Constituyen la parte de la era digital que nunca vemos. Los centros de datos son donde se construye la magia de internet, donde se alojan, procesan y distribuyen todos los servicios que consumimos en la actualidad a través de las distintas pantallas. Desde un simple correo electrónico hasta las grandes aplicaciones empresariales, pasando por las plataformas de 'streaming' como Netflix: todo se genera o pasa por estos lares.

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No es de extrañar que estemos asistiendo a una particular explosión de los centros de datos (CPD). Los grandes proveedores de la nube (AWS, Microsoft y Google) llevan tiempo desplegando sus instalaciones por todo el mundo. Incluyendo nuestro país, donde muchas de estas enseñas han anunciado planes para construir sus CPD, tanto en Madrid como en regiones más alejadas, como Aragón.

A ellos hay que sumar el rol que juegan los centros neutrales y de 'colocation', aquellos en donde distintas marcas instalan sus servidores para entregar servicios de forma local e interconectar distintas plataformas entre sí. Madrid juega ahí un papel protagonista en el despegue nacional, aprovechando las enormes infraestructuras de red y energía de que dispone la capital.

Según las cifras que maneja el sector, esta explosión de los centros de datos podría atraer una inversión directa de 3.000 millones de euros durante los próximos cinco años. Y otra adicional de 6.000 millones en el mismo período en necesidades de hardware y software para su puesta en marcha. A sumar unos 2.000 empleos imprescindibles para la construcción, operación y gestión de dichos centros.

Esa capacidad tractora de empleo es uno de los grandes alicientes de este despertar. Patricia Rodríguez Henríquez, al frente de los CPD de Microsoft desde Austria y miembro de la asociación Infraesctructure Masons, explica que "se está invirtiendo en toda Europa en gente formada, en gestionar ese talento. Están viniendo a España, pero no podemos quedarnos parados".

Rodríguez y otros nombres propios como Robert Assink (máximo responsable de Interxion) son optimistas al hablar con D+I pero anticipan algunas claves. "Los centros de datos en sí no tienen sentido: sin tecnología por encima no tienen sentido", explican desde la industria. Su valor radica, por tanto, en su poder para crear tejido y ecosistema innovador a su alrededor.

El ejemplo claro es Suiza: cómo un país más pequeño que el nuestro ha conseguido captar el doble de inversiones hasta el momento que España en la arena de los centros de datos. 

Tasas sin sentido

Los principales representantes de la industria de los centros de datos (Data4, DatacenterDynamics, Equinix, Global Switch, IMasons, Interxion, Quark y S4U) consiguieron hacer oír sus voces ante el Congreso de los Diputados este año. Además de exponerle a sus Señorías las bondades de apostar por este mercado, también les recordaron algunas de sus reivindicaciones históricas para solventar las trabas que enfrentan en su día a día.

Hay desde aspiraciones de gran calado -como un marco jurídico estable, mayor disponibilidad de recursos, mano de obra o accesos a telecomunicaciones y energía- hasta pequeños detalles que pueden resultar absurdos a primera vista. 

"Parte de las inversiones que realizamos se pierden por tener que adaptar nuestros centros de datos a normativas sin sentido", explican los líderes del sector. Un ejemplo claro es la obligación de construir un número mínimo de plazas de aparcamiento en relación al tamaño de sus instalaciones... pese a que el número de trabajadores sea muy inferior.

A esa minucia debemos añadir los impuestos sobre la construcción y obras, que dependiendo de la ciudad o comunidad autónoma tiene unos importes u otros. "Es un impuesto revolucionario. Tenemos que pagar un 4% cada vez que compramos algo", detallan.

O las tasas sobre electricidad, uno de los principales costes de un sector tan electrointensivo como es el de los centros de datos. Máxime cuando la mayoría de la energía que consumen estas instalaciones es renovable. "Por cada euro invertido en digitalización se evitan tres en emisiones de CO2", presumen. En datos más concretos, en los últimos años se ha multiplicado el tráfico de internet por cinco, la carga de TI por tres y, en cambio, el consumo energético se ha mantenido estable. ¿La razón? Las economías de escala y la modernización de los CPD más antiguos.

"Es demasiado ambicioso tener una ley propia para los centros de datos, pero sí que aspiramos a incluir referencias en la normativa como sector propio. Somos una parte troncal del mundo digital que, hasta ahora, era la gran olvidada", sentencian desde la industria. "Hace un par de años perdimos varias inversiones potentes por la legislación y no poder asegurar el suministro energético. No podemos volver a perderlas, esto tiene que ser algo estratégico para el país".