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Una vida entre hangares: así nace la pasión por cuidar de los aviones

"Profesionales de altos vuelos", un proyecto de EL ESPAÑOL e

Iberia
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Sergio Barea, Técnico de Mantenimiento Aeronáutico (TMA) Jefe de Iberia

Crecer viendo cómo los colosos del cielo alzan el vuelo o descienden tras atravesar el mundo es algo que forma parte de las ilusiones de cualquier niño y que, de alguna manera, puede despertar su vocación de futuro. Para Sergio Barea, Técnico de Mantenimiento Aeronáutico (TMA) Jefe de Iberia, ver despegar o aterrizar aviones era una escena cotidiana durante su juventud en El Prat de Llobregat. La cercanía al aeropuerto de Barcelona y su talento para la mecánica confluyeron en el trabajo que hoy desempeña en la aerolínea, esencial para que su operativa se ajuste a los estándares de calidad, puntualidad y seguridad esperados.

A sus 39 años, la de Sergio es una historia vocacional que combina precocidad e interés por una actividad, la de TMA, considerada una de las más demandadas en la actualidad —una profesión “sin paro”, como se dice—. En Iberia Mantenimiento, por ejemplo, alrededor del 60% de quienes realizan prácticas acaban incorporándose a la plantilla, una cifra que se sostiene en la continua necesidad de técnicos y en el relevo generacional.

Los datos del sector apuntan en la misma dirección: en los próximos diez años se estiman cientos de miles de nuevos técnicos necesarios en todo el mundo, lo que refuerza la idea de una profesión con una fuerte demanda sostenida. Además, la carrera de un TMA no es lineal ni breve: existe la posibilidad de ir adquiriendo licencias, especializarse en distintos tipos de mantenimiento y aspirar a puestos de mayor responsabilidad, como el que Sergio ocupa actualmente en Barcelona.​

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“Tiene que gustarte la profesión”

Echando la vista atrás, Sergio define su recorrido como un proceso lleno de cambios que se inició oficialmente con una publicidad que le dio su hermana: “Sabiendo mis gustos por la mecánica, me dio a conocer esta profesión a través de un folleto, y fue cuando empecé a interesarme por la mecánica de aviación y a documentarme; así que decidí coger este camino".

Su trayectoria profesional ha pasado por todas las etapas hasta llegar a su posición actual: de prácticas a mecánico de plantilla, de mantenimiento en línea al hangar, de mecánico a certificador y, finalmente, a TMA Jefe. En cada etapa ha tenido que adaptarse, modificar su forma de trabajar y asumir nuevas responsabilidades, sin perder de vista la importancia de centrarse en el presente y dar lo mejor de sí mismo en cada reto.

Y todo, sin perder esa chispa que todo técnico de mantenimiento aeronáutico siente al estar por primera vez ante un avión real: “Mi primer día fue impresionante, porque lo ves tan grande y te das cuenta de que ya no son las prácticas de la escuela, que esto es algo más serio. De aquel día recuerdo todo: la matrícula del avión, el compañero que me tocó...”.

Con el valor de esta experiencia, lanza un mensaje claro a quienes comienzan como estudiantes en prácticas: “Tiene que gustarte mucho la profesión, porque esto no es una carrera de cien metros, sino un camino largo en el que la actitud marca la diferencia”. La curiosidad, las ganas de aprender, la puntualidad y el compromiso son rasgos que se detectan enseguida, asegura Barea, y que pesan tanto como los conocimientos técnicos a la hora de quedarse entre ese 60% que continúa en Iberia Mantenimiento.

“Es un trabajo laborioso porque tienes que cumplir con todo lo que te piden e ir adaptándote a todos estos cambios: formaciones, tareas de mantenimiento obligatorias, etc. Pero lo asumes con muchas ganas, porque quieres dar ese salto de mecánico a certificador”, explica. “A partir de ahí ya empecé a coger mi propio equipo en línea y a tomar más decisiones”.

Oportunidades de crecimiento

Ser TMA requiere esfuerzo y constancia. Pero, como señala Sergio, estas dificultades son en realidad oportunidades de crecimiento. Su historia refleja bien el sentido de esta profesión: personas anónimas para el pasajero, pero decisivas para que cada avión despegue y aterrice con seguridad, puntualidad y la certeza de que, detrás de cada vuelo, hay un equipo técnico entregado.

No todas las historias de este personal altamente especializado nacen de una vocación temprana, pero todos, incluso quienes llegan con una visión más pragmática, comparten la responsabilidad y la exigencia del trabajo en un hangar: de ellos depende la resolución de cualquier problema técnico que pueda surgir en una aeronave o su mantenimiento.

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La labor de un TMA jefe es un pilar esencial de la cadena de seguridad: interpreta manuales, ejecuta y supervisa tareas, y toma decisiones bajo presión sin comprometer la seguridad operacional.​ Un trabajo que exige una extraordinaria coordinación entre equipos, algo que está bajo la tutela de Sergio en este caso, y que ensalza el valor de “la comunicación con el equipo y la toma de decisiones en línea bajo presión” como dos aspectos que marcan la diferencia en su estilo de liderazgo.

Por eso, para este TMA Jefe de Iberia, lo más importante en las instalaciones es fomentar una cultura de confianza “para que cualquier mecánico pueda reportar dudas o discrepancias, y que vengan a consultarnos. Siempre decimos ‘para, piensa y actúa’, y por eso somos muy receptivos ante cualquier cuestión. En ese sentido, tenemos una relación muy estrecha con los equipos”.

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Siempre a punto para intervenir

La visión de Sergio también ayuda a entender los dos grandes ámbitos en los que se divide el mantenimiento: el de línea y el pesado. El primero tiene que ver con la inmediatez, con la respuesta a incidencias que se detectan incluso en vuelo —“lo normal es que llame el piloto por frecuencia” —, explica Barea. En ese caso, cuando aterriza, “se realizan los chequeos pertinentes y, si el avión no pudiese salir, se deja fuera de servicio”.

El mantenimiento pesado va más allá del día a día. Implica intervenciones programadas, más profundas y complejas, que pueden mantener la aeronave en tierra durante varias semanas. Aunque las revisiones más frecuentes verifican la integridad estructural del aparato y el estado de componentes y sistemas, también existe una “gran parada” que implica desmontar la aeronave casi por completo.

Es como si un conductor llevara su coche a la ITV y allí lo desmontaran por completo, revisaran su condición, sustituyeran lo necesario y lo devolvieran casi como salido del concesionario. Incluso, en ocasiones, con nuevos interiores y pintura nueva. Pero todo, a lo grande.

Cuando ves todo el avión desmontado es algo que, por mucho que se viva a diario, no deja de impresionar. En el momento en que sale del hangar montado de nuevo para hacer sus pruebas, ves que no tiene fallos y se va a recoger pasaje; personalmente, me siento orgulloso de todos los que formamos el equipo aquí”, relata Sergio.

Cada día, un nuevo reto

Para un TMA como Sergio, estas paradas programadas tampoco están exentas de presión por los plazos: “Frente a las revisiones cortas, las largas te permiten decidir y planificar cuándo vas a actuar. Los materiales también cuentan con más tiempo para llegar... Puedes gestionarlo mejor porque tienes mayor margen de reacción”, explica. “Además, se realizan tareas que no se hacen en las revisiones cortas, como cambios en los trenes de aterrizaje o desmontaje de motores”.

Cada vez hay más tráfico aéreo, más aviones en movimiento y más pasajeros. Un escenario que explica por sí solo la demanda actual —y futura— de este tipo de profesionales. Personas que, además, deben estar atentas a los nuevos desafíos que surgen, casi siempre de la mano de la tecnología.

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Para Sergio, estos años en primera línea bastan para describir cómo la digitalización ha traído intervenciones impensables hace décadas, ante las que también deben estar preparados: “Los sistemas de Wi-Fi, las antenas para que todo funcione o incluso las cargas de software, que antes podían hacerse con disquetera”. Otra era, sin duda, en la que, lejos de restar relevancia al perfil técnico, este es más necesario y especializado que nunca.