Cuando la investigación sale del laboratorio: un recorrido por la ciencia que marcó 2025

Cuando la investigación sale del laboratorio: un recorrido por la ciencia que marcó 2025 Freepik

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Cuando la investigación sale del laboratorio: un recorrido por la ciencia que marcó 2025

Un repaso a los avances científicos, proyectos y entrevistas que, a lo largo del año, han mostrado en DISRUPTORES - EL ESPAÑOL el impacto real de la investigación aplicada en salud, energía o medioambiente.

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Las claves

La inteligencia artificial y la computación cuántica han sido protagonistas en 2025, destacando su aplicación en salud, energía y gestión ambiental.

Proyectos científicos han pasado del laboratorio al mercado, abordando retos como la conservación marina, la predicción de olas de calor y el desarrollo de alimentos sostenibles.

La investigación biomédica avanza con tratamientos personalizados, como los gemelos digitales y nuevos materiales para la medicina, y herramientas de prevención apoyadas en IA.

El debate ético sobre el uso de datos, la gobernanza tecnológica y la retención de talento investigador se intensifica ante el impacto social y económico de la innovación.

En DISRUPTORES - EL ESPAÑOL abordamos el mundo de la investigación no como un experimento de laboratorio, sino como un ejercicio práctico. Con historias que analizan el auténtico potencial de los avances científicos y siempre con una mirada crítica.

Reportajes y entrevistas que cuentan cómo la tecnología y la innovación permiten resolver problemas, a quién afecta, cuándo y por qué. Es ciencia aplicada, como motor de transformación social y económica, en su debido contexto y como herramienta esencial para hacer frente a los desafíos globales.

Sin duda, 2025 ha sido un año en el que la inteligencia artificial ha vuelto a ser protagonista y clave para la ciencia, mientras la computación cuántica empieza a despertar entusiasmo en sectores como la salud o la energía.

En paralelo, los datos y su gobernanza han marcado el paso al cruzarse con la regulación y la soberanía tecnológica. Todo ello en un escenario cada vez más complejo de competencia entre Europa, Estados Unidos y China, y que también condiciona lo que ocurre en el mundo de la investigación.

Para aterrizar todo ello, durante estos 12 meses hemos dado voz a avances científicos con impacto real, a investigadores e investigadoras con una reconocida trayectoria y a jóvenes y prometedores talentos, así como a proyectos que saltaron de las pruebas de concepto al mercado.

IA aplicada al territorio

El año comenzó con un reportaje en el que ya se ponía de manifiesto cómo la inteligencia artificial y los datos son fundamentales para acelerar la solución a problemas concretos, sobre todo cuando los métodos tradicionales elevan los costes o ralentizan los procesos.

En este caso, contábamos su utilidad para monitorizar praderas de posidonia oceánica mediante el análisis de imágenes por satélite y el estudio del fondo marino. Una información útil para tomar medidas que ayuden a conservar estos entornos protegidos y hacer frente a las consecuencias del cambio climático.

Entre las historias de este año, también hemos contado cómo la IA se ha utilizado para anticipar fenómenos extremos, como las olas de calor o el aumento de la contaminación a causa del tráfico, especialmente en espacios urbanos cada vez más poblados. Casos que ponen de manifiesto cómo la ciencia empieza a formar parte de las políticas públicas y gestión del territorio.

A esta línea de investigación aplicada al territorio se sumó el proyecto liderado por la investigadora Ariadna Mechó, desde el Barcelona Supercomputing Center, que integra exploración submarina, sensores y capacidad de cálculo para obtener datos críticos sobre la evolución de los ecosistemas marinos y su relación con el calentamiento global.

Y entre el despliegue de proyectos en la costa, la solución SEActive integra sensores multiparamétricos y biosensores para medir en tiempo real temperatura, pH, turbidez, conductividad y presencia de bacterias comoE. coli.

Ese mismo enfoque de ciencia aplicada aparece en investigaciones que buscan respuestas a retos globales como el hambre. El uso de macroalgas e insectos como nuevas fuentes de proteína abre una vía para replantear los sistemas alimentarios desde la sostenibilidad, la eficiencia y la seguridad alimentaria.

Datos y salud personalizada

Si el medioambiente es una cuestión que preocupa, y mucho, la salud es otra de las mayores áreas objeto de interés de la ciencia. En este sentido, el desarrollo de tratamientos personalizados sigue siendo uno de los ejes de la investigación sanitaria.

Un buen ejemplo de ello es el desarrollo de gemelos digitales capaces de reproducir con precisión órganos humanos y ayudar a predecir la respuesta a determinados tratamientos. Una línea de trabajo en la que destaca uno de nuestros Personajes Únicos de 2025, Natalia Trayanova, investigadora de la Universidad Johns Hopkins, que nos contó cómo la aplica.

Junto a los tratamientos dirigidos, se abren nuevas vías para la prevención. En el caso de dispositivos capaces de analizar en tiempo real parámetros fisiológicos a partir del sudor o de otros indicadores biológicos, como los desarrollados por equipos del CSIC, para monitorizar la salud de deportistas y extenderlos a la medicina preventiva.

En este ámbito biomédico, 2025 también dejó ejemplos del estudio de nuevos materiales. Isabel Abánades, investigadora de la Universidad de Valencia, nos explicó qué son los MOFs y cómo pueden atacar problemas como el cáncer o el agua contaminada; mientras que, gracias a BT Skin, supimos de un gel que imita la matriz natural de la piel para favorecer el crecimiento celular y acelerar la cicatrización.

La idea de “médico tecnólogo” llegó desde Galicia con Adrián Mosquera, del Instituto de Investigación Sanitaria de Santiago (IDIS), que lidera un grupo de trabajo que conecta genómica, IA y medicina de precisión para construir herramientas que mejoren las decisiones clínicas.

A estos avances se sumaron proyectos centrados en el uso de inteligencia artificial en imagen médica y diagnóstico asistido, desarrollados por hospitales públicos y centros de investigación españoles.

También hemos dado visibilidad al trabajo de jóvenes investigadoras como Gabriela Asturias, Premio Princesa de Girona. Su logro es sacar adelante un proyecto para crear asistentes de salud pública apoyados en tecnología y pensados para mejorar el acceso a la atención sanitaria en contextos vulnerables de su país, Guatemala.

Cuántica y energía

La computación cuántica también ocupó un lugar destacado en la agenda. En 2025 tratamos, en un extenso monográfico, sus avances reales, sus límites y los retos técnicos que deben resolverse para llevarla del laboratorio a aplicaciones prácticas.

Asimismo, se ha puesto de manifiesto que Estados Unidos y China se disputan el liderazgo en patentes cuánticas, mientras Europa avanza de forma fragmentada y todavía lejos de alcanzar la hegemonía tecnológica en este terreno.

Juan Ignacio Cirac, el español conocido como “el padre de la computación cuántica” e investigador del Instituto Max Planck, insistió a su vez, en la entrevista concedida a este medio, en la necesidad de corregir errores antes de hablar de escalado industrial. Su trayectoria le ha hecho merecedor del premio DISRUPTORES Innovation Awards 2025 al Mejor Investigador.

Esa prudencia de Cirac es compartida por la propia industria cuántica, que reclama inversión sostenida y colaboración para lograr impacto económico real. Visión que conecta con la trayectoria de Serge Haroche, Nobel de Física. Esta autoridad en la materia recomienda “observar el mundo cuántico sin destruirlo” y que encarna una forma de hacer ciencia basada en la precisión, el tiempo y el respeto por los límites físicos, tal y como él mismo nos contó durante una de sus visitas a Madrid.

Este año también ha sido objeto de interés uno de los desafíos más acuciantes de las energías renovables: las tecnologías para su almacenamiento, imprescindibles para la transición verde.

El trabajo del ingeniero Antoni Forner, que lidera un equipo de electroquímica en la Universidad de Eindhoven, está dirigido al desarrollo de baterías de hierro-aire para aprovechar mejor la energía renovable. Un proyecto que encaja en esa carrera por llevar la innovación desde el laboratorio a la economía real y que le ha valido el Premio Princesa de Girona a la Investigación de este año.

Ética y gobernanza

La mirada crítica sobre la tecnología también ha estado muy presente en entrevistas como la de Verónica Bolón, Premio Nacional de Investigación para Jóvenes (2024) y profesora titular en la Universidad de A Coruña. Un galardón que reconoce su trayectoria centrada en una inteligencia artificial rigurosa, aplicada y consciente de sus límites.

Su trabajo está centrado en diseñar modelos más eficientes, menos dependientes de grandes volúmenes de datos y con menor consumo computacional, una vía clave para reducir el impacto ambiental de la IA y hacerla más accesible, lejos de los grandes titulares.

Una idea que conecta con la visión de Gary Marcus, científico "azote de los vendehúmos de Silicon Valley", que alerta en la entrevista que concedió a DISRUPTORES -EL ESPAÑOL, del hype alrededor de la IA y subraya que la gobernanza ya es urgente.

Desde la falta de transparencia sobre los datos de entrenamiento y los sesgos que pueden perpetuar, hasta los dilemas sobre derechos de autor o la concentración de poder en unas pocas corporaciones que condicionan la ciencia y la regulación.

Tras el verano, también dábamos cuenta del proyecto europeo Search que, a partir de indicadores biomédicos de calidad, está fabricando datos sintéticos para desarrollar herramientas médicas basadas en IA, respetando el anonimato y la privacidad.

Una derivada que se amplía cuando la tecnología se adentra en ámbitos especialmente sensibles, como la neurociencia. En este caso, junto al trabajo técnico, es imprescindible tener en cuenta las cuestiones éticas y legales, por el valor de los neurodatos y la necesidad de crear marcos para su protección.

Cuestiones todas ellas que también pasan por cómo se cuida y retiene el talento investigador, una idea defendida por Eugenio Oñate, Premio Nacional de Investigación, que recordó que sin condiciones estables para los científicos mejor formados no hay innovación sostenible ni progreso a largo plazo.

Lo más destacado de 2025

Durante estas semanas, estamos recopilando y repensando algunas de las historias que han marcado el 2025 en nuestro campo, el de la innovación y la digitalización. Un análisis que busca trazar líneas de pensamiento, ver más allá de la vorágine cotidiana y establecer puntos de partida para la opinión pública de cara a los futuros que nos aguardan, tan prometedores como inciertos: