¿Cuántos niños y niñas no sueñan con formar parte de la magia de Hollywood? Seguramente sea uno de los anhelos más comunes en la infancia. Y máxime cuando hablamos de una categoría como es la ciencia ficción.

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Paul Ventimiglia era un niño en Nueva Jersey cuando se quedó fascinado con algunas de las películas más míticas de este género. "Siempre me encantó la robótica y la ingeniería. Cuando veía películas como Star Wars o Jurassic Park me imaginaba a mí mismo haciendo los efectos especiales de esas cintas, ver algo que yo hubiera hecho en la gran pantalla", afirma.

Su camino finalmente se bifurcó de la vertiente cinematográfica, pero no de la robótica. De hecho, Ventimiglia hizo su particular puesta de largo cuando apenas estaba en el instituto: ahí fue cuando construyó su primer robot de batalla, un auténtico monstruo de metal de casi 30 kilogramos de peso.

"Esa primera vez fue muy curiosa. Cuando llegué a mi primera competición, con mi padre y un compañero, me vi ante 300 robots impresionantes. Pero lo que realmente me atrapó fue ver el compañerismo, el gran grupo de personas que estaba allí y lo mucho que se podía aprender mientras nos entreteníamos", añade Paul Ventimiglia, que ha intervenido esta semana en el evento 3D Experience World, de Dassault Systemes.

Desde entonces, la trayectoria de Paul Ventimiglia en las batallas de robots ha sido excepcional. Fue líder del equipo WPI en la división universitaria de la liga estadounidense del ramo. Y tras graduarse, y con su equipo Bite Force, se convirtió en campeón de BattleBots, la competición organizada por la ABC en 2015 y en el que su robot venció a otros 23 equipos.

"Para mí, seguir vinculado a estas competiciones es una forma de aprender más y explorar más sobre la robótica. Al final, se trata de que tus hobbies y tu trabajo se encuentren", reconoce. Él sigue unido a estas competiciones, ahora como mentor de jóvenes que quieren seguir sus pasos.

Una vida entre robots

Este tutelaje lo compagina con su propia carrera profesional, en la Ventimiglia goza de un extraordinario currículo fuera de los combates, ya en la robótica que podríamos tildar de 'seria'. En 2009, en el Regolith Excavation Challenge de la NASA, ganó el premio de 500.000 dólares por Moonraker, un robot que podría cosechar suelo lunar.

Este premio le sirvió, entre otras cosas, para lograr su primera beca tras la universidad. Fue nada y menos que en Boston Dynamics, uno de los emblemas de esta industria.

¿Y de dónde saca los cuartos Paul Ventimiglia? Pues gracias a lo que aprende de los robots de batalla, nuestro protagonista ha fundado su propia consultoría de diseño robótico en California. 

"Ahora puedo resolver los problemas de empresas en relación con la eficiencia o la seguridad de procesos", defiende. "Al final se trata de encontrar un proyecto que te apasione, sea lo que sea. Eso te ayuda a dedicar más tiempo, sacar horas de la noche y esforzarte para resolver los problemas".