Más de un millón de clientes, presencia en 24 países, Allianz y el gigante chino Tencent Holdings (dueño, entre otros, de We Chat) como principales inversores y más de 500 millones de dólares recaudados en distintas rondas en tres años. Con estas cifras, nadie puede dudar de que la irrupción del neobanco alemán N26 en el mercado europeo está siendo, cuanto menos, intensa. Y en su expansión, España tiene un papel fundamental. Tanto, que a finales de este 2018 la compañía ha instalado en Barcelona su segunda sede europea.

MaximilianTayenthal, uno de sus fundadores y actual director financiero de la compañía, insiste en repetir cada vez que puede la que es su gran propuesta de valor: una interfaz de usuario cuidada, clara y limpia acompañada de unas tarifas low cost y transparentes. Y low cost no significa gratis. 

N26 es la primera fintech que ha conseguido licencia bancaria para operar en toda Europea. ¿Son un banco? No, un neobanco, que es como les gusta presentarse a esta nueva generación de players en el entorno financiero. Su oferta se basa en una tarjeta bancaria básica gratuita sin comisiones, pero para adquirir los verdaderos puntos de atracción de su cuenta (sacar dinero en el extranjero y pagar sin ningún tipo de comisión) se paga una tarifa de 9,9 euros al mes con una permanencia de 12 meses. ¿La ventaja? "Aquí no hay sobrecostes ni cargos ocultos", explica el fundador a INNOVADORES. 

"Cuanta mayor concentración del mercado bancario hay un país, mayor es la oportunidad para nosotros", explica  Tayenthal sobre la enorme capilaridad bancaria que hay en nuestro país, lo que a priori podría parecer una barrera para la entrada de nuevos bancos, digitales o no. "La experiencia de usuario en la banca tradicional no es buena", dice, y de ahí su propuesta centrada en esta vertiente. 

Los neobancos y las fintech crecen, sí, pero realmente todavía no lo hacen a costa de la banca. Tayenthal reconoce que N26 no es el banco principal de sus clientes, pero sí ve que la PSD2, al obligar a la banca a ceder sus datos a terceros si el cliente así lo desea, les abre una enorme puerta.

"Lo que vemos es una transición. La gente se abre una cuenta y prueba y mantiene sus otras cuentas. Pero los consumidores son cada vez más activos en nuestras cuentas. Creo que, al final, sí te puedes convertir en el banco siempre que proveas la mejor experiencia la mejor precio". En España, por ejemplo, el 36% de las transacciones son fuera del país. La propuesta de eliminar las comisiones en el cambio de divisa es, por tanto, la herramienta con la que quieren abrir su mercado a otros productos.

No obstante, reconoce que la adherencia a la banca tradicional es todavía muy alta. "En Alemania hay estadísticas que demuestran que es más probable que te separes de tu pareja que cambiar de banco", lamenta. "La banca no puede liderar la era fintech, la disrupción en su propio sector", sentencia claro ante la apuesta de los grandes bancos a nivel internacional. "Si piensas en todas las industrias que han sido revolucionadas por internet, nunca las empresas establecidas han transformado el sector. Ninguna agencia de viajes inventó Booking y ninguna empresa de telecomunicaciones inventó Skype». 

Sin embargo, reconoce en el caso de la banca una importante peculiaridad: la lentitud. "Los videoclubs o las agencias de viajes desaparecieron en pocos años, pero las sucursales bancarias, van mucho más despacio. Todavía son demasiado rentables porque cobran altas comisiones que les permiten mantenerse", dice. Pero cuando eso cambie, asegura, su negocio está más que comprometido.

Nueva ronda de 300 millones de dólares


Conocer al usuario

 Una de las excusas que ponen los bancos para mantener las sucursales, dice el fundador de N26, es que les permiten hacer mejores ventas cruzadas y atender mejor al cliente. «Los sistemas de machine learning e IA nos conocen mejor que las personas», sentencia, y pueden ofrecer los productos que más se adapten al perfil del usuario.