Para nuestros padres culturales, los filósofos de la Grecia clásica, había tres maneras de expresar y definir el tiempo. Por un lado, Cronos se refiere al tiempo secuencial, cronológico, el representado por Goya devorando a sus hijos para permanecer inmortal. Por otro lado, Kairós el momento adecuado, un dios menor, inestable, juguetón, que permite que el surfista coja la cresta de la ola, el escritor escriba las palabras necesarias, el músico clave la nota adecuada, es el pliegue antes y después del cual, lo que tiene que suceder, no sucede.

Finalmente, Aión es el tiempo circular, las estaciones y ciclos que presiden nuestro devenir, que nos presentan una y otra vez las mismas circunstancias para que seamos Sísifo, una vez más, y tengamos que continuar subiendo la colina cargados con nuestra piedra particular.

Los tres dioses son reconocibles en nuestras vidas. De los tres hay que aprender y reconocer su importancia. Pero, de todos ellos, creo que nuestro Gobierno, debería encender una velita o sacrificar un cordero, con permiso de los animalistas, a Kairós.

Justo ahora que se retrasa todo, que Cronos nos juega una mala pasada, con problemas de retraso en la aprobación de los fondos europeos, en la llegada de las vacunas.

En estos momentos en los que parece que Aión quiere hacer su entrada triunfal, y hacernos regresar al furgón de cola de la recuperación de la crisis, de nuevo, a la gestión inadecuada y oscura de las ayudas europeas, como antaño.

Precisamente éste es el tiempo en el que hay que ser pródigos en sentido de la oportunidad. Nuestro Gobierno necesita inspiración para que cuadre la llegada regular y suficiente de las vacunas. Nuestros gestores políticos tienen que acertar y presentar un plan de recuperación creíble, que se ejecute y sea eficaz.

Por desgracia, esa posibilidad resulta tan alejada de la realidad como la propia mitología griega. No es que Kairós esté enfadado con nosotros y haya abandonado al Gobierno en manos del cruel Cronos y del implacable Aión. Es que me da la sensación de que el Gobierno no está en lo que debería estar.

Por supuesto que, si la Unión Europea exige un plan de reparto y ejecución de los fondos que le corresponden a España, los ministros involucrados, con Nadia Calviño a la cabeza, lo van a presentar. Pero eso, como por desgracia sabemos, no implica que se vaya a cumplir.

Ya se ha plantado la capitana ante la exigencia, que responde a una necesidad perentoria, de hacer algo para mejorar las pensiones, el mercado de trabajo y el fisco. Incluso a riesgo de que nuestros socios europeos retiren el flujo de fondos si ven algo raro, creo que nuestros gestores políticos, van a jugar al "too big to be punished", (demasiado grandes como para ser penalizados), y, cuando lleguen, van a ejecutar esos fondos tarde y a brochazo limpio.

Como ya anunciamos muchos economistas, la previsión de crecimiento calculada por el equipo de Calviño con el objetivo de confeccionar los Presupuestos Generales del Estado era una quimera.

No es exactamente culpa de Calviño. Es que ya es tradición que se mienta, que se retuerzan las estadísticas hasta que canten "bingo" y los Presupuestos sean un refuerzo a la gestión gubernamental. Es decir, lo que deberían ser los planes financieros de la nación, el documento en el que se detalla cómo se va a gastar el dinero de los españoles, y que el gobierno se compromete a seguir, se ha convertido, de hecho, en una herramienta de promoción del partido político en el Gobierno.

Y, nosotros, los españoles, no hemos salido a la calle a montar barricadas por esta razón. El fútbol merece cualquier concentración. El asalto a mano armada a nuestros bolsillos y el incumplimiento de los presupuestos, no.

Ya es tradición que se mienta, que se retuerzan las estadísticas' y los Presupuestos sean un refuerzo a la gestión gubernamental

Ahora, cuando se retrasan los dos pilares sobre los que se iba a apoyar la permanencia de Sánchez, las vacunas y la ayuda europea, la ineficacia del Gobierno, su imposibilidad de ver más allá de los próximos seis meses, anuncian una crisis aún más profunda y dolorosa para los españoles.

El Fondo Monetario Internacional (FMI) ya ha reclamado subidas de impuestos. Es lo normal: asumen que para recibir hay que dar. Por aquí estamos acostumbrados a reclamar ayudas pero sin esforzarnos.

Y no soy partidaria de que ese esfuerzo, de nuevo, de la mano de Aión, lo hagan los españoles. Yo creo que, por esta vez, los gobernantes deberían sacar el bolígrafo rojo y recortar sus gastos, racionalizar las cuentas, ajustar lo que hay que ajustar, y abandonar esa licencia no expresada  pero real, que supone que los Presupuestos nacionales son el fondo con el que se pagan los favores electorales. ¡Ya está bien!

Entre unas cosas y otras, Cronos nos va a devorar y se nos va a hacer tarde para la cordura. Lo pagaremos nosotros, nuestros hijos y nuestros nietos, a golpe de desempleo, deuda, impuestos, frenazo al progreso. Y, sobre todo, de la mano de la economía, sufriremos las consecuencias del deterioro del estado de derecho y el enorme hartazgo de la sociedad civil. Las secuelas económicas y políticas esbozan una España frágil, caldo de cultivo de cualquier cosa.

¿Y en qué piensa nuestro presidente mientras tanto? En sacar a Ayuso de la Comunidad de Madrid el próximo 4 de mayo. No es el único. Madrid se ha convertido en el muestreo de las elecciones nacionales. Y tenemos a Abascal en Vallecas haciéndole la campaña a Monasterio; a Iglesias descabalgando la vicepresidencia y dándole un codazo a Isa Serra; a Sánchez haciendo lo propio con Gabilondo (insisten en que no es soso).

Creo que el único que se está haciendo campaña a sí mismo es Edmundo Bal, no sé si porque tiene poca fe en salir adelante.

Casado también acompaña a Ayuso, por desgracia para ella, porque cada vez que él habla y sube el pan; y para él, porque cuanto más se arrima a Ayuso, más pequeño de hace.

Gane quien gane, preparen sus bolsillos porque el tiempo siempre reclama su precio, y esta vez va a ser en euros.

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