Los top semanales del Índice de la Digitalización.

Los top semanales del Índice de la Digitalización. Pexels

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Los top semanales del Índice de la Digitalización: robots que se inspiran en el origami para desplazarse sin motor

La transformación de plásticos en hidrógeno y la cicatrización de heridas de forma ágil con un parche inteligente figuran también entre las innovaciones de esta semana.

Más información: Wake Up Box: la nueva herramienta para el 'reskilling' permanente de los líderes empresariales

Guillermo R. Gil
Publicada
Las claves

Las claves

Investigadores de Princeton han creado robots inspirados en el origami que se desplazan y modifican su forma sin motor, gracias a materiales programados e impresión 3D.

Estos robots pueden tener aplicaciones en el ámbito sanitario, como implantes médicos o administración localizada de fármacos, y en la exploración de entornos peligrosos.

Destacan otras innovaciones como un parche inteligente que acelera la cicatrización de heridas y un reactor solar que convierte plásticos difíciles de reciclar en hidrógeno limpio y compuestos útiles.

Un robot desarrollado por la Universidad Técnica de Múnich automatiza la recolección de espárragos, identificando cultivos maduros en tiempo real mediante cámaras y algoritmos.

La capacidad de adaptarse a los cambios ha sido siempre una condición esencial para la supervivencia de los seres vivos, y también una de las claves que explican por qué algunas tecnologías funcionan y otras no.

De hecho, en el empeño por replicar esa habilidad innata de acomodarse a cualquier entorno, investigadores de la Universidad de Princeton, en Estados Unidos, han creado una nueva generación de robots que modifican su forma y se mueven sin motor ni sistemas complejos, exhibiendo una versatilidad que los hace útiles en sectores muy diversos.

Un buen ejemplo de ello son sus posibilidades en el ámbito sanitario, donde estos robots podrían funcionar como implantes médicos o contribuir a la administración localizada de fármacos dentro del cuerpo, a la vez que la habilidad de modificar su forma los hace especialmente eficaces para la exploración de entornos peligrosos o irregulares.Todo gracias a un diseño inspirado en el origami y a su fabricación con materiales que oscilan entre lo rígido y lo blando, características que les permiten plegarse, desplegarse y ejecutar movimientos con gran precisión.

Esta es solo una de las innovaciones que reúne esta semana Wake Up BOX, la herramienta de reskilling que aloja el índice de digitalización Inndux 500 y publica los análisis más completos de decenas informes internacionales, agrupados en el Consenso de Tendencias.

En el top 10 de esta semana, y además de los nuevos robots que modifican su forma y se adaptan al entorno, figuran también un parche inteligente que acelera la cicatrización de heridas, un reactor solar que transforma plásticos difíciles de reciclar en hidrógeno limpio y químicos útiles, y soluciones que avanzan hacia la automatización en la recolección de cultivos.

Robots que se pliegan y despliegan como el origami

El funcionamiento de los robots desarrollados en la Universidad de Princeton se sostiene gracias a un polímero especial cuya estructura interna se programa e imprime en 3D. De este modo, los investigadores pueden controlar de antemano cómo se doblará el material al activarse, una característica que se suma a la integración de circuitos electrónicos, que generan calor de forma localizada al recibir electricidad. Este mecanismo es el que activa las ‘bisagras’ internas que desencadenan el movimiento sin necesidad de motores.

Además, para asegurar la precisión de los robots y que los movimientos realizados puedan repetirse, el sistema incorpora sensores de temperatura que ajustan su comportamiento en tiempo real y corrigen pequeñas desviaciones. De hecho, durante su testeo, los primeros prototipos ya han demostrado que pueden ejecutar secuencias de movimientos de manera ininterrumpida y sin dar muestras de degradación ni deformaciones, un resultado que indica el camino para el desarrollo de robots más ligeros y adaptables.

Además, y sin dejar de lado la robótica, investigadores de la Universidad Técnica de Múnich (TUM) han creado un robot que aborda uno de los retos más persistentes en la agricultura, como es la recolección de cultivos de manera automatizada. En concreto, este desarrollo se centra en el espárrago por su dificultad a la hora de cosecharlo, dado su crecimiento irregular y el tipo de terreno en el que se cultiva. Aún con estos condicionantes, el robot de la Universidad Técnica de Múnich puede desplazarse por el campo mientras identifica y localiza los cultivos maduros en tiempo real con cámaras y algoritmos, todo ello a velocidades competitivas.

Parches inteligentes que aceleran la cicatrización

Por otro lado, la cura de heridas podría dar un salto significativo con el desarrollo de nuevos parches flexibles e inteligentes que ajustan el tratamiento por sí solos. Estos dispositivos, creados por un equipo de científicos liderado por el Instituto Avanzado de Ciencia y Tecnología de Corea (KAIST), incorporan tecnología OLED que emite luz de baja intensidad directamente sobre la herida, una característica que estimula la regeneración celular y que, además, activa de forma indirecta la liberación del fármaco.

Asimismo, la cantidad del medicamento se expulsa de forma adecuada gracias a moléculas que actúan como interruptores cuando la luz incide sobre el tejido dañado. De este modo, la propia intensidad de la luz regula automáticamente la dosis, ajustando el tratamiento sin necesidad de intervención externa. Su eficacia ya ha sido probada, y se ha demostrado que este enfoque duplica la velocidad de cicatrización y mejora la calidad del tejido regenerado. Además, el parche se adapta a la piel y resulta seguro en usos prolongados.

Por último, y también en Europa, un equipo de la Universidad de Cambridge ha desarrollado un reactor impulsado por energía solar capaz de descomponer plásticos difíciles de reciclar, como botellas, textiles de nailon o espumas, gracias a un inesperado ingrediente: el ácido procedente de baterías de coche usadas. El sistema, así pues, reduce estos residuos y los transforma en hidrógeno limpio y compuestos químicos de valor industrial, dando lugar a un escenario circular en el que un desecho ayuda a reciclar otro.

El proceso, de hecho, combina ese ácido para romper las largas cadenas del plástico en moléculas más simples que, después, se convierten en hidrógeno y sustancias como el ácido acético al exponerse a la luz solar con un catalizador, especialmente diseñado para resistir condiciones corrosivas. En ensayos llevados a cabo en laboratorio, el reactor ya ha demostrado ser estable durante más de 260 horas y funcionar con distintos tipos de plásticos.