El hidrógeno se perfila como una de las alternativas que facilitarán el cumplimiento de los compromisos que empresas y gobiernos han adquirido en torno a la descarbonización.

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Solo a principios de 2021, más de 30 países han publicado su hoja de ruta sobre el hidrógeno. Algunos de ellos ya han comprometido 70.000 millones de dólares (alrededor de 57.500 millones de euros) de fondos públicos para su puesta en marcha, según un reciente análisis publicado por McKinsey.

El mismo informe desvela que ya se han anunciado 228 proyectos a gran escala, el 85% ubicados en Europa, Asia y Australia. Si todos se concretan, hasta 2030 las inversiones totales alcanzarán más de 300.000 millones de dólares (247.000 millones de euros). Una cantidad que incluye 80.000 millones que pueden considerarse "maduros". Es decir, aquellos que se encuentran en la etapa de planificación, han pasado una decisión final de inversión , están en construcción o ya en servicio u operativos.

“Estamos asistiendo a un nuevo nivel de madurez para la industria del hidrógeno, y esto solo se acelerará. Se prevé un aumento en las inversiones seis veces mayor que el realizado hasta ahora para 2025, y que se multiplicará por 16 hasta 2030”, aseveró Daryl Wilson, director del Hydrogen Council durante la presentación del informe. “El plan es dirigir la mayor parte de esta inversión hacia gastos de capital, mientras que las colaboración, consolidación e innovación también serán un enfoque clave”.

El estudio, elaborado en colaboración con el Hydrogen Council, confirma que, desde la perspectiva del costo total de propiedad (TCO, por sus siglas en inglés), el hidrógeno puede convertirse en la solución más competitiva, con bajas emisiones de carbono en más de 20 aplicaciones para 2030, incluidos el transporte por carretera y marítimo y el acero.  

“Se ha dado un gran paso en la lucha contra el cambio climático, ya que tanto los gobiernos como los inversores ahora comprenden plenamente el papel que puede desempeñar el hidrógeno en la transición energética”, apuntó Benoît Potier , presidente y director ejecutivo de Air Liquide y copresidente del Consejo del Hidrógeno. 

Unidad para ganar en competitividad

Dos factores serán fundamentales para lograr este resultado. Por un lado, es esencial que los gobiernos mantengan sus compromisos con la descarbonización, respaldados por apoyo financiero, estrategias y objetivos claros y traducirlos a marcos regulatorios a largo plazo. En segundo lugar, los enfoques de implementación deben apuntar a "desbloqueos" clave, como la reducción del costo de producción y distribución de hidrógeno, que tendrá un impacto significativo en el resto de la industria.

La implementación a través de clústeres ayudará a los proveedores a compartir tanto las inversiones como los riesgos, al tiempo que establece lazos de refuerzo positivos. En este sentido, son tres los tipos de conglomerados que el informe recoge que ya están ganando terreno. Por un lado, los centros industriales que apoyan la refinación, la generación de energía y la producción de fertilizantes y acero;  por otro, centros de exportación en países ricos en recursos; y, en tercer lugar, áreas portuarias para abastecimiento de combustible, logística y transporte. 

Según el análisis de McKinsey, estos clústeres facilitarán el comercio mundial de hidrógeno. De esta manera, los futuros centros de demanda, como Japón, Corea del Sur y la Unión Europea, tendrán una vía de conexión con regiones productoras de hidrógeno de bajo costo, como el Medio Oriente, África del Norte, América del Sur o Australia.

“Para hacer realidad todo ese potencial, los gobiernos, los inversores y las empresas industriales deben trabajar juntos para ampliar el ecosistema del hidrógeno en todo el mundo. Su colaboración en los próximos meses permitirá que muchos de los proyectos se conviertan en realidad y conviertan el hidrógeno en un portador de energía nueva, limpio, abundante y competitiva”, defendió Potier.