Imagen de la presentación del plan de Seat para el periodo 2020-2025.

Imagen de la presentación del plan de Seat para el periodo 2020-2025.

Análisis

Cómo hacer que merezca la pena fabricar coches eléctricos en España en 2025

Regulación, incentivos, infraestructura de recarga y el acceso a energía renovable marcarán la velocidad de la electrificación de la industria.

9 julio, 2020 02:59

Todo buen maestro de ceremonias sabe que hay que guardarse el truco estrella para el final. Carsten Isensee, presidente de Seat, dio buena cuenta de ello ayer. Tras una rueda de prensa en la que esgrimió con detalle los puntos clave de la estrategia de la compañía para los próximos años y sus futuros lanzamientos, el máximo dirigente, aún supuestamente interino, de la firma mostró su chistera, la removió y sacó de su interior un conejo valorado en 5.000 millones de euros en inversiones.

Con un nivel de incertidumbre tan alto como el actual, el anuncio fue recibido como una enorme bocanada de oxígeno tanto dentro de la industria de la automoción como en la clase política autonómica y central. Tras meses en los que cada sector ha ido solicitando ayudas para sobrevivir por la crisis generada por el coronavirus, el plan de Seat es, junto con la decisión de Inditex de no realizar un ERTE durante los peores momentos de la pandemia, la principal muestra de compromiso empresarial con la economía del país a la que hemos asistido en lo que va de 2020.

Pero este anuncio está lejos de ser un cheque en blanco.  "Nuestro objetivo es impulsar la transformación del sector de la automoción en España. Para garantizar el futuro de la industria del automóvil en España, necesitamos la colaboración de la Administración central, autonómica y local. No podemos hacerlo solos" explicó Isensee con la misma contundencia con la que detallaba la intención de la empresa de apostar por el futuro de los 15.000 empleados que dependen de Seat.

Estas palabras coparon gran parte del tiempo de la ronda de preguntas posterior a la presentación. Los que asistimos al evento, tanto virtual como presencialmente, pedimos en varias ocasiones que detallara a qué se refería con esa colaboración. Isensee volvió a mostrarse meridianamente claro en sus respuesta.

"Esperamos una visión por parte de los Gobiernos sobre el futuro de la industria de la automoción en España. Tiene que fomentarse la electrificación. En estos momentos, España sabe construir coches muy bien, pero sólo de combustión interna. Para electrificar el país hacen falta cambios profundos. Hará falta nueva regulación, adaptar la infraestructura, mucha más energía renovable y un sistema que permita la recarga de estos vehículos. Sin todo esto, será muy difícil llegar a la escala de producción de coches eléctricos en España suficiente. Tener escala en automoción lo es todo. Tiene que haber una demanda mucho mayor que la actual" detalló el presidente de Seat.

Ejes de la electrifiación

De un plumazo, Isensee esbozó los pilares del plan que las distintas administraciones deberían seguir para que tenga sentido fabricar coches en España. Y es que, el único problema que no tiene nuestro país para popularizar el coche eléctrico son los propios coches eléctricos. La industria del transporte y la movilidad es un puzzle en el que todas las piezas tienen un papel fundamental. Los vehículos son sólo una de estas piezas.

Sin una regulación, una batería de incentivos, una infraestructura adaptada y capacidad para generar energía de origen renovable que impulse todo el parque automovilístico español, el modelo no funcionará. No hay más que extrapolar este esquema al modelo de movilidad actual para entenderlo.

Según el Observatorio Sectorial DBK, en España contamos con 14.000 gasolineras. ¿Podrían desplazarse los ciudadanos por el país sin esta red de acceso a combustible? En el caso de que existiera esta red, ¿tendría sentido el coche de combustión si España no tiene capacidad para dotar de este tipo de carburantes a las estaciones? Esta reflexión tan obvia es la que hay que trasladar a la electrificación.

España cuenta actualmente con 4.545 puntos de recarga de uso público. Un dato que puede sonar positivo pero que viene con un importante asterisco. Sólo el 15% de ellas cuenta con cargadores rápidos. Y es que, la diferencia entre un tipo de cargador y otro implica que el tiempo de recarga se reduzca a un tercio. No es lo mismo hacer una parada de 15 minutos y seguir, que tener que dedicar casi una hora a cara recarga.

El acceso a la energía limpia es otro condicionante en España. Ahora mismo, el país no tiene la capacidad de producción renovable, ni la infraestructura para llevar esa energía a los puntos necesarios, que permitiera sustituir la actual flota de vehículos de motor de combustión por eléctricos. 

Siguiendo con el ejemplo, aunque los usuarios compraran coches eléctricos en masa y todos los puntos de recarga se adaptaran, el modelo no tendría sentido si para cargar los coches eléctricos España tuviera que quemar carbón para generar la energía necesaria

En la buena dirección

La parte buena de esta reflexión es que es viable cumplir todos estos hitos de cara a 2025. De hecho, parte de los planes ya está en marcha. Además, todo lo que llegue desde Bruselas no hará más que acelerar este proceso. 

Los planes puestos en marcha tanto por parte de las compañías energéticas como por el sector de las gasolineras tradicionales señalan que en cinco años España contará con un número de puntos de recarga adaptados a la movilidad eléctrica mayor que la actual red de gasolineras. Una previsiones que también coinciden con el aumento del porcentaje de energía renovable proyectado para este periodo.

La aparición de multitud de modelos con precios accesibles para la clase media, sumada a las ayudas que se han puesto en marcha tanto desde el Gobierno central como desde los autonómicos para adquirir vehículos no contaminantes también parecen haber llegado para quedarse.

Además, desde el ámbito municipal, las restricciones para los coches de motor de combustión no paran de aumentar. En cambio, los coches eléctricos tienen carta blanca para poder, no sólo desplazarse, sino también aparcar sin coste en muchas de ellas.

Así las cosas, el camino está marcado. Ahora sólo hace falta que estas iniciativas no sean flor de un día. La duración y crudeza de la crisis económica sobre la que ya navegamos marcará si España es capaz de tener listas todas las piezas para que la movilidad eléctrificada sea una realidad en 2025. De ser así, Seat y el resto de marcas con presencia en el país no tendrán opción para no fabricar coches eléctricos al mismo ritmo del que hoy fabrican coches de gasolina.

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