España arrastra un problema histórico con su sector agroalimentario, el del reinado de las cadenas de distribución y los bajos precios que reciben los productores, que un fondo de inversión podría venir a solucionar. Se trata del capital riesgo Eatable Evolution Fund FCR I, de Eatable Adventures en colaboración con Abante, que tiene capacidad para invertir 50 millones de euros en start-ups de foodtech y que este enero empieza a acometer sus primeras inversiones.

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El fondo, anunciado el pasado octubre, pretende asegurar "un sistema alimentario más sostenible para las futuras generaciones", en línea con los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) marcados por Naciones Unidas en la Agenda 2030. Para ello, la actividad del vehículo se dirigirá a start-ups innovadoras que cuenten con una sólida base tecnológica y un claro enfoque en eficiencia y menor consumo de recursos.

En última instancia, avanza José Luis Cabañero, uno de los tres socios fundadores de Eatable Adventures junto a Mila Valcárcel y José de Isasa, “nos hemos propuesto crear un ecosistema nacional y que al sector alimentario, que pesa tanto en nuestro PIB, le demos una evolución, internacionalizándolo y vendiendo tecnología alimentaria a otros mercados”. Porque el proyecto no solo trata de darle salida a la producción que se genera, sino más bien explotar las nuevas tecnologías que hay detrás y que ya están haciendo -o harán en un futuro próximo- que esta industria se sume a la revolución tecnológica.

José Luis Cabañero, cofundador de Eatable Adventures. Twitter.

Y es que, como reconoce Cabañero en una entrevista con EL ESPAÑOL-Invertia, “el sector agroalimentario ha sido uno de los últimos en adoptar las nuevas tecnologías”. Pero la tardanza no le resta potencial.

Ya se están adoptando tecnologías avanzadas como el big data, la inteligencia artificial (IA) y la biotecnología para el diseño y desarrollo de nuevos alimentos. Así se conseguirá “producir alimentos con menor impacto en el entorno, con menor huella de carbono”.

Latam, el gran mercado

El fondo de las “empresas del futuro a nivel alimentario” ha nacido al calor de iniciativas españolas como Mylkcubator (entre Pascual Innoventures y la propia Eatable Adventures), Baking the Future (Europastry) o Madrid Food Innovation Hub.

Gestionado por Abante y asesorado por Eatable Adventures, tiene un perfil geográfico muy especial, al estar expuesto un 60% a empresas de Europa e Israel y otro 40% a compañías de Latinoamérica. A grandes rasgos, aunque también está “algo abierto a otros países”, puntualiza Cabañero. Sobre todo, habrá muchas inversiones para mejorar los sectores agroalimentarios de España y América Latina.

“Latinoamérica es una región muy avanzada en esta industria, pero que tiene margen de mejora. Chile destaca internacionalmente en producción de nuevos ingredientes o alimentos novedosos, con hubs de innovación importantísimos. Por su parte, Argentina cuenta con un gran peso agrícola, tiene mucho en sensores, IA, etc, para la producción, mientras que Brasil se ha convertido en el gran mercado de la agricultura y la carne. En el caso de México, por el tratado de libre comercio con Estados Unidos, es una zona interesantísima. En esta transición tecnológica, América Latina tiene una gran importancia”, asegura el cofundador de Eatable Adventures.

Pero España, que cuenta con más de 400 start-ups foodtech -siendo una de las mayores potencias del sector a nivel mundial- y con un sector agroalimentario que es uno de los motores de la economía española concentrando casi el 10% del PIB, también tiene algunos 'deberes' por hacer.

Saltarse al distribuidor

De sus inversiones, podrán desarrollarse tendencias como la creación de productos envasados con un fuerte peso de novel food; revalorización del excedente alimentario (nuevos alimentos con técnicas de biotecnología); en la parte agrícola, mejora de suelos o fertilizantes, y en la parte cercana al consumidor, soluciones de IA para comercios y desarrollo de conexión directa de marcas con consumidores.

Precisamente, este último desarrollo es el que solucionaría el problema de la cadena alimentaria, especialmente en España, cuando los productores venden por debajo del coste de producción. “Si una empresa local logra conectar mediante la tecnología directamente con los consumidores finales, saltándose a los grandes supermercados, podrá vender a un mayor precio y, al tiempo, el producto tendrá mayor calidad al llegar en mejor tiempo y forma y se evitará contaminar tanto como ahora por los desplazamientos y envasados intermedios”, resumen desde el fondo.

El vehículo, que ha recibido del orden de seis o siete proyectos diarios de todo el mundo para analizar, entrará en las empresas en fase semilla y series A, las cuales también recibirán asesoramiento de negocio.