Cierra los ojos e intenta moverte por el espacio donde te encuentras ahora mismo. Si es un lugar familiar, tendrás algunas referencias que te ayudarán a desplazarte, además de contar con una imagen de lo que hay alrededor que facilita ponerse en situación. Hacer eso mismo en un recinto cerrado y desconocido produce desorientación y más de un traspié.

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Este ejercicio pone a prueba la falta de autonomía de las personas que carecen del sentido de la vista. Aunque saben moverse en espacios abiertos y conocidos, no ocurre lo mismo cuando entran en un edificio en el que nunca habían estado. Herramientas que les pueden servir de guía en otras situaciones, como las indicaciones por voz de servicios como Google Maps, se vuelen inútiles porque la señal de GPS no siempre tiene la intensidad suficiente para atravesar las paredes.

Para paliar esto, el Grupo ESALab (Expert Systems and Applications Lab) de la Universidad de Salamanca ha desarrollado SmartLazarus, una app que es capaz de conducir a personas invidentes en espacios cerrados. “Este sistema de localización permite identificar cualquier activo, ya sea una persona o un objeto, con una precisión de 15 centímetros”, explica Gabriel Villarrubia González, coordinador el proyecto, en conversación con D+I.

La solución, que funciona en la nube y ofrece acceso online bajo un modelo de Platform as a Service (PaaS), proporciona una planificación de rutas según el perfil del usuario, quien recibe instrucciones a través de locuciones para realizar su recorrido. “Para que la aplicación ‘conozca’ los obstáculos y elementos que hay un determinado espacio, se colocan unas pequeñas balizas –del tamaño de una caja de cerillas– equipadas con tecnología bluetooth. Son las que proporcionan la información de posicionamiento a la plataforma”, describe Villarubia.

Esto, junto a los sensores con los que cuenta cualquier teléfono móvil, como la brújula magnética, el acelerómetro y el giroscopio, permite a la aplicación calcular la posición del usuario en un entorno cerrado. “El sistema no requiere de una instalación complicada, ni costosa (aunque depende de las dimensiones del espacio). El propietario del edificio solo ha de colocar las balizas bluetooth, incluir los planos en la plataforma de SmartLazarus e indicar el nombre y lugar de cada elemento”.

Integración laboral y social

La aplicación se inicia automáticamente cuando el usuario entra en un inmueble equipado con la solución. En la práctica, la persona invidente puede saber qué objetos le rodean y moverse con más seguridad y confianza. Utilizando comandos de voz –ya disponibles en castellano, inglés, alemán y chino–, solo tiene que indicar a dónde quiere dirigirse y recibirá instrucciones en tiempo real para llegar a su destino.

“Hemos ampliado las funcionalidades para personas con movilidad reducida, de modo que la aplicación sea capaz de calcular la ruta más sencilla en función de cada perfil”, detalla Villarubia. Por ejemplo, al evitar incluir escaleras en el recorrido.

SmartLazarus ha sido seleccionada entre las más de 70 propuestas que se presentaron en la II Convocatoria de Ayudas a Proyectos de Investigación de Tecnologías Accesibles. Organizada por Indra y Fundación Universia, el objetivo de las ideas debe ser mejorar la integración laboral y social de las personas con discapacidad mediante el uso de la tecnología. 

“Los proyectos han de estar dirigidos al desarrollo de software, dispositivos, instrumentos o equipos que puedan ser utilizados por personas con discapacidad”, apunta Natalia Gómez Esteban, responsable de Acción Social de Indra. “SmartLazarus cumple con uno de los criterios más relevantes a tener en cuenta en este concurso, ya que el producto es gratuito y, además se trata de una solución open source, es decir, que el código de programación está abierto, de forma que facilita su modificación y adaptación posterior”.

Esta aplicación que ejerce de lazarillo digital ha superado las pruebas que le han puesto sus propios desarrolladores en la Universidad de Salamanca. El siguiente paso es iniciar su despliegue en hospitales y edificios públicos. Proyectos que, aunque ahora mismo es complicado llevar a cabo por la actual situación debido a las pruebas que se tienen que realiza in situ, esperan poder arrancar en breve.