La gente sostiene carteles con imágenes del nuevo líder supremo de Irán, Mojtaba Khamenei, durante una reunión para apoyarlo, en medio del conflicto entre Estados Unidos e Israel con Irán , en Teherán, Irán, el 9 de marzo de 2026.

La gente sostiene carteles con imágenes del nuevo líder supremo de Irán, Mojtaba Khamenei, durante una reunión para apoyarlo, en medio del conflicto entre Estados Unidos e Israel con Irán , en Teherán, Irán, el 9 de marzo de 2026. Reuters

Macroeconomía

Los analistas ya trabajan en un escenario de guerra prolongada que restaría un punto al PIB español y duplicaría la inflación

Las peores previsiones se activarían a partir de los tres a cuatro meses de conflicto ininterrumpido en Irán y el Golfo Pérsico.

Más información: Funcas prevé que la guerra en Irán reste dos décimas al PIB español y eleve la inflación por encima del 3% este verano

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Las claves

Un escenario de guerra prolongada en Irán podría restar hasta un punto al crecimiento del PIB español y duplicar la inflación actual.

El aumento del precio del petróleo y el gas, agravado por la tensión en el estrecho de Ormuz, amenaza con elevar los costes industriales y reducir la producción en España.

Funcas y otros analistas prevén que la inflación supere el 3% este verano y que el crecimiento económico se desacelere significativamente si el conflicto persiste.

El principal impacto para España provendría del encarecimiento global de la energía, afectando tanto a empresas como a consumidores, pese a no depender directamente del suministro iraní.

Los economistas ya trabajan en un escenario en el que la guerra de Irán se pueda prolongar mucho más que las primeras estimaciones, según diferentes expertos con los que ha hablado EL ESPAÑOL-Invertia.

De esta manera, si la guerra tiene una duración mayor de tres a cuatro meses, estos economistas advierten de una merma de un punto en el crecimiento del Producto Interior Bruto (PIB) con un nivel de inflación que podría duplicar las actuales cifras.

Es verdad que es el peor de los escenarios, pero también es cierto que una guerra prolongada ha dejado de ser una hipótesis lejana para convertirse en una posibilidad real tras casi dos semanas de hostilidades.

Este miércoles el conflicto siguió escalando. Se mantiene la paralización del estrecho de Ormuz, hay más riesgo de destrucción de infraestructuras críticas en casi todos los países del Golfo Pérsico y los mercados siguen reaccionando con incertidumbre ante la avalancha de noticias que se suceden cada día.

¿Y qué significa este escenario de guerra prolongada? Supone que, pese a que la economía española es resiliente, no es inmune a un conflicto de largo aliento que pueda estabilizar el precio del petróleo por encima de los 100 dólares y el gas en cotas no vistas desde la invasión de Ucrania.

Un escenario que dispararía la inflación, aumentaría los costes industriales y generaría una caída en la producción.

Para el presidente y socio de la consultora Freemarket Corporative Intelligence, Lorenzo Bernaldo de Quirós, cada diez dólares que aumente el barril de crudo tendrá un impacto directo de 0,4 puntos en el PIB español.

El Gobierno español elaboró su cuadro macroeconómico para este año en base a un precio de 70 dólares el barril, pero ayer ya cerró en torno a los 90 y todos los analistas prevén que superará pronto los 100 dólares. Y hay quien cree que podría llegar a los 120.

En un escenario en el que el petróleo se consolide en los 100 dólares, el impacto según Bernaldo de Quirós sería de 1,2 puntos menos de PIB.

Del mismo modo, cada subida de diez euros en el precio del gas restaría otros 0,15 puntos al PIB. De momento, estas alzas han sido importantes, pero seguimos en niveles bajos por lo que la resta al PIB sería como máximo de 0,3 puntos.

Esto supondría que estemos en un impacto total que quitaría entre uno y 1,5 puntos, frente a unas previsiones de 2,3% de crecimiento para este año que todos los institutos de análisis atribuían a España antes del conflicto.

Por su parte, los economistas de Ethifinance prevén un impacto más acotado aunque el conflicto se alargase durante varios trimestres.

Guerra prolongada

Prevén un escenario de estanflación moderada, con un crecimiento que podría desacelerarse hacia el rango del 1,6-1,7 puntos, es decir hasta siete décimas menos que la previsión anterior a la guerra.

Por otro lado, en un escenario todavía más adverso -con una escalada regional más amplia, tensiones persistentes en los mercados energéticos y posibles disrupciones en las cadenas de suministro- creen que "el impacto podría ser significativamente mayor", según advierten a este diario.

Por su parte, el economista Javier Santa Cruz atribuye una caída de una décima por cada diez dólares más en el precio del barril, lo que sumado al impacto del gas podría hacernos perder medio punto de crecimiento, en un escenario de guerra prolongada, según sus estimaciones.

Impacto en la inflación

Respecto de la inflación, Bernaldo de Quirós aplica el mismo modelo que con el petróleo, pero atribuye 0,5 puntos más a la inflación por cada 10 dólares más el barril y 0,25 por cada diez euros en el megavatio hora del gas. Esto arroja una subida que casi duplica la actual inflación de 2,3% con que cerró el mes de enero, por encima del 4%.

En tanto, Javier Santacruz y Ethifinance apuestan por una horquilla de entre el 3 y el 3,5%, algo que nos llevaría a niveles de 2024, pero lejos del 10,8% al que llegó en la mitad de 2022, en plena crisis energética por la invasión de Rusia a Ucrania.

El análisis que se hace en Ethifinance es que España se verá principalmente afectada por las importaciones de commodities energéticos (petróleo y gas), fletes y el deterioro de la confianza, "algo que ya vimos hace unos años pero que sin duda dibujan un escenario distinto al observado tras la invasión de Ucrania", dicen.

'Shock' de oferta

"Entonces el shock estuvo asociado a un corte abrupto del suministro de gas ruso en Europa, mientras que el riesgo actual parece concentrarse más en un shock de oferta de carácter transitorio que está tensionando los precios en los mercados energéticos globales", agregan.

De hecho, indican que las curvas de futuros de electricidad no anticipan una escalada sostenida de precios limitando el riesgo de una transmisión inflacionaria comparable a la observada durante la crisis energética de 2022.

Hablamos de análisis en el caso de un conflicto prolongado ya que hasta la fecha solo se han publicado informes asumiendo que la guerra tendrá una duración limitada.

Funcas y CaixaBank Research

En una nota de coyuntura publicada la semana pasada, Funcas advirtió de que el conflicto se traducirá en un repunte de la inflación española, que podría elevarse por encima del 3% de aquí al verano, y en un crecimiento del producto interior bruto (PIB) unas dos décimas inferior a lo anticipado antes de la escalada bélica.

El centro de estudios dice que se trataría de un impacto limitado, siempre que la contienda esté acotada a tres meses y que los daños sobre las infraestructuras energéticas de la región no sean severos. Una situación que ahora mismo es imposible de confirmar tras los últimos ataques.

Por su parte, CaixaBank Research cree que -siempre que el conflicto no se alargue- la buena marcha de la economía española puede limitar que la inflación que remonte a niveles similares a las del año pasado, cercanos al 3%, y a una corrección de cuatro décimas a la baja del crecimiento del PIB, que quedaría este año en el 2%.

Estrecho de Ormuz

Con todo, la clave sigue siendo la duración y la capacidad que tiene Irán de dificultar el tráfico por el estrecho de Ormuz, el verdadero epicentro político y económico del conflicto.

Algunos informes militares indican que Irán tendría destruido el 80% de sus lanzaderas y que le quedan drones para una semana, lo que teóricamente indica que el estrecho debería volver a fluir antes de fin de mes.

Pero ahora mismo nadie sabe qué nivel de daños tienen sus infraestructuras y el riesgo de que existan minas submarinas en Ormuz hace temblar al comercio mundial. Lo mismo pasa con Arabia, Catar y Kuwait, con daños en sus refinerías y puertos.

Algo que debería repercutir en los precios internacionales de los carburantes, lo que nos dará el verdadero termómetro del impacto real de la crisis en la economía española. Y es que el problema no es el suministro (nuestros proveedores son Estados Unidos y Argelia), sino el encarecimiento mundial del gas y el petróleo.