En un mundo amenazado por el cambio climático, el aumento de la población es uno de los mayores retos de la humanidad. Hay que alimentar más bocas sin poner en riesgo la sostenibilidad. La ciencia y la tecnología han creado nuevos productos ‘climate friendly’ para satisfacer esta nueva necesidad alimentaria, o buscar alternativas para cuando llegue el momento en el que seamos tantos humanos sobre la Tierra que sea imposible alimentarnos a todos.

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En este contexto, surge la carne cultivada, una de las grandes innovaciones de nuestro siglo. Gracias a la biotecnología se puede conseguir que la carne tenga las mismas propiedades que la de las terneras que pastan en la Pampa Argentina. Y todo ello sin sacrificio animal y sin emisiones de gases de efecto invernadero. Tecnología para aunar alimentación y sostenibilidad.

Es el reto por el que apuesta una joven empresa argentina: Cell Farm. La primera en su sector en Latinoamérica. “Argentina es una gran potencia en biotecnología, especialmente en agricultura, pero no se estaba explorando la tecnología de la ‘carne celular’ en la región”.

Así se presenta Sofía Giampaoli, una joven ingeniera química que, junto a la bióloga Carolina Bluguerman, decidieron en 2019 “emprender en el camino del foodtech”. Desde Londres, buscan fondos interesados en “invertir en una tecnología que puede ser la solución del futuro para resolver el problema de la alimentación”, explica a D+I la CEO de Cell Farm.

Pero el proyecto es ‘porteño’. “Quienes formamos el equipo nos conocimos en la universidad. Allí ‘incubamos’ y ‘aceleramos’ la idea de esta empresa”. La idea surgió cuando en 2013 el científico holandés Mark Post anunció que había producido la primera hamburguesa del mundo con carne producida in vitro. “Eso era un salto importantísimo. Era un proyecto fascinante y queríamos investigar en esa línea. ¡A los ingenieros nos gusta resolver retos tecnológicos!”.

¿Cómo se cultiva la carne?

El proceso comienza con la obtención de una pequeña muestra del tejido muscular del animal vivo. “Es una técnica rápida y poco invasiva. La biopsia siempre se practica bajo los efectos de la anestesia local para evitar el sufrimiento animal”. Más tarde, en el laboratorio, ese tejido muscular “se degrada para conseguir obtener las células que nos interesan”. A partir de esa ‘semilla’ se inicia la ‘agricultura celular’. “En condiciones especiales conseguimos que esa célula prolifere, que se multiplique, que crezca”, detalla Giampaoli.

En un biorreactor, con los nutrientes y los factores de crecimiento indicados “respetando las mismas condiciones que se dan en un animal”, una pequeña muestra se multiplica millones de veces. “Hacen falta muchas células para conseguir algo parecido a la carne”. Cell Farm trabaja con células de bovino, en concreto con vacuno de las razas Aberdeen Angus y Hereford.

“Lo más habitual es producir células de porcino o de pollo. Son más conocidas porque la investigación en células madre se inició en el ámbito de la medicina y se han estudiado más a esos animales. La producción de carne de vaca es más contaminante. Pero como Argentina se caracteriza por la calidad de esta carne en particular… Esto nos llevó a investigar en esa línea”.

Desde sus laboratorios, Cell Farm investiga y desarrolla la primera de las fases de este proceso. “Para producir carne cultivada lo primero es desarrollar las líneas celulares, es decir, la selección de las primeras células con las que posteriormente se cultivará la carne”. Giampaoli afirma que su startup tiene como primer objetivo “acelerar el desarrollo de esta tecnologia y facilitar el acceso al material de partida para que otras compañías de carne cultivada puedan hacer su I+D con un producto seguro”

En un vial de apenas 2 ml ofrecen la ‘semilla’ para que se inicie el proceso de producir la carne. Aunque no puede desvelar quienes serán sus clientes, colaboran con empresas de California e Islandia. “Algunas corporates también se han interesado en nuestro producto. Es una excelente noticia porque nos gustaría situar a nuestro país como referente biotecnológico y no sólo en el sector agrario”.

El gran desafío: reducir los costes

La población crece a gran velocidad, pero la capacidad del planeta para producir es limitada. La carne cultivada en laboratorio permite un ahorro del 45% en energía, requiere un 99% menos de terreno y reduce un 96% la emisión de gases de efecto invernadero.

Pero el gran reto está en reducir los costes de producción, todavía muy elevados. “Tenemos la tecnología, pero todavía el gran desafío es escalar el producto, es decir, convertir el desarrollo de laboratorio en industrial, y reducir los costes” insiste la CEO de Cell Farm. “Necesitamos financiación para investigar y mejorar el proceso, para rebajar los costes y conseguir un producto que sea asequible para el consumidor”

Para Giampaoli, el futuro del consumo de carne pasa por una coexistencia entre el producto que ahora mismo comemos –la carne obtenida de los mataderos– y la producción in vitro de estos mismos productos. “La carne cultivada no sustituirá a la tradicional”, pero la propuesta biotech aliviará la producción.

“Singapur acaba de autorizar la comercialización de carne cultivada en los chicken nuggets. En Europa y Latinoamérica la aceptación es más lenta, pero estoy convencida de que en 2025 se comercializarán con normalidad salchichas, hamburguesas y embutidos producidos de esta manera”.

Más saludable y más sostenible

La carne cultivada no está modificada genéticamente, “no introducimos genes de otra especie, no es un producto transgénico, es el resultado de la multiplicación in vitro de las mismas células que consiguen desarrollar el organismo del propio animal”. Un proceso biotecnológico con el que se consigue un producto más sano, más seguro y más sostenible.

“Todavía queda mucho trabajo didáctico, explicar al consumidor cuáles son las ventajas económicas, medioambientales y de salud de este nuevo desarrollo. Tenemos que ser capaces de romper con ese miedo a lo desconocido porque las ventajas son muchas”.

Sofia Giampaoli lo tiene muy claro: el cultivo de estas ‘semillas de carne’ beneficia al medioambiente (porque se reducen las emisiones de gases efecto invernadero, se ahorra agua y tierras), mejora la seguridad del producto final (porque se controlan los nutrientes, la grasa las proteínas), puede evitar la aparición de epidemias o pandemias (como la generada por la gripe aviar) y es respetuosa con la calidad de vida animal. “Es un salto tecnológico que beneficiará a la producción pero que sobre todo tiene en cuenta de manera especial la protección del medioambiente. Nuestros recursos son finitos.”

La colaboración de esta tecnología, conocida como cell based, y la de impresión 3D de los alimentos, llamada plant based, son las grandes revoluciones foodtech con las que se llegará a una nueva ‘domesticación’ de la ganadería (en este caso, de sus células). Los inversores ya se han dado cuenta de las posibilidades de este nuevo nicho de mercado para satisfacer la demanda.