Beatriz Arias, directora de Transformación Digital de DigitalES

Beatriz Arias, directora de Transformación Digital de DigitalES

Opinión ALMA DIGITAL, CEREBRO INNOVADOR

El ecosistema cuántico como instrumento de diplomacia tecnológica

Beatriz Arias
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Durante años, las tecnologías cuánticas han sido percibidas como un horizonte científico lejano, asociado principalmente a laboratorios de investigación. Sin embargo, algo está empezando a cambiar. En el Mobile World Congress 2026 quedó patente que la industria tecnológica global ya se está preparando para una transición que afectará directamente a uno de los pilares de la economía digital: la seguridad de las comunicaciones y de los datos.

El motivo es claro. Si los ordenadores cuánticos alcanzan el nivel de desarrollo que muchos expertos prevén en las próximas décadas, podrán romper buena parte de los sistemas de cifrado que hoy protegen Internet, las telecomunicaciones o las infraestructuras críticas. Esto no significa que ese escenario vaya a producirse mañana, pero sí que las redes deben empezar a prepararse hoy.

En realidad, esa transición ya ha comenzado.

En el MWC 2026, tres ámbitos concentraron buena parte de la conversación sobre tecnologías cuánticas: la criptografía postcuántica, las comunicaciones cuánticas y la computación cuántica aplicada a telecomunicaciones.

Cada uno aborda el desafío desde perspectivas distintas, pero todos comparten un mismo objetivo: garantizar que las redes y los sistemas digitales sigan siendo seguros en un mundo donde la computación cuántica sea una realidad.

La criptografía postcuántica busca desarrollar algoritmos capaces de resistir ataques tanto de ordenadores clásicos como cuánticos. Al mismo tiempo, el concepto de infraestructuras quantum-safe plantea redes diseñadas para evolucionar sus mecanismos de seguridad conforme cambian las amenazas tecnológicas.

La urgencia responde también a un riesgo conocido como harvest now, decrypt later: datos cifrados hoy podrían ser interceptados y almacenados para ser descifrados en el futuro cuando existan ordenadores cuánticos suficientemente potentes.

Por este motivo, el debate no gira únicamente en torno a la investigación científica, sino a cómo adaptar las infraestructuras digitales actuales para que sigan siendo seguras dentro de diez o veinte años.

En este contexto global, España se encuentra en una fase clave de posicionamiento en tecnologías cuánticas. La Estrategia Nacional de Tecnologías Cuánticas 2025-2030 marca una hoja de ruta para fortalecer las capacidades del país en investigación, innovación y transferencia tecnológica.

Entre las iniciativas en marcha destacan los programas de colaboración público-privada impulsados por Red.es, que han destinado diez millones de euros para que empresas exploren casos de uso reales de tecnologías cuánticas.

Así empiezan a surgir proyectos aplicados en sectores estratégicos como salud, energía o telecomunicaciones, lo que demuestra que estas tecnologías comienzan a explorar su impacto en la economía real.

Nos encontramos, en definitiva, en una fase de desarrollo piloto, en la que el reto consiste en transformar el conocimiento científico existente en aplicaciones industriales concretas.

Anticipar la próxima transición tecnológica exige algo más que investigación o inversión puntual. Requiere vertebrar un ecosistema diverso de actores -empresas, centros de investigación, startups, operadores y administraciones públicas- capaz de actuar de forma coordinada y estratégica.

Ese ecosistema no solo es clave para acelerar la innovación. También constituye, en la práctica, una herramienta de diplomacia tecnológica.

En un contexto internacional en el que las tecnologías emergentes están redefiniendo equilibrios económicos y geopolíticos, disponer de capacidades propias y de una comunidad industrial y científica conectada permite participar en la definición de estándares, en alianzas tecnológicas y en las decisiones que marcarán el desarrollo de las infraestructuras digitales del futuro.

Por eso resulta fundamental impulsar instrumentos que permitan mapear, conectar y activar a los distintos actores del ecosistema, facilitando la colaboración y acelerando la transferencia tecnológica.

Uno de los elementos clave para avanzar en esta dirección es comprender el estado real del ecosistema cuántico en España. Aproximadamente el 42% de los actores se dedica principalmente a investigación y desarrollo, mientras que un 48% trabaja en aplicaciones o soluciones orientadas al mercado, y el resto combina ambas actividades.

Esto refleja que España cuenta con una base científica sólida, aunque buena parte del ecosistema todavía se encuentra en fases iniciales de industrialización.

En cuanto a las áreas tecnológicas, la computación cuántica concentra más de la mitad de la actividad (54,2%), seguida de comunicaciones y criptografía cuántica (15,6%) y sensórica y metrología cuántica (13,2%), mientras que un 16,8% de los actores opera en varias áreas simultáneamente.

Con una base científica consolidada, un ecosistema emergente que combina investigación y aplicación práctica, y una creciente cooperación entre industria, centros de conocimiento y administraciones públicas, nuestro país está sentando las bases para participar activamente en la revolución cuántica.

Y es que en la transición hacia la era cuántica, además de seguir la evolución tecnológica global, tenemos la oportunidad de anticiparla y contribuir a construirla.

**** Beatriz Arias es directora de Transformación Digital de DigitalES.