El viaje del presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, a los EEUU es uno de los espectáculos más bochornosos protagonizados por la política exterior española en muchos años. Todavía peor es que muestra el evidente deterioro de las relaciones entre España y América cuando además gobierna en la patria de Washington una Administración para la que el Gabinete liderado por Pedro Sánchez no ha ahorrado elogios desde su llegada a la Casa Blanca. Recibieron con una incontrolable alegría la victoria de Joe Biden sobre Donald Trump. 

Si bien cabe especular sobre los motivos de la hostil o indiferente actitud norteamericana hacia quienes gobiernan Hispania, el hecho es claro. Hasta el momento, ninguna visita a EEUU de un jefe de Gobierno español había tenido cerradas las puertas de la cúpula política y gubernamental estadounidense. Todos tuvieron la ocasión de reunirse con quienes en aquellos momentos ostentaban la Presidencia. Suárez se entrevistó con Carter, Felipe con Reagan, Aznar con Clinton y Bush Jr., Zapatero con Obama y Rajoy con Trump.

La situación resulta aún más chocante si se tiene en cuenta la intensidad e importancia de los lazos económicos entre los EEUU y España. América es el principal socio comercial de la Piel de Toro fuera de la UE. Es el sexto destino de las exportaciones españolas de bienes, el cuarto de las de servicios y el quinto país del que proceden las importaciones realizadas por la economía nacional.

Ninguna visita a Estados Unidos de un jefe de Gobierno español había tenido cerradas las puertas de la cúpula gubernamental

Estados Unidos es también el principal inversor exterior en España en términos de stock (87.642 millones de euros) que equivalen el 16,3 por 100 del total. Hay más de 2.000 empresas norteamericanas instaladas en Hispania, que proporcionan unos 200.000 empleos directos. Aunque tiende a ignorarse, EEUU es el primer destino de la inversión exterior española y ocupa del décimo puesto mundial de los flujos inversores foráneos recibidos por ese país.

Esos datos de cooperación económica que reflejan la vitalidad de la relación bilateral hispano-norteamericana han de completarse con otros de naturaleza geoestratégica. España constituye el flanco Sur de la OTAN en unos momentos de enorme complejidad e incertidumbre en esa área geográfica y América tiene dos bases militares de extraordinaria importancia en el territorio español para el control del Estrecho y del Mediterráneo: la naval de Morón y la aérea de Rota. Por añadidura, estos dos enclaves mueven alrededor de setecientos millones de euros al año en la zona, lo que constituye una aportación relevante para su economía.

Desde esa óptica, la peregrinación norteamericana del secretario general del PSOE debería haber tenido una acogida diferente salvo que existan graves, profundas y desconocidas razones para la opinión pública que expliquen el plante de la totalidad del estamento político estadounidense al Sr. Sánchez.

Sin necesidad de aventurar una respuesta a ese interrogante, lo cierto es que la imagen de España ha sufrido un severo quebranto internacional y quien conozca algo Estados Unidos sabe que el manifiesto desplante de la Administración estadounidense no constituye una buena tarjeta de presentación ante la comunidad financiera que contribuya a aumentar sus deseos de invertir en España. 

La imagen de España ha sufrido un severo quebranto internacional 

A la vista de su precariedad, el tour presidencial de USA tiene todo el aspecto de un viaje privado y no de Estado. Por otra parte, resulta llamativo que no hayan formado parte de la comitiva presidencial ninguna de las grandes empresas nacionales con intereses en la primera economía mundial.

Al menos, ello hubiese contribuido a dar a la excursión presidencial una cierta solvencia ante los potenciales inversores a la vista del cierre de puertas realizado por la Administración Biden. Esto, unido a todo lo anterior confiere un aire, en términos castizos, de chapuza a la romería del Sr. Sánchez por tierras norteamericanas. Si se buscaba un golpe de efecto, el fracaso es manifiesto y el ridículo clamoroso.

En Bienvenido Mr. Marshall, la inolvidable película de Berlanga, un pueblo andaluz espera la llegada de los americanos. La villa se pone de largo para recibirles con la esperanza de resultar atractiva, atraer su inversión y salir del subdesarrollo. El final es desalentador. Las limusinas norteamericanas no paran, pasan de largo y sólo queda el polvo que dejan tras de sí.

El periplo por Estados Unidos del presidente del Gobierno tiene claros tintes berlanguianos. Sólo cambia que, en éste, los norteamericanos venían y ahora es Sánchez quien va. Por desgracia, el resultado tiene muchas posibilidades de ser el mismo.  

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