Nuevo hito en el mercado de deuda español. La rentabilidad del bono a 10 años (que se mueve de manera inversa al precio) ha entrado esta semana por primera vez en su historia en terreno negativo. Y, bajo este escenario, el Tesoro logró el jueves cobrar a los inversores por su deuda a ese plazo, con un rendimiento marginal en la subasta del -0,016%.

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Una situación que parece de ciencia ficción pero que, en realidad, se ha convertido casi en la nueva normalidad de los mercados en los que cotizan estos bonos. Según datos recopilados por Bloomberg, actualmente existe un volumen de 18 billones de dólares (unos 15 billones de euros) en bonos ‘grado de inversión’, tanto de empresa como soberanos, cotizando con un tipo de interés negativo.

Los expertos explican que detrás de este fenómeno, que ya es una tendencia en Europa, hay algo más que la mera búsqueda de refugio por parte de los inversores, que en muchas ocasiones compran deuda al considerarla el activo más seguro, empujando al alza los precios y, por lo tanto, a la baja su rentabilidad.

Conocer al BCE

En concreto, la barra libre del Banco Central Europeo (BCE) y los programas de estímulo (incluidas las compras de deuda) han permitido esta caída de las rentabilidades que, entre otras cosas, está permitiendo a bancos y gobiernos financiarse muy barato en el mercado. Es más, en el caso español, y a pesar de tener más deuda pública que nunca al superar ya el 114% del PIB, el tipo de medio de interés que pagamos por esa 'bola de nieve' se sitúa en mínimos. 

Primera consecuencia para los consumidores de a pie: la recuperación se podrá financiar pese al incremento de deuda y déficit y el acceso al crédito seguirá siendo, también, más barato que en el pasado.

Es un hecho. Aunque el ciudadano de a pie no siga las ruedas de prensa de Christine Lagarde tras las reuniones del BCE, lo cierto es que las decisiones del organismo monetario tienen un efecto directo en el bolsillo de los ahorradores y de los inversores.

Para empezar, porque el nivel del tipo de interés de referencia se traslada a los bonos en sus diferentes plazos. Para los inversores en renta fija, entre los que se incluyen muchos ahorradores que deciden dar el salto a este mercado como primera toma de contacto con el mundo financiero, la primera cuestión es inmediata. Que un bono cotice con rentabilidad negativa implica que, si compro un bono por 100 euros, el día de su vencimiento me devolverán menos dinero.

Las políticas monetarias se trasladan a los mercados secundarios de deuda.

Pues bien. En este caso, lo que buscan muchos pequeños inversores es vender antes de vencimiento en el mercado secundario donde se negocian estos títulos. Es decir, compran con rentabilidad negativa esperando que esa ‘yield’ baje aún más y, por lo tanto, el precio suba.

Del mismo modo, los propios bancos se han convertido en compradores de deuda en los mercados. Y muchas veces les compensa también comprar esos 'bonos negativos', pues al menos ofrecen algo más que lo que las entidades consiguen depositando su dinero en el BCE, donde sufren una penalización del -0,5% con el tipo de depósito aplicado por el supervisor.

A su vez, los bancos también se benefician de los bajos tipos en los mercados de deuda para conseguir financiación barata.

Uno de los primeros efectos se observa, entonces, sobre los préstamos hacia la economía real, que, por norma general, se abaratan en esta situación de tipos bajos. Esto afecta a hogares y empresas, especialmente a los más endeudados, que pueden refinanciarse más barato o acceder a préstamos con mayor facilidad para impulsar sus inversiones y, por lo tanto, la economía.

El euríbor se contagia

El comportamiento de los mercados de bonos también acaba trasladándose al del euríbor. Esta misma semana el euríbor a 12 meses, al que están referenciadas la mayoría de las hipotecas variables en España, rompía el nivel del -0,5% para caer hasta el -0,504% en su tasa diaria más baja. Por debajo incluso del tipo de depósito que el BCE cobra a los bancos.

Conclusión: la caída sigue beneficiando a los hipotecados al rebajar el precio de sus préstamos. Tanto, que en los últimos meses se ha reactivado el debate sobre si el sector debería pagar a los clientes por las hipotecas en negativo firmadas antes de la entrada en vigor de la nueva Ley Hipotecaria de junio de 2019, que ya establece en su artículo 21.4 que “el interés remuneratorio no podrá ser negativo”. Es decir, el hipotecado nunca cobrará intereses ‘por ley’.

Desde el sector rechazan frontalmente esta posibilidad. “Que una persona que pide una hipoteca reciba además un interés por el préstamo no tiene ni pies ni cabeza”, indican.

El lado positivo es que, al reducirse el gasto de las hipotecas con la caída del euríbor, ese gasto mensual de las familias se puede destinar a incrementar el ahorro o a un mayor consumo, lo que al final acaba repercutiendo en la recuperación económica.

Remuneración bajo presión

En sentido contrario, estas políticas monetarias perjudican a la rentabilidad del ahorro, con lo que cuentas y depósitos al 5% han pasado a la historia para ofrecer una rentabilidad de apenas el 0,01% a cierre de octubre, según datos del Banco de España. Una remuneración inferior a la inflación que, por lo tanto, hace que el ahorrador pierda poder adquisitivo.

El problema es que mantener esos depósitos cuesta cada vez más a la banca. Por eso, han comenzado a aplicar nuevas políticas de comisiones para ‘liberarse’ de los clientes menos rentables. Es decir, aquellos que dejan su dinero en el banco sin moverlo ni invertirlo. Si no hay vinculación, no hay servicios gratuitos.

Y todo, de nuevo, por el entorno de tipos negativos que puede quedarse entre nosotros otra década más, según las estimaciones que barajan actualmente los bancos. ¿Será el próximo paso cobrar directamente por los depósitos de los particulares?