La sede de Europol en La Haya
'The Com': la red nihilista que ha convertido internet en una fábrica de violencia y que está en la diana de Europol
Europol ha señalado 4.340 URL para su retirada en una operación internacional contra el ecosistema digital de este entramado, cuyos miembros utilizan redes sociales, videojuegos y aplicaciones de mensajería para reclutar adolescentes, extorsionarlos y empujarlos hacia la violencia extrema tanto dentro como fuera de internet.
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Se hacen llamar 'The Com', abreviatura de 'The Community', pero lo que se esconde en su interior dista mucho de lo que podríamos denominar como una comunidad sana. En realidad, este aparentemente inofensivo nombre alberga un ecosistema internacional de comunidades digitales unidas por una visión nihilista y misántropa del mundo en la que la violencia constituye un fin en sí mismo. Sin paños calientes ni fachadas éticas que escondan sus viles propósitos.
A diferencia de organizaciones extremistas tradicionales, 'The Com' no funciona mediante una estructura jerárquica ni una cadena de mando reconocible. Tampoco responde a los principios básicos de un grupo de cibercriminales ni a nada que se le parezca, más allá de lo que ficciones como Black Mirror ya anticipaban hace años.
Hablamos de una constelación de grupos dispersos que comparten espacios digitales, lenguaje, símbolos y dinámicas de comportamiento. Su denominador común es la persecución del prestigio interno en la comunidad, que se obtiene produciendo o consiguiendo el contenido más extremo posible. En muchas de sus facciones, además, aparecen elementos del extremismo violento de ultraderecha y postulados aceleracionistas, que persiguen provocar el colapso de las instituciones mediante la violencia y la corrupción de menores.
"Cuanto más extremo y dañino sea el contenido que un usuario o un grupo pueda producir o extorsionar, mayor será su estatus dentro de la comunidad", resume Europol.
Además, los propios delitos se convierten en un espectáculo. Muchos son retransmitidos en directo a través de plataformas sociales, celebrados por otros usuarios y posteriormente archivados y redistribuidos para incrementar la notoriedad del grupo o del agresor.
Extremismo violento en el entorno digital
Este peligroso fenómeno ha llevado a Europol a considerar a 'The Com' como una de las expresiones más preocupantes del extremismo violento en el entorno digital. Y, por supuesto, a tomar medidas para limitar el alcance de esta comunidad de delincuentes comunes elevados a la locura por la aceptación social en internet.
Así pues, durante varias semanas de junio y julio, investigadores de nueve países han participado en una operación coordinada bajo el paraguas del Project COMPASS para identificar y retirar el contenido que alimenta su maquinaria de propaganda y captación. En total, 4.340 URL fueron señaladas para su eliminación por contener material relacionado con este entramado, en una iniciativa organizada por la EU Internet Referral Unit (EU IRU) de Europol junto al Centro de Inteligencia contra el Terrorismo y el Crimen Organizado (CITCO) español.
Estos enlaces peligrosos alojaban vídeos e imágenes de autolesiones, suicidios, abuso sexual infantil, crueldad contra animales, ataques violentos y otros contenidos empleados para la propaganda y el reclutamiento.
Y es que aquí no hay una ciberamenaza que neutralizar o un agujero de seguridad que parchear. La clave para los investigadores es acabar con la facilidad con la que los usuarios -especialmente los menores- pueden acabar expuestos a esta suerte de contenidos y, finalmente, a participar de los mismos.
En ese sentido, los grupos vinculados a 'The Com' no se esconden bajo estructuras técnicas ultrasecretas o blindadas, sino que utilizan redes sociales abiertas, aplicaciones de mensajería y plataformas de videojuegos para localizar potenciales víctimas y nuevos integrantes.
La estrategia no resulta especialmente novedosa, pero sí su escala y eficacia. Los algoritmos de recomendación facilitan que adolescentes puedan encontrarse con material extremista incluso sin buscarlo expresamente. De este modo, lo que inicialmente puede parecer contenido provocador o humor negro evoluciona rápidamente hacia imágenes de violencia extrema, autolesiones, explotación sexual infantil o instrucciones para cometer delitos.
Además, el ecosistema emplea lenguaje codificado, emojis y referencias culturales que dificultan a padres, profesores e incluso investigadores interpretar el verdadero significado de muchas conversaciones.
El objetivo último no les sorprenderá: trasladar progresivamente a las víctimas desde plataformas abiertas hacia foros privados y canales cerrados donde comienza el proceso de radicalización, manipulación psicológica y extorsión.
Tiroteos, asesinatos, abuso sexual y satanismo
Porque no olvidemos nunca que la actividad de 'The Com' va mucho más allá del ámbito exclusivamente digital. Europol describe al respecto un extenso catálogo de delitos que combina ciberdelincuencia con violencia en el mundo real.
Por citar sólo algunos: intrusiones informáticas; campañas de extorsión; robo y publicación de información personal (doxing); falsas alertas a los servicios de emergencia (swatting); manipulación psicológica de menores; producción y distribución de material de abuso sexual infantil; incendios provocados; agresiones en la vía pública; apuñalamientos; tiroteos; e incluso asesinatos por encargo promovidos desde internet.
Y si no fuera suficiente, los investigadores han localizado manuales completos elaborados por distintos grupos que enseñan cómo cometer ataques, fabricar explosivos improvisados, captar menores vulnerables, llevar a cabo campañas de extorsión o ejecutar diferentes delitos. Unos documentos que, a la sazón, funcionan como auténticos manuales de adoctrinamiento criminal y facilitan que nuevos integrantes reproduzcan los mismos patrones de actuación sin necesidad de pertenecer a una organización formal.
¿Por qué no escapan las víctimas cuando ven la verdadera naturaleza de esta "comunidad"? Lo que la policía ha detectado es que los sujetos suelen permanecer bajo el control de los agresores mediante distintas formas de sextorsión y chantaje continuado, lo que dificulta enormemente abandonar estos grupos al igual que sucede en las redes de tráfico de personas o de extorsión tradicional.
Sin obviar el papel que juega el sentimiento de pertenencia a la comunidad, materializado en sus propios códigos de honor y pactos de sangre. Literalmente, puesto que la Europol ha detectado en este entramado numerosas inscripciones o dibujos realizados con sangre donde aparece el alias del extorsionador y la afiliación al grupo. Al igual que se han encontrado los llamados cut-signs, en los que las víctimas son obligadas a grabarse con cortes el nombre del agresor sobre su propio cuerpo para fotografiar o grabar posteriormente las heridas y compartirlas dentro de la comunidad.
La apelación a la sangre y a estas imágenes diabólicas no es aleatoria. La red también recurre con frecuencia a simbología satánica para incrementar el impacto psicológico de sus contenidos e incluso algunas facciones incorporan además iconografía y terminología de la extrema derecha violenta, tanto por convicción ideológica como por su capacidad para provocar y atraer nuevos seguidores.