Wyoming es uno de los cincuenta estados que conforman los Estados Unidos de América. Con poco más de medio millón de habitantes es el menos poblado siendo el décimo más grande del país y uno de los códigos postales más ricos. Honestamente, no hay nada destacable en Wyoming si no fuera por las Montañas Rocosas. Tiene un clima muy agradable en verano con una genial combinación de frío y calor en un paraje espectacular, lo que explica por qué tanta gente se dirige al oeste durante el verano... incluso los banqueros centrales.

El Banco de la Reserva Federal de Kansas City organiza un simposio en Jackson Hole desde hace más de una década. Muy pocas notas de estrategia, desde luego ninguna en España, destacaban sus reuniones hasta 2007. Ese verano empezó a ocurrir algo que ubicó a Jackson y Wyoming en el panorama financiero mundial. Quien lo iba a decir.

Por aquel entonces, algo fallaba en la economía y los banqueros sabían que la cosa se iba a poner muy fea. De hecho, fue a la vuelta de vacaciones cuando empezamos a ver reajustes en el mercado con la Fed inyectando liquidez, comprando papel comercial e intensificando los repos.

Fue en ese momento cuando el nuevo presidente de la Fed, Ben Bernanke, pronunció su primer discurso destacado en Jackson Hole. Algo había diferente en sus palabras pues no habló de investigación ni de aburridos temas técnicos propios de una reunión de banqueros centrales. De sus palabras se vislumbraba que algo estaba pasando.

Esto volvió a suceder en 2008, cuando la reunión de Jackson Hole, que tiene lugar el último fin de semana de agosto, se llevó a cabo justo después de que Fannie Mae y Freddie Mac pasaran a la tutela de la Fed y justo antes de que colapsara Lehman Brothers. El resto ya es historia.

En 2010, la primera ronda de flexibilización cuantitativa estaba llegando a su fin, pero los precios de la vivienda seguían cayendo y la economía estaba muy lejos de recuperarse.

En lugar de permitir que los precios de los activos encontraran su equilibrio natural, Ben Bernanke, de nuevo en Jackson Hole, le dijo al mundo que lanzarían un segundo QE en el otoño, lo que hizo que los mercados de renta variable repuntaran marcando la pauta del mayor mercado alcista que jamás hemos visto y que todavía hoy perdura. Cuando la política monetaria no funcionaba, el banco central intervenía multiplicando la cantidad de dinero en la economía aplicando una perversa receta hasta entonces desconocida.

Este año, el presidente de la Fed, Jerome Powell, probablemente dará una guía sobre cómo los banqueros pretenden reducir su programa de compras de bonos (tapering) para evitar que el aumento de la inflación sea "oficialmente" un problema fuera de control.

Todo esto se reduce a una cosa, la manipulación del mercado. La Fed compra bonos por valor de 120.000 millones de dólares cada mes

Mientras esperamos sus palabras, vale la pena recordar que todo esto se reduce a una cosa, la manipulación del mercado. La Fed compra bonos por valor de 120.000 millones de dólares cada mes. Por tanto, la Reserva Federal no actúa como prestamista de último recurso al proporcionar liquidez para unos activos solventes en ausencia de compradores. Los bancos centrales están optando por perseguir las prioridades económicas sacrificando la determinación de precios de los bonos mediante un mecanismo basado en el mercado.

Están eligiendo mover los mercados como mejor les parezca para lograr un objetivo a expensas de los ahorradores. No se explica que la tasa de interés promedio en una cuenta de ahorros sea del 0,1% con una inflación en el 5,4%.

Eso es lo que se conoce como represión financiera Incluso si nos creyéramos eso de la "temporalidad" de los precios (uno de los términos más absurdos de la historia económica reciente), si la inflación se situara cerca del 3% durante el próximo año, dejaría a los ahorradores con una tasa de interés negativa del 2,9%. Una represión financiera que ha llevado a los bancos centrales de cabeza a un agujero.

Hubo un tiempo en el que la Fed sorprendía al mercado. Eso llevaba a que los agentes intentaran anticiparse a unas decisiones de política monetaria poco predecibles. Era un juego de equilibrio que daba estabilidad al mercado. En estos tenebrosos tiempos, todo ha cambiado.

Hoy es justo al contrario, ya que si lo hace los mercados corren el riesgo de desmoronarse. Veremos si el discurso de Powell en Jackson ayuda o no a que la Fed salga del agujero en el que se encuentra. Yo apuesto a que no.

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