Que, desde su nave espacial y flotando en microgravedad, Richard Branson me pida que me imagine todo lo que podré conseguir en el futuro, cuando su fortuna ronda los 5.000 millones de euros mientras que la mía no da ni para comprarme un buzón, suena a broma. Pero eso fue lo que dijo el domingo, cuando se convirtió en el primer magnate en rozar el espacio a bordo de un vehículo propio.

Eso sí, el título de único astronauta hecho a sí mismo le va a durar muy poco. Jeff Bezos, el hombre con más dinero del mundo, planea superar su hito la semana que viene a bordo de su respectiva nave, en lo que parece que se ha convertido en una rabieta entre niños ricos por ver quien controla el espacio primero. Si estábamos acostumbrados a que los millonarios presumieran de coches y mansiones, ahora no eres nadie sin una nave espacial.

No obstante, las personas corrientes también podríamos acabar beneficiándonos de la carrera espacial privada que están librando los hombres blancos más poderosos. A pesar de que Branson cumplió su sueño de la infancia mientras medio mundo sigue sufriendo los devastadores estragos de la pandemia de coronavirus, llegar al espacio sigue siendo una hazaña técnicamente compleja y, sobre todo, peligrosa.

En 2014, 10 años después de que fundara Virgin Galactic, un accidente durante un vuelo de prueba con su nave SpaceShipTwo se saldó con la muerte de uno de sus pilotos. Y los siniestros en las misiones públicas tampoco son cosa del pasado, como demostró el trágico destino de los siete astronautas que fallecieron en el transbordador espacial Columbia de la NASA durante su lanzamiento en 2003.

Dado que todavía no se puede garantizar que un viaje al espacio resulte 100% seguro, ¿por qué Branson y Bezos han decidido jugársela? "Solo a través de misiones como esta podremos reducir el coste y hacer que el espacio sea accesible para todos", dijo Elon Musk en febrero, cuando anunció sus planes para poner en órbita la primera misión "totalmente civil" a finales de este año. Otro que quiere hacerse astronauta.

Por supuesto, el interés de estos magnates en el espacio tiene poco que ver con conseguir que todos podamos visitarlo. Aunque las estimaciones de cuánto podría valer la industria espacial hacia 2040 varían bastante, todas sitúan la cifra por encima de los 1.000 billones (con b) de euros.

el interés de estos magnates en el espacio tiene poco que ver con conseguir que todos podamos visitarlo

Además del turismo, este mercado se compone de satélites de comunicaciones, de posicionamiento y de imágenes, de contratos para misiones de investigación y exploración con agencias públicas como la NASA y la ESA. Así que, en vista de lo lucrativo del sector, no es de extrañar que los empresarios más avispados no quieran quedarse sin su parte del pastel, sobre todo si al mismo tiempo pueden cumplir sus sueños de la infancia.

Si, como Branson y yo, usted también lleva toda la vida soñando con viajar al espacio y le da rabia que solo esté al alcance de los multimillonarios, tenga en cuenta que, aunque nunca llegue a ser tan democrático como ir en metro, los riesgos económicos y vitales que estos ricos están asumiendo ya están abaratando el coste del turismo espacial.

A pesar de que los primeros billetes de Virgin Galactic costarán la friolera de más de 200.000 euros, recuerde que el empresario Dennis Tito tuvo que desembolsar cerca de dos millones de euros para convertirse en el primer turista espacial de la historia en 2001. Aunque también es cierto que comparar ambos hitos sería como equiparar un paseo en monopatín por el barrio con un viaje por carretera en un Ferrari.

A diferencia de Tito, quien pasó varios días a 400 kilómetros de altitud en la Estación Espacial Internacional, el vuelo suborbital de Branson duró un total de hora y media y solo se elevó hasta los 86 kilómetros de altitud. Sin embargo, lo importante es que mientras que la hazaña de Tito parecía algo extraordinario hace dos décadas, la de Branson demuestra que el espacio está cada vez más alcance de la gente como usted y como yo.

Por supuesto, pasarán muchos años antes de que el ciudadano medio pueda permitirse la versión low cost del turismo espacial. Pero, cuantos más ricos y famosos empiecen a pagar por la experiencia, más barata se volverá. Y, además de darse el capricho, el dinero que desembolsen servirá para perfeccionar y reducir el coste del resto de negocios asociados al espacio, que son los que de verdad les interesan.

Aun así, lo cierto es que, gracias a los riesgos que ellos están asumiendo y al dinero que están invirtiendo, puede que yo también cumpla mi sueño espacial algún día, aunque tenga que ahorrar hasta la vejez para poder pagarlo. Así que, a pesar de que toda esta historia parezca una frivolidad más de los multimillonarios del mundo, bendito sea su capricho.

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