En su reciente visita a España, Scholz ha echado un jarro de agua fría sobre las expectativas gubernamentales de encontrar en el líder del SPD un respaldo a la continuidad de su indisciplina fiscal y presupuestaria. Lejos de eso, el dirigente germano ha planteado la necesidad de volver a las reglas del Pacto de Estabilidad como la contrapartida necesaria a los fondos Next Generation aprobados por la Unión Europea (UE). A ello se unen las declaraciones del ministro germano de Finanzas, el liberal Lindner, y del nuevo presidente del Bundesbank, Nagel, "aconsejando" al BCE no ser complaciente ante la carrera alcista de la inflación.

La sorpresa del Gobierno español ante la posición del canciller sí resulta en verdad sorprendente. El SPD está en las antípodas de la filosofía y de la política económica del PSOE y de sus socios. En su mandato, a través de la denominada Agenda 2010, el socialdemócrata Schröder introdujo profundas reformas destinadas a dar flexibilidad al mercado laboral e introdujo recortes en el gasto estructural, incluido el social. En el terreno macro, durante los años de la Grösse Koalition, la socialdemocracia alemana ha respaldo sin fisuras una estrategia ortodoxa de austeridad en la gestión de las finanzas públicas, desplegada en el último gabinete CDU-SPD por el propio Scholz.

Esa postura se ha reforzado con la presencia de los liberales del FDP en el Ejecutivo germano, lo que acentúa la naturaleza anti-keynesiana de la estrategia macroeconómica alemana. Como es natural y era previsible, esa visión se extiende al marco fiscal y monetario europeo y es compartida por los denominados países frugales.

Desde esta óptica, aunque resulte paradójico, la presión de Alemania para volver al rigor será mayor con la actual coalición que con la presidida por la señora Merkel. De hecho, esta parece ser ya la tendencia y es improbable que se revierta. Ni siquiera Los Verdes, ocupados en otras inquietantes tareas, plantean oposición alguna a ese enfoque.

La 'sorpresa' del Gobierno español ante la posición del canciller resulta en verdad sorprendente

En este contexto, las señales a España son evidentes: Alemania no va a apoyar una nueva prórroga para la entrada en vigor del Pacto de Estabilidad ni va a secundar la introducción de modificaciones destinadas a hacerlo más laxo. Si esto no ha quedado claro para la coalición social-podemita, cometerían un enorme error de cálculo. La cuenta atrás para empezar a poner en orden las cuentas públicas ha comenzado y no van a tener comprensión alguna para mantener o profundizar en su irresponsable política presupuestaria. Algunos serán escépticos ante esta afirmación, pero su veracidad se verá cada vez con mayor claridad a lo largo de este año.

La actitud de Alemania y de los frugales, al margen de consideraciones de otro tipo, obedece a una lógica implacable descrita en cualquier manual de macroeconomía. Una Unión Monetaria no puede subsistir con diferenciales permanentes de déficit-deuda en porcentaje del PIB tan grandes como los existentes en la Eurozona.

La evidencia muestra, ya se observa con evidente claridad, que el acelerado aumento del endeudamiento estatal unido a la ausencia de planes de consolidación para reducirlo termina por provocar el sometimiento de la política monetaria a la fiscal (monetización de la deuda) con el pretexto de evitar el colapso de las finanzas públicas de los países más endeudados de la Eurozona, el aplazamiento sine die del retorno a la racionalidad fiscal y, al final, en la generación de tensiones inflacionistas, agudizadas aquí y ahora, por shocks de oferta.

Este sencillo ejercicio teórico, expuesto de forma estilizada, ilustra la insostenibilidad e inconsistencia de la política presupuestaria desplegada por algunos países de la Unión Monetaria y, claramente, por España. Esto es precisamente lo que Alemania quiso evitar cuando exigió un Pacto de Estabilidad que formase parte de la arquitectura institucional del euro.

El centro-norte de la UE ha mostrado una enorme generosidad con los problemas del sur, con el hipotético impacto asimétrico de la crisis sobre los estados ubicados en esa área geográfica. Pero una situación excepcional no puede convertirse en permanente, que es exactamente lo que pretende el Gobierno social-comunista, al menos, hasta pasadas las próximas elecciones.

Al margen de lo dicho, un recordatorio: la teoría y la evidencia muestran que un escenario tendente a la estanflación no se supera, porque no es técnicamente posible, con políticas fiscales y monetarias expansivas. A algunos se les ha olvidado la experiencia de finales de los años 70 del siglo pasado o no aprendieron nada de ella. Y la lección es clara: políticas macro restrictivas y reformas estructurales destinadas a estimular la oferta productiva.

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