Miami (EEUU)

Javier Martí (Jerez de la Frontera, 1969) lleva Andalucía en el corazón. Vive en Colorado pero recuerda su infancia en Granada y su tiempo en la Universidad de Málaga, donde estudió Ingeniería de Telecomunicaciones. De ahí se mudó a Países Bajos y, tras cinco años en Chile, le ficharon en Estados Unidos para irse donde pocos quieren, a Alaska, como parte del equipo del Observatorio Ecológico.

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Así fue como su vida le fue llevando de las telecomunicaciones a la sostenibilidad y, sobre todo, al papel del agua. Y también así fue como nació en 2019 Divirod, una startup dedicada a tomar medidas para conocerlo todo sobre el agua.

El nombre es toda una declaración de intenciones. Así es como se dice en inglés zahorí, un personaje a medio camino entre la ciencia, la intuición y la leyenda. En su caso, la startup se gestó a medio camino entre Canadá, Estados Unidos y Japón, los países donde comenzó su andadura uniendo sensores en estas lides.

Martí lanza una advertencia que encaja con lo sucedido este pasado invierno: “Se intenta crear resiliencia frente a los riesgos del agua. En Texas, por ejemplo, por exceso o por defecto, todo es radical. Es frío, tiene hielo y se ha acumulado agua. Este tipo de eventos de grandes cambios y oscilaciones va a ser cada vez más frecuente. Vamos a ver heladas donde antes no había. Los modelos previos no sirven. Por eso es tan importante la toma de datos”.

Y ahí, precisamente, es donde Divirod brilla: desplegando sensores, tomando datos y analizando su significado.

Martí cuenta con un socio especial en esta aventura: Adam Wilson, fundador de Sphero, una startup especializada en hardware y robótica. Fue la misma que creó un juguete de éxito que recrea un droide de Star Wars, pero controlado con el móvil. Se vendieron nada menos que seis millones de unidades. “Los que usamos en Divirod tienen más sensores y añaden una cuenta de datos”, matiza Martí.

Colorado y California, estados clave

En Divirod se centran en vender los datos en lugar del hardware. Saben que los servicios fidelizan más que los aparatos físicos. Entre los clientes tienen a empresas inmobiliarias que quieren saber el estado de lo que rodea a sus edificios. “Para tener, por ejemplo, información de la nieve en el tejado. De este modo se evita un posible colapso”, relata el fundador mientras, mentalmente, es fácil recordar la imagen de Filomena este último invierno.

El equipo detrás de la startup Divirod.

Colorado, donde vive, y California, con una gran extensión agraria y míticas urbes como Los Ángeles y San Francisco, presentan la mayor concentración de clientes. California, cada verano, sufre dos fenómenos conectados: sequía e incendios. Parece lógico que recurran a Divirod. “Nosotros podemos saber cuál es el suministro de agua de un embalse o de un lago. También si se prevé algún tipo de escasez”, explica.

Durante la conversación por videollamada entre Florida y Colorado, Martí repite una palabra con frecuencia: resiliencia. Se refiere así a cómo la naturaleza se adapta y se aferra a sus datos, pero cuando se sale de la misma hay que estar atentos: “Si se conoce bien la frecuencia se puede trabajar con anticipación. Por ejemplo, para mover coches de un parking o activar una red de apoyo a la población porque se vislumbra una inundación”.

Hostelería y construcción, clientes destacados

El experto aporta una reflexión que no por cierta es menos dolorosa: “Las empresas tienen gran interés por medir y conocer la situación del agua. Se mueven antes que las instituciones”. Entre los sectores que más contratan sus servicios, además del inmobiliario, destacan la hostelería y la construcción. “Necesitan saber si una crecida afectará al hotel, o si no podrán construir apartamentos durante unos días”, destaca a modo de ejemplo.

La startup cuenta con siete empleados. Hasta el momento han conseguido dos millones de euros de financiación. Los primeros inversores, como suele ser la norma en Estados Unidos, fueron amigos y familiares, también algunos business angels. Después se unieron fondos de venture capital más reconocidos: Pasadena, Thinline Capital y Go Hub Ventures. Este último de origen español y con el agua como motivo principal.

El fundador de la startup destaca el papel de Go Hub: “No solo importa el capital aportado, sino, sobre todo, las conexiones que tienen en el mundo del agua, más allá de España, también nos ayudan en Estados Unidos. Son un socio muy estratégico”.