No hay nada más alejado en la vida diaria que pensar a dónde van las bolsas de basura una vez depositadas en los cubos comunitarios. Pero eso va a cambiar y en muy poco tiempo. La Unión Europea ha puesto en marcha una serie de medidas legislativas para que los residuos que generan los europeos estén a la altura de los retos del futuro. Es parte de la política general comunitaria relativa a la economía circular.

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Y es que el camino de los residuos no solo comienza con la basura que genera una familia en su casa, sino desde el momento en que se emplean materias primas para generar un producto. 

De eso sabe y mucho Rafael Guinea, el presidente de Aeversu (Asociación Española de Empresas de Valorización Energética de Residuos Urbanos), con el que ha hablado Invertia. Un sector que va a estar en el foco de la transformación ecológica de la economía a partir de esta década después de ser el gran desconocido del sector energético.

¿Que es una planta de valorización energética?

Con aquellos residuos que no se pueden reciclar, y que han pasado por las plantas de reciclaje, hay dos opciones: o se meten en un agujero y se almacenan allí hasta olvidarse de ellos, o se llevan a estas plantas. 

Es una instalación, un horno, donde se realiza la incineración controlada y en las condiciones legalmente establecidas de residuos urbanos, y aprovechar ese calor que se produce para generar electricidad que se vende a la red eléctrica, o directamente se aprovecha ese calor para la calefacción de las ciudades.

Lo más interesante es que este proceso no emite gas metano, algo que sí se produce en los vertederos, los mayores emisores de metano del mundo, un 250% más que si lo utilizamos para recuperar la energía. Por lo tanto, tiene menos impacto ambiental. En relación al CO2, emitimos un 60% biogénicas, es decir, que proviene de residuos orgánicos. 

Aeversu: "Es tan esencial que las ciudades cuenten con una planta que queme los residuos como un hospital"

¿Cuál es el camino que tiene que recorrer España en este sector?

Vamos con 20 años de retraso respecto a lo que hicieron alemanes, escandinavos y centroeruopeos a finales del siglo pasado: sacar el mayor valor de los residuos que se generan y evitar meterlos en un agujero. Eso es lo que se hace en los vertederos. 

El sector en España está representado por Aeversu. Aglutina las plantas que existen en el territorio, que en total son 11, junto con una en Andorra. País Vasco, Cantabria, Melilla, Madrid, Cataluña, Baleares, Galicia... Estas instalaciones trataron, en 2020, 2.357.314 toneladas de residuos no reciclables, con lo que produjeron, aproximadamente, 1.650.000 MWh de energía.

Pertenecemos a Cewep (Confederation of European Waste-to-Energy Plants) y contrasta la comparativa con el resto de países miembros, porque en Europa hay cerca de 500 instalaciones de este tipo. Solo Francia tiene 150. Eso demuestra el gran recorrido que tenemos todavía que hacer en España. En esos países se considera que son tan necesarias socialmente como tener un hospital o un polideportivo. 

Lo más interesante es que este proceso no emite gas metano, algo que sí se produce en los vertederos, los mayores emisores de metano del mundo.

¿Hay legislación que apoye su desarrollo?

Sí, hay una directiva europea de residuos de 2004, que viene de otra anterior, y viene a decir es que hay que cumplir las tres 'erres': reducir, reutilizar y reciclar, pero después valorizar y, ya lo que no se pueda gestionar de ninguna de las maneras, al vertedero.  

En los países que se han tomado en serio la normativa, tienen un 55-60% de reciclaje, un 3% de vertido y luego, el resto, el 30-40% de valorización energética. 

Ahora se va más allá, y de acuerdo con la normativa europea, se prohibirá la admisión de desechos, susceptibles de ser valorizados, en vertedero a partir de 2025. También se deberá reducir al 10% en peso la cantidad de residuos urbanos que se depositen antes de 2035.

Planta Valorización Energética TERSA

Pero ¿por qué España va tan retrasada en este proceso?

Porque los municipios son los responsables de gestionar los residuos y suelen ir a lo más barato, nadie dice nada y como mucho puede venir una multa de Europa que además no es asumida por la Administración Local. No hay muchos incentivos de que se haga de otra manera. 

Si hubiera una posición más decidida del Estado o de las Comunidades Autónomas, por ejemplo, de prohibir la creación de más vertederos o más impuestos a los ayuntamientos, igual se avanzaría algo. 

El problema es que los responsables de gestionar los residuos son las entidades locales pero los que deben cumplir la normativa europea son las comunidades autónomas y, en última instancia, el gobierno central. 

Ya no se habla tanto de residuos como tal sino de economía circular, y donde empieza de verdad es en el consumidor

Ya se está ultimando en el Congreso de los Diputados la futura Ley de Residuos y Suelos Contaminados, ¿cuál es vuestra posición respecto a lo que se quiere aprobar?

La ley va por buen camino, pero nos hubiera gustado que hubiera estado desde hace años. Por ejemplo, había un objetivo europeo que decía que para 2020 deberían reciclarse al menos el 50% de los residuos. En España estamos en el 32% desde hace 10 años. No se ha hecho nada, y esto significa que se nos va a sancionar.

Ese cumplimiento de objetivos correspondía a las Comunidades Autónomas, pero hasta que no se apruebe la ley no serán responsables directos de no haber hecho los deberes. Y es importante este punto, porque ese 32% es la media. Hay regiones que llevan hasta el 80% de sus residuos al vertedero. 

El Ministerio para la Transición Ecológica actualizó hace poco las cifras (datos de 2018) donde se desglosa por regiones. España generó un total de 22,2 millones de toneladas de residuos urbanos, de los que el 53,4% (11,8 millones de toneladas) tuvieron como destino final el vertedero, mientras que tan solo el 18% (4 Mt) se reciclaron y el 17% (3,7 Mt) se dedicaron a compostaje. El 11,6% (2,5 Mt) restante de residuos se valorizaron energéticamente. 

Pero la gestión de los residuos, ¿no debe comenzar desde los hogares?

Desde hace unos años hemos cambiado el concepto. Ya no se habla tanto de residuos como tal sino de economía circular. Donde empieza de verdad es en el consumidor, que tiene el poder de impulsar un nuevo mercado, como puede ser que ya no compre productos que tengan un embalaje que no pueda ser reciclado. 

Si los ciudadanos no los compra, las empresas lo dejan de producir y buscará alternativas más duraderas. 

Para cambiar las conductas hay que educar y solo se puede hacer con un plan de difusión y con impuestos: el palo y la zanahoria. La Ley de Residuos es lo que hace. 

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