"Cuando tres marchan juntos, tiene que haber uno que mande" (proverbio chino).

Desde hace unos años, la primera potencia mundial parece preocupada permanentemente por el auge de China. Esta preocupación se vio exacerbada en la era Trump. No se podía permitir que un país se dedicara a “copiar” mientras no permitía que los demás se introdujeran en su mercado.

Biden ha seguido la tendencia anterior, pero haciendo menos ruido que su predecesor. Hay voces que se oponen a una línea más dura. Empresas y entidades financieras están presionando para mantener el acceso al mercado chino y la flexibilización de los controles de exportación.

Una dictadura aparentemente comunista (con dirigentes muy cualificados) está demostrando que el capitalismo de Estado puede conseguir mejores resultados (estrictamente económicos) que una democracia basada en el capitalismo de libre mercado.

Lo cierto es que la preocupación tiene sentido si uno observa gráficos recientes publicados por The Economist. En este primero, podemos comprobar que, en 20 años, China le ha dado la vuelta a la tortilla del comercio internacional. A comienzos del presente siglo, los estadounidenses tenían mayor cuota de comercio que China con casi todos los países del mundo. Hoy sucede justo lo contrario. Es el caso de España, por ejemplo:

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Es decir, en el partido de fútbol particular entre EE.UU. y China, los asiáticos se comen casi tres cuartas partes del pastel (justo al revés que en el año 2000):

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Pero la verdadera obsesión de los americanos con el gran dragón se debe, en mi opinión, a su fortísimo empuje en el ámbito de la inteligencia artificial. Ya hemos comentado varias veces que los chinos ya no copian tanto, sino que innovan de verdad.

China podría estar muy cerca de Estados Unidos, y quizás incluso por delante, en algunas áreas de la inteligencia artificial consideradas vitales, desde asistentes digitales hasta automóviles autónomos. Y puede que Baidu (el Google chino) sea el jugador más importante del país.

China está muy bien posicionada en los insumos necesarios (poder de computación y capital), el talento investigador (habilidades en matemáticas y tradición en la investigación del lenguaje y la traducción), los datos, y el tamaño y la diversidad del país:

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El crecimiento a largo plazo lo garantizan la tecnología, el ahorro y la acumulación de capital. Ya hemos visto que China es un cohete tecnológico, pero ¿qué hay del ahorro? Estos gráficos de Financial Times son apabullantes:

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Y las familias no paran de enriquecerse:

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Si todavía hay dudas acerca de si merece la pena invertir en China, este mapa de Morningstar demuestra que la bolsa del titán asiático está infravalorada en un 15%:

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Conviene recordar algunas frases majestuosas de El arte de la guerra, la legendaria obra de estrategia militar china de Sun Tzu: “Debemos fingir debilidad para que el enemigo se pierda en la arrogancia”. “Atácalos cuando no estén preparados, aparece cuando no te esperen”. “Rápido como el viento, silencioso como el bosque, raudo y devastador como el fuego, inmóvil como una montaña”.

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