¿Cómo podemos vivir todos juntos en este contexto de cambio climático, crecimiento urbano, migración masiva, polarización política y desigualdades? Es la pregunta que plantea la edición de este año de la Bienal de Arquitectura de Venecia. A una porción de ella trata de responder un proyecto del grupo City Science del MIT Media Lab liderado por Gabriela Bila y Kent Larson -director de City Science- con otros miembros del departamento, incluidos tres investigadores españoles: Maitane Iruretagoyena, Guadalupe Babío y Luis Alonso.

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Hashim Sarkis, el Decano de la Escuela de Arquitectura y Planificación del MIT -que es también comisario de la Bienal- les invitó a participar con algún proyecto en el marco de la línea de investigación The power of WITHOUT en la que comenzaron a trabajar en 2019 de la mano de Norman Foster y su fundación. Una iniciativa que explora ‘el poder de no tener’ sobre la base de cómo las áreas en rápida urbanización del mundo están lidiando con un crecimiento autogestionado y sin planificación. Un modelo que se espera que sea imperante en solo unos años.

Bila, arquitecta y diseñadora, convirtió ese punto de partida en With(in) una investigación audiovisual sobre cómo vivimos en comunidad a través de la comida. El reto -cuenta la investigadora en videoentrevista con D+I- era tratar de entender las comunidades donde se forjan los asentamientos informales mediante la observación del proceso -común a toda cultura- de adquirir comida, prepararla y comer. Una investigación comparativa que mira a esos tres momentos como punto de descubrimiento y que conecta a barriadas en México, Nigeria y Egipto a través de tres mujeres.

With(in) - Immersive installation from gabriela bila on Vimeo.

“Como era de prever, era siempre una mujer la persona que se hacía cargo de la comida en la familia. Encontramos a nuestras protagonistas con ayuda de oenegés locales en cada una de las comunidades e hicimos seguimiento de cómo afrontaban la comida en un día laboral y en uno festivo. Lo de festivo entre comillas, porque no hay ni un solo día en que descansen, más bien trabajan diferente”, comenta Bila.

La investigadora filmó durante semanas a Eva (en Lomas del Centinela, Guadalajara, México), a Gihan (en Ezbet Khairallah, El Cairo, Egipto), y a MamaG (en Port Harcourt, Nigeria). ¿Qué encontró? La respuesta a su pregunta: ¿es posible leer una comunidad a través de su comida y las dinámicas en la mesa?

Así fue: “Encontramos que sí, que no solo era posible sino que lo era de maneras muy sorprendentes. En El Cairo, por ejemplo, se sientan todos muy juntos, comen con las manos y apenas puedes ver el mantel porque la mesa está llena de platos con comida. Allí la densidad es un valor, no tener espacios vacíos es sinónimo de abundancia, como opuesto a lo desértico. Algo similar sucede en la configuración de la comunidad, llena de casas las unas junto a las otras, donde apenas puedes ver las calles, que son pocas y muy estrechas”, sostiene Bila.

En la mesa de Gihan en Ezbet Khairallah (El Cairo, Egipto). Foto: City Science

Algo que llamó su atención es que ninguna de las tres mujeres tenía un lugar fijo donde comer cada día. Usaban mesas móviles, a menudo de plástico, pero todos los platos eran extremadamente tradicionales. Nada de comida rápida. “La propia mesa refleja la idiosincrasia característica de estas comunidades: el lugar es informal, construido con aquello que tienen más a mano, pero eso contrasta con la estabilidad y el soporte de los vínculos familiares y de la religión”, afirma la investigadora.

Instalación inmersiva en remoto

Tras el trabajo de campo, Bila plasmó ese material en un vídeo mapping artístico, jugando con proyectores de vídeo para visualizar las imágenes sobre la superficie de una maqueta. A la proyección visual sobre el modelo físico de las ciudades le añadió una banda sonora.

Con esos ingredientes, el equipo de City Science buscaba crear una obra de cine dinámico, con la idea de que cada persona pudiera interactuar con los vídeos y explorar el contenido por sí misma. “En realidad creamos, sin saberlo, una experiencia de ‘cine ampliado’ como forma de recrear los ambientes que habíamos filmado. Un espacio más allá de la película”, comenta Bila.

Su objetivo era tratar de hacer sentir al espectador parte de esos momentos. Sin embargo, las limitaciones de la pandemia impedían que la instalación pudiera ser totalmente dinámica. Como el equipo no podía ir a desplegarla físicamente como haría normalmente, tuvieron que adaptar el diseño a las normas anticovid-19. “Tuvimos que cambiar nuestro diseño y disposición iniciales. Ser informales en nuestra formalidad para construir una instalación en remoto. Hacer la pieza fácil de limpiar, evitar la interacción táctil…” explican Iruretagoyena y Alonso.

También tuvieron que buscar proveedores en Venecia para construir parte de la instalación. La otra parte la enviaron en barco. Un total de 40 piezas para la maqueta que fabricaron con una impresora 3D. Eso junto a un manual de instalación que Iruretagoyena preparó. “No podíamos usar mucha tecnología punta porque tenía que ser fácil de desplegar en la distancia”, comentan los investigadores.

Modelo físico de las ciudades, con piezas impresas en 3D. Foto: City Science

Tras casi dos años de trabajo, lo que comenzó con una pregunta de investigación acabó siendo un proyecto exploratorio sobre la condición humana. Aplicando una metodología para conectar datos cuantitativos a información y experiencias, el equipo de City Science acabó creando una nueva herramienta para contar realidades que son a menudo difíciles de explicar con datos. “Es una nueva forma de involucrarnos y conectar con la investigación pero también con las personas”, señalan.

Todo ello cristalizó en la tesis de Bila, que es en sí misma innovadora por su formato visual acompañada de episodios y de vídeos 360º, además de todo un arsenal de materiales extra. Uno de sus principales aprendizajes es que esa forma de recrear historias resulta muy próxima, especialmente cuando la narrativa se centra en comida.

La investigadora también considera importante reconocer el impacto del método de investigación en el resultado: “El investigador se convierte en un invitado al que cada protagonista quiere mostrar lo mejor que son capaces de hacer. No puedes esperar que eso refleje su día a día normal, pero es también una versión de sí mismas que quieren mostrar ahí fuera”, reflexiona la investigadora.

Otra de las lecciones que se lleva es la importancia de ser flexibles y de abrirse al azar ante un proyecto de este tipo. “En unas pocas semanas hubo muchísimos imprevistos, desde el fallecimiento del marido de MamaG hasta dificultades por invasiones policiales en las comunidades. No funciona hacer una planificación estricta como en otro tipo de investigaciones o proyectos”, comenta Bila.

Trabajo horizontal

La innovación de With(in) radica tanto en la forma de investigar como en la forma de narrar, con un nuevo formato de storytelling audiovisual. El equipo tiene previsto utilizar la metodología en futuras exposiciones. De hecho, preparan ya instalaciones de este tipo para otras instituciones de prestigio internacional -incluidas algunas con presencia en España- con planes de exponer en 2022.

Paralelamente, están recaudando fondos para llevar With(in) a las comunidades implicadas en Lomas del Centinela, Ezbet Khairallah y Port Harcourt, donde quieren reproducir el montaje de la Bienal de Venecia. El impacto de sus proyectos allí se puede apreciar -dicen- en una mayor visibilidad de las problemáticas de estos asentamientos informales para llamar la atención del gobierno y de las entidades que pueden ayudar a mejorar sus condiciones.

Lomas del Centinela (Guadalajara, México). Foto: City Science

Al equipo de City Science les ha traído muchos aprendizajes y vínculos emocionales. “Cuando creamos colaboraciones lo hacemos de forma muy horizontal y equitativa. Trabajamos con las comunidades en las barriadas igual que lo hacemos en cualquier otro sitio. Se trata de compartir y aprender, y de mostrarlo al mundo”, comentan las investigadoras e investigadores de City Science.

Rechazan mirarlos con la visión paternalista de que “son pobres a los que hay que decir lo que tienen que hacer”. “Lo que para nosotros es informalidad, para ellos es su normalidad”, afirman. También lo es su capacidad de crear, de la que a menudo no son conscientes hasta que surgen proyectos de este tipo. “Tenemos que abrir las miras a cómo podemos vivir juntos”, concluyen.