El petrolero Callisto se encuentra anclado en el puerto Sultán Qaboos mientras el tráfico disminuye en el estrecho de Ormuz.

El petrolero Callisto se encuentra anclado en el puerto Sultán Qaboos mientras el tráfico disminuye en el estrecho de Ormuz. Reuters

Mercados

Petróleo en 150 dólares, caídas en bolsa del 15% y estanflación: el peor escenario de los analistas para la guerra de Irán

El mercado apuesta por un desenlace intermedio — un choque intenso, pero potencialmente breve— con un daño económico y financiero más acotado.

Más información: Los analistas ya trabajan en un escenario de guerra prolongada que restaría un punto al PIB español y duplicaría la inflación

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Las claves

Los analistas contemplan un escenario extremo donde el petróleo podría alcanzar los 150 dólares, las bolsas caer hasta un 15% y surgir un periodo de estanflación global si la guerra en Irán se intensifica.

El escenario más probable para los expertos es una guerra corta y contenida, con el petróleo moviéndose entre 100 y 110 dólares y caídas bursátiles moderadas, recuperables si la crisis no se agrava.

Un conflicto prolongado sin cierre total de Ormuz elevaría la volatilidad en los mercados, con subidas del crudo hasta 120 dólares y caídas bursátiles de dos dígitos, afectando especialmente a Europa y los países importadores de energía.

El peor escenario, con cierre prolongado de Ormuz o expansión regional, implicaría un fuerte castigo bursátil y estanflación sostenida: inflación elevada y estancamiento económico en las economías más dependientes del petróleo.

Las principales firmas de análisis ya tienen sobre la mesa un escenario extremo para la guerra de Irán: un crudo disparado hacia los 150 dólares, correcciones bursátiles cercanas al 15% y el resurgimiento de la estanflación.

Pese a ello, el mercado sigue priorizando desenlaces intermedios, con un impacto económico y financiero más moderado.

El abanico de posibilidades va desde una guerra relativamente breve y contenida hasta un choque regional que mantenga bloqueado el estrecho de Ormuz durante meses.

La volatilidad reciente refleja ese pulso. El petróleo encabeza las subidas en los mercados financieros desde el inicio de la crisis y las bolsas —sobre todo las europeas, más vulnerables por su dependencia energética— acumulan pérdidas.

En última instancia, será la propia intensidad de la escalada la que termine decidiendo no sólo cuánto suben el petróleo y el gas, sino también hasta qué punto se tuercen la inflación y el crecimiento del PIB global.

Guerra corta y daño acotado

“El escenario más probable es el de contención de Irán”, resume Manuel Pinto, responsable de análisis de XTB. “Las operaciones militares podrían prolongarse unas semanas, pero sin un cierre prolongado de Ormuz”, añade.

Según sus estimaciones, en ese marco el petróleo Brent, la variante de referencia en Europa, se movería durante un tiempo en una horquilla de entre 100 y 110 dólares y después iría cediendo a medida que se vayan reduciendo las tensiones y se normaliza el flujo de crudo.

Desde Pictet AM recuerdan que la economía mundial es hoy “mucho menos intensiva en petróleo” que en los años setenta.

Sus cálculos apuntan a que una subida del precio del crudo del 30% recortaría el crecimiento del PIB global en unas dos décimas, mientras que la inflación aumentaría “algo más de un punto” adicional.

El impacto en las bolsas sería, en principio, manejable, con caídas en torno al 5% respecto a los niveles previos al conflicto —que es prácticamente la situación actual— y margen para recuperar en cuanto se confirme que la crisis queda contenida.

En este contexto, las gestoras consideran que la mayoría de bancos centrales podrían mantener sus planes de rebajar el coste del dinero donde ya están sobre la mesa, quizá con ajustes de calendario, sin necesidad de un giro brusco de la política monetaria.

Tensión prolongada

Un segundo escenario, que en Julius Baer e Ibercaja describen como una fase de “tensión prolongada”, pasa por una guerra más larga pero con Ormuz abierto o con un estrecho que sólo sufre interrupciones puntuales.

Desde Julius Baer subrayan que el mercado petrolero apenas ha reaccionado a la liberación coordinada de reservas estratégicas de la Agencia Internacional de la Energía (AIE), que ha puesto sobre la mesa unos 400 millones de barriles para aliviar la tensión de oferta.

Aun así, en la entidad suiza creen que, mientras no haya daños graves en infraestructuras ni un cierre prolongado de Ormuz, la oferta global seguirá siendo suficiente, pese a la prima de riesgo que hoy incorpora el precio del barril.

En Aberdeen avisan de que “el impacto del conflicto en los precios del petróleo es una función no lineal de su duración” y que, si la guerra se alarga sin llegar al choque regional, el Brent puede “alcanzar fácilmente los 120 dólares por barril” durante un tiempo.

En este escenario de tensión prolongada, el estrecho de Ormuz seguiría operativo, pero con sobresaltos periódicos y una prima de riesgo persistente sobre el precio del crudo.

Las bolsas encadenarían meses de volatilidad y caídas más acusadas, de dos dígitos en los grandes índices, con Europa y los países importadores de energía como principales damnificados.

En un escenario así, los expertos de Pictet AM y J. Safra Sarasin prevén que muchos inversores buscarán refugio en el dólar, el franco suizo y, sobre todo, en el oro, al que ven de nuevo como un seguro frente a la incertidumbre.

En el ámbito económico, la inflación se mantendría por encima de las previsiones iniciales durante varios trimestres y el crecimiento del PIB global se enfriaría, sin llegar todavía a una recesión generalizada.

Choque regional y estanflación

El tercer escenario, al que las gestoras asignan una probabilidad baja pero no nula, es el del choque regional. Se trataría de una escalada severa con cierre prolongado del estrecho de Ormuz o extensión de la guerra a otros países vecinos.

En los análisis más extremos, la combinación de daños en infraestructuras, bloqueo de rutas y recortes de producción podría llevar el Brent a picos de 150 dólares y mantenerlo muy por encima de los 100 durante un periodo prolongado.

Para las bolsas, esto supondría un castigo mucho más severo: los modelos de riesgo de varias firmas contemplan retrocesos del orden del 15% en los grandes índices, similares a los que dejó la Guerra del Golfo.

Desde XTB recuerdan que, en la Revolución libia de 2011, el S&P 500 llegó a caer un 19,3% mientras el precio del petróleo subía un 36%, y que en la primera Guerra del Golfo el índice perdió un 15,9% con el crudo disparado un 130%. El precedente histórico sirve para calibrar el tamaño potencial del golpe.

En términos macroeconómicos, Aberdeen y Pictet AM hablan abiertamente de un escenario de “estanflación sostenida” en buena parte del mundo desarrollado: inflación alta combinada con un crecimiento estancado o en recesión en las economías más dependientes del petróleo.

Se trata del tipo de choque que los bancos centrales más temen, porque obliga a elegir entre combatir la inflación o sostener el crecimiento.

Choque intenso pero breve

Pese a la crudeza del peor desenlace, gestoras, bancos de inversión y analistas insisten en que hoy no es el que marcan las pantallas de los terminales de bolsa.

Los expertos de Ibercaja Gestión subrayan que los precios del petróleo para entrega en los próximos meses están por debajo de la cotización actual, lo que indica que el mercado no descuenta por ahora una guerra lo bastante larga como para mantener el crudo en estos niveles.

Dicho de otra forma, los inversores asumen un choque intenso, pero potencialmente breve.

Esa misma lectura se aprecia en las bolsas. En los principales parqués del mundo se han registrado correcciones relevantes, pero lejos, por ahora, de los desplomes de otros episodios bélicos.

Mientras no se confirme un cierre duradero de Ormuz o una extensión del conflicto más allá de la región, los mercados seguirán moviéndose entre el escenario de contención y el de tensión prolongada, con el de choque regional como amenaza de fondo más que como apuesta principal.