La insulina es la hormona que tiene la ”llave” para que la glucosa presente en la sangre pase al interior de nuestras células. La glucosa, por su parte, es el nutriente esencial de nuestro organismo, el ‘combustible’ para conseguir la energía que las células necesitan para realizar su trabajo. Cuando el páncreas no produce esa hormona aparece la diabetes, una enfermedad que afecta a 422 millones de personas en todo el mundo.

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Esta hormona, la insulina, no puede administrarse vía oral porque se degrada en el tracto gastrointestinal. Por eso hay que inyectarla directamente al torrente sanguíneo.  Un tratamiento bastante más incómodo y molesto.

Pero ¿no podemos proteger la hormona para poder tomarla como una pastilla? Es el reto que dicen haber superado científicos de la Universidad Tecnológica Nanyang (NTU) de Singapur.

Estos investigadores han diseñado una nanopartícula cuyo núcleo es un liposoma cargado de insulina que se recubre de capas de quitosano e insulina. El quitosano es una azúcar natural, una molécula que forma, por ejemplo, el caparazón de los crustáceos.

Con esta ‘armadura natural’ sería posible administrar vía oral la insulina  y conseguir que llegue a la sangre y alimente a las células.

En las pruebas que han realizado en laboratorio han demostrado que las nanopartículas son estables “al pasar por el estómago al intestino delgado con una mínima liberación de insulina, y es capaz de pasar a través de las paredes intestinales al torrente sanguíneo”, señalan desde la Universidad.

Los investigadores explican en su estudio que el gran secreto de este nuevo desarrollo es su diseño de “capas alternas de insulina y quitosano” en una nanopartícula de 200 nanómetros de tamaño (mil veces más pequeña que un grano de polen). “Cuando la nanopartícula de insulina entra en un ambiente ácido del estómago, sus capas comienzan a repelerse entre sí, lo que provoca la lenta liberación de insulina de la capa más externa”.

Como cuenta con suficiente recubrimiento, suficientes capas de insulina, puede recorrer el aparato digestivo liberando lentamente la hormona, y protegiendo el liposoma con la insulina del núcleo.

Esta investigación, que se ha publicado recientemente en la revista Nanoscale, puede sin duda conseguir la mejor alternativa a los ‘pinchazos’ diarios de insulina.