la hipercomplejidad de la economía y de nuestra sociedad. Eso que la hace tan maravillosa, frágil, anti-frágil en el sentido de Taleb, resiliente, todo a la vez.

Cuando se trata de solucionar problemas complejos, no cabe la censura, la limitación del pensamiento crítico, la actitud castradora, miserable y aislacionista hacia quien defiende soluciones que te fastidian el chiringuito, o el aplauso de las autoridades. Esa actitud típica de quienes quieren perpetuar un status quo que no nos ha sacado de ninguna crisis y que se ha limitado a predecir a posteriori.

No quiero dejar pasar esta ocasión para recomendar fervientemente los dos libros de John Tomasi. El primero es Free Market Fairness, publicado en 2012, cuya traducción aproximada es "equidad de libre mercado".

En el segundo, Liberalism Beyond Justice: Citizens, Society and the Boundaries of Political Theory (2021), se plantea una teoría política liberal más allá de la justicia.

Para Tomasi, el liberalismo político implica algo más que la explicación de la coerción estatal justificada o no y la descripción de las normas de la deliberación democrática.

El liberalismo político para Tomasi, también implica un relato distintivo de la vida social no pública, en el que las vidas humanas exitosas deben construirse a través de la interfaz de los valores personales y públicos. Lo que Javier Gomá llamaría "ejemplaridad".

Para estar a la altura de sus propios compromisos más profundos con la tolerancia y el respeto mutuo, los liberales deben repensar qué es la justicia social, la educación cívica y la propia ciudadanía. El objetivo es una sociedad liberal que funcione bien. Por si las dudas, las ideas de Tomasi son aplaudidas por grandes liberales de todo el mundo. Yo brindo desde aquí por la heterodoxia y la libertad.

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