Valentín Pinuaga, Managing Director de Equinix España.
Equinix inaugura la próxima semana MD5, un centro de datos que corona una inversión de 460 millones de euros
El 80% de los proyectos en lista de espera para el nuevo edificio son de alta densidad, anticipa Valentín Pinuaga, su nuevo director general en España.
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El próximo 22 de mayo, Equinix España inaugurará un nuevo centro de datos en el campus de Alcobendas. Una obra colosal de nuevo cuño con una potencia instalada de 9,6 megavatios en su configuración definitiva (cuatro megavatios disponibles en esta primera fase de arranque), diseñada específicamente para alojar cargas de inteligencia artificial y densidades muy superiores a las de sus predecesores.
Así lo adelanta Valentín Pinuaga, Managing Director de Equinix, a DISRUPTORES - EL ESPAÑOL. La distinción importa, porque MD5 fue concebido desde el diseño para una densidad energética radicalmente distinta a la habitual que se aloja en esta clase de edificios. "El 80% de los proyectos encolados para entrar en MD5 son de densidades muy altas", detalla.
Mientras que los centros tradicionales del campus de la firma seguirán absorbiendo las cargas más convencionales (bases de datos, servicios cloud estándar, colocation clásico), el nuevo MD5 asume el tráfico de alta densidad que el mercado está empezando a generar.
Lo que hay detrás de esa frase es una transformación profunda en la ingeniería de los centros de datos. Las cargas de IA, con sus aceleradores GPU y sus racks de altísima densidad energética, no se refrigeran igual que un servidor convencional.
"Los sistemas de refrigeración son completamente distintos", explica Pinuaga. "Tienes que refrigerar con circuitos cerrados, con refrigeración líquida directa, dejar espacios entre racks. Cambia bastante el diseño y la arquitectura de cara al futuro". El directivo no oculta cierta perplejidad ante los anuncios más extremos del sector: "El otro día estuve viendo lo que Nvidia anunciaba, de racks de 600 kilovatios de consumo. Y digo: eso es inviable, no lo puedes poner en un centro de datos habitual porque tendrías una superficie gigante con sólo seis racks y ya está. Se ha terminado el centro de datos".
Lo que está viendo Equinix en España no son, por ahora, grandes proyectos de entrenamiento de modelos fundacionales. Lo que está llegando a Alcobendas es otra fase del ciclo: la inferencia distribuida.
"Las compañías que están entrenando estos modelos no son españolas, la mayor parte son americanas", explica Pinuaga. "Ellos los entrenan allí, y cuando los tienen desarrollados y probados, los despliegan en las zonas más cercanas a los puntos de consumo". Son, en muchos casos, empresas pequeñas, añade el directivo, startups que han desarrollado modelos especializados para un sector o que ofrecen GPU como servicio que buscan latencia baja, conectividad densa y presencia local.
España, mercado emergente con ambición
La apertura del MD5 corona una trayectoria de inversión de Equinix en nuestro país que arrancó en 2017 con la adquisición de Itconic -y sus dos centros de datos en Alcobendas, MD1 y MD2, germen de todo lo posterior- y que ha ido sumando desde entonces otros dos centros (MD6 y MD3x), ahora completados con este MD5 a punto de ser presentado al mundo, en una inauguración a la que acudirá la presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso.
El resultado es un campus que, junto con los dos centros de Barcelona, convierte a Equinix en el operador de colocation de referencia en la Península Ibérica.
La hoja de ruta de expansión sigue ese mismo vector, coronada con la inversión de 460 millones de euros reconocida el año pasado por la Comunidad de Madrid como Proyecto de Especial Interés para estos nuevos centros en Alcobendas —el siguiente ya está en cartera aunque pendiente de aprobación formal de inversión interna de la empresa, como reconoce Pinuaga, y también a Barcelona.
"En Barcelona la expansión es más sencilla porque los terrenos adyacentes siguen siendo nuestros, y los volúmenes de inversión no son tan altos, lo que requiere procesos de aprobación más sencillos dentro de la multinacional", apunta a renglón seguido. El perfil de cliente en la ciudad condal es diferente al de Madrid: menos banca, más ciencias de la salud, industria farmacéutica y cargas de IA con un sesgo sectorial distinto: "Seguimos siendo el mismo mercado, pero en áreas metropolitanas distintas, la demanda se perfila de una manera diferente".
El argumento que sostiene esa apuesta es geográfico antes que económico, ya que España es un importante nodo de tránsito. "La Península Ibérica es una zona donde aterrizan los cables submarinos que vienen del Atlántico, del norte de África, y hay alguno que aterriza en el Mediterráneo. Eso significa que tenemos mucho tráfico de datos en general, y eso para el mercado de centros de datos es un elemento que atrae inversión".
A esa posición de cruce se suma el efecto gravitatorio de la propia concentración de infraestructura: "Esto es como lo de las calles donde tienes una tienda; al día siguiente te ponen otra. En el momento en que empiezan a proliferar centros de datos alrededor de los puntos de interconexión, funcionan como polos de atracción". Madrid, en ese mapa, aspira a convertirse en el hub de interconexión del sur de Europa: un nodo que no solo sirve la demanda local, sino que absorbe cargas de mercados internacionales que encuentran en la capital española una alternativa a los grandes nodos centroeuropeos (FLAP) saturados.
Más allá de esas dos ciudades, el foco no se moverá. Equinix está explorando emplazamientos alternativos dentro de la Comunidad de Madrid (en la zona suroeste, aunque Pinuaga no puede precisar más por los acuerdos de confidencialidad firmados con los propietarios de los terrenos) para aliviar la presión energética de Alcobendas, pero sin abandonar el perímetro metropolitano de la capital. Añade el ejecutivo que los hiperescalares pueden permitirse ir a Aragón o a Castilla-La Mancha en busca de suelo barato y acceso a energía, pero los operadores de colocation, no: "Para nosotros la interconexión es el elemento clave de donde apalancar el valor añadido del servicio. Ir al campo no nos vale".
Valentín Pinuaga lleva tres meses al frente de la filial española de la compañía, tomando el relevo de Eulalia Flo -ahora en posiciones internacionales de la compañía-, tomando las riendas de uno de los mercados que la compañía ha clasificado internamente como "en expansión", una categoría que en la jerga corporativa de Equinix significa algo preciso.
"Dentro de los mercados emergentes, lo que se miran son las posibilidades que tiene cada uno. Y el de Madrid está considerado un mercado en expansión, es decir, un mercado de oportunidades en el que se pueden desarrollar cosas más allá de lo que se ve en los mercados tradicionales", explica el directivo.
La energía: el gran cuello de botella
Si hay un tema que trae de cabeza a Valentín Pinuaga -al igual que a muchos de sus colegas del sector- es el acceso a la energía. Y es que, la limitación para construir más en Alcobendas no es el capital ni el suelo, sino la red eléctrica.
"Cuando pides puntos de acceso, la distribuidora te pone muchas dificultades porque la red está muy saturada", describe, antes de añadir que la saturación de las colas de acceso se debe en parte a nuevos actores que han solicitado puntos de conexión sin intención real de construir.
"Ves por ahí anuncios de no sé cuánto van a hacer un centro de datos y lleva meses, incluso años, parado. De vez en cuando mueven tierras, pero no hay ningún desarrollo, y sin embargo probablemente tengan bloqueado el acceso a la energía", denuncia.
Es por ello que estima positiva la legislación que está trabajando el Gobierno (que imponen cánones por esa reserva de suministro y mecanismos para penalizar las reservas de energía no ejecutadas), aunque insuficiente en su alcance: "Espero que libere bastante las colas en los próximos seis meses. Portugal ha sido un poco más ambicioso y la han liberado prácticamente ipso facto; tardaron un mes en hacerlo".
Lo que no le convence es otro elemento del decreto: la idea de que los centros de datos puedan o deban construir su propia generación para los momentos de pico de demanda. "A nosotros eso no nos vale, porque nosotros vendemos firmeza y no podemos levantar infraestructuras energéticas en áreas urbanas. Igual que no se le puede decir a un banco o a un hospital que se apague en un momento de pico y luego continúe, tampoco ningún operador de colocation con algo de prestigio puede ir con ese modelo de servicio".
"El reto consiste básicamente en invertir en la infraestructura de distribución. En eso consiste todo esto: coger y poner dinero e invertir. No se va a arreglar pasado mañana, pero cuanto antes empecemos, antes lo arreglamos", sentencia Valentín Pinuaga. La pregunta que él mismo se hace -y que reconoce que no le corresponde responder- es quién paga esa inversión: si los consumidores, los grandes demandantes, o el Estado. Lo que sí tiene claro es la condición de entorno: "Una buena política energética es una que no cambia en función del gobierno que entre, y que nos genere seguridad jurídica. Si las normas me cambian un día sí y otro no, o las tarifas suben y bajan, eso no genera un elemento de confianza para atraer capital al país."
Consolidación y soberanía
Pinuaga apunta además a lo que él considera inevitable en el sector, esto es, una oleada de consolidación cuando los fondos de inversión de ciclo corto empiecen a salir.
"Estoy seguro de que en el momento en que los fondos de inversión se empiecen a retirar, va a haber un proceso de consolidación. Es que no me cabe ninguna duda, porque la economía funciona así". Frente a ellos, compañías como Equinix -cotizada en bolsa desde hace 27 años, con capital estructural y vocación de permanencia- representan otro perfil: "Nosotros no tenemos ninguna intención de cambiar nuestro modelo", dice. Y aunque no lo dice explícitamente, la implicación está clara: cuando llegue la consolidación, Equinix jugará un papel protagonista en ella.
Y si las arenas se van a volver movedizas cuando se acabe el dinero fácil, en el plano político ya es suficientemente convulso en la actualidad. Para muestra, sirva el plano de la soberanía digital, donde el directivo observa cómo la geopolítica ha movido el suelo bajo los pies de muchas organizaciones en España y Europa en la gestión de sus datos. Con la llegada de la administración Trump al poder en Estados Unidos (con su política exterior imprevisible y su cuestionamiento de las garantías transatlánticas) se ha acelerado esta conversación que antes era meramente teórica.
"Lo que antes dabas por hecho, esto es que los americanos son nuestros amigos y que nunca habrá una normativa que vaya en contra de los intereses de Europa, de repente nos hemos dado cuenta de que ese estatus quo ha cambiado". El resultado es una demanda creciente de garantías de localización de datos, especialmente en el sector público. "En ese aspecto, preocupaciones, cero", dice Pinuaga. "Nosotros estamos en España y cumplimos la legislación española. No tiene más discusión".