Cuando Xavier Marín (Rosas, 1973) tenía nueve años jugaba imaginando que creaba nuevos materiales para construir de una manera diferente cosas que ya existían. En su recuerdo están una fábrica de cristal subterránea o tejidos blandos para robots. Era un juego, pero también su sueño.

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Mientras daba rienda a su imaginación, le tocó estudiar automoción y electrónica para asegurarse un futuro laboral en el taller familiar de mecánica. Ni le gustaba, ni era buen alumno, así que con 20 años se fue a Barcelona donde, tras intentar estudiar Telecomunicaciones –no tenía la nota suficiente para acceder a la universidad– se decantó por la Informática.

“Me fue todo muy bien, tanto económica como socialmente”, reconoce Marín durante la conversación con D+I. Siempre vinculado al sector TIC, ha pasado por empresas como IECISA y gestionando proyectos en el Centro de Telecomunicaciones y Tecnologías de la Información (CTTI) de la Generalitat. Unos puestos en los que se sentía cómodo, “pero en los que me faltaba algo tangible que aportara valor a la sociedad”.

Hace cuatro años decidió cumplir el sueño de aquel niño que fue y creó Dan*na, una startup biotecnológica dedicada al desarrollo de biomateriales y bioplásticos a partir de residuos orgánicos. En sus inicios, estuvo acompañado de Sejin Oh, doctora en Bioingenieria y actual directora de tecnología de la empresa, “a la que solo pude asegurarle la nómina durante unos meses”. 

Comenzaron ganando concursos públicos sin recurrir a consultoras. El primer mes facturaron 20.000 euros “que nos ayudaron a coger un poco de confianza, pero sobre todo de fuerza”. En este tiempo, para desarrollar su tecnología, la compañía ha invertido más de 1,3 millones de euros procedentes exclusivamente de fondos propios y públicos. “Empezamos de cero, con una hoja en blanco, y ahora somos doce personas, cinco de ellos doctores dentro de sus áreas”, afirma Marín con orgullo.

Gemelos digitales para acortar el tiempo de desarrollo

En Dan*na son expertos en el diseño y desarrollo de bioplásticos. Se trata de plásticos que se fabrican a partir de derivados orgánicos, sobre todo el ácido láctico, y que son biodegradables. Mediante la combinación de tecnologías moleculares, química verde, cálculo computacional e inteligencia artificial aplican su uso al sector primario, tecnológico y biomédico. 

“Utilizamos sistemas de digital twins [gemelos digitales] en el laboratorio para acelerar los ensayos. El sector de la química todavía sigue siendo muy analógico, y la mayoría de los profesionales continúan trabajando con papel y experimentos manuales. Nosotros reproducimos todo lo que hacemos en un entorno virtual que, a partir de cálculos estadísticos, ofrece información sobre cuáles son las probabilidades de éxito. De este modo, acortamos mucho los tiempos de desarrollo”, asegura Marín.

La compañía ha patentado en España un nuevo biomaterial 100% biocompatible y biobasado para que pueda ser utilizado en el sector de la salud. Marín confirma que ya han inciado los trámites para solicitarla en Europa y, si todo va bien durante 2022, también en Estados Unidos. Sus aplicaciones son regeneración de tejidos, huesos, cartílagos y nervios. En la actualidad, están trabajando con el Hospital Universitario Vall d'Hebron para su validación. 

“Nuestro material viene a ser como una especie de implante, pero con la virtud de que no hay que extraerlo una vez que el paciente esté recuperado porque se absorbe a los 18 meses y es inocuo. Algo que podemos garantizar al no depender de terceros, somos nosotros lo que controlamos al 100% toda la cadena molecular”, explica Marín. Otra de sus ventajas es que la pieza puede estar lista en tan solo 48 horas.

Este mismo material también lo utilizan en microelectrónica para el desarrollo de sensores y biosensores. Como ejemplo menciona su uso en la agricultura de precisión, donde se recogen datos para su posterior análisis y lograr una gestión más sostenible y eficiente de los cultivos. “Una vez finaliza la monitorización, nuestros sensores no hace falta retirarlos manualmente porque se degradan y acaban convertidos en biomasa”, describe el fundador de Dan*na.

La startup barcelonesa es la única empresa del sector de los bioplásticos reconocida con el distintivo de ‘Empresa de Impacto Social y Medioambiental’ de la Fundación Ship2B; cuenta con el sello ‘Pyme Innovadora’ del Ministerio de Ciencia e Innovación; y figura entre las cinco mejores startups del mundo que desarrollan plásticos sostenibles, según el informe de StartUs Insights en el que se han analizado 332 propuestas.

Dan*na acaba de abrir su primera ronda de inversión por importe de dos millones de euros. El objetivo es ampliar sus instalaciones en el Parque Científico de Barcelona y poner en funcionamiento una planta piloto para el escalado industrial de sus productos. “Mi sueño ahora –reconoce Marín– es reducir el coste de este tipo de materiales al mínimo, para generar ese impacto positivo y tangible que, sin saberlo, perseguía desde que era un niño”.