Rodeada por el Atlántico y a más de 1.000 kilómetros de la península, Gran Canaria gestiona a diario el abastecimiento de su población y de millones de visitantes en un territorio insular y fragmentado.
La dependencia de las importaciones (entre ellas, el agua o los vehículos), el potente tráfico marítimo, y aéreo y una presión turística intensa – recibe casi cuatro veces más turistas por habitante que la Comunidad de Madrid–, convierten la logística, el consumo y la sostenibilidad en retos permanentes.
En este contexto insular, donde casi todo llega por mar o aire, la gestión de los residuos se ha convertido en una de las grandes claves para garantizar el futuro de Gran Canaria.
La isla cuenta con una superficie de 1.560 km², de los cuales aproximadamente un 42% está adscrito a alguna de las categorías de protección de la Red Canaria de Espacios Naturales Protegidos. El turismo añade una presión adicional. Cada año, atraídos por sus increíbles playas y paisajes, Gran Canaria recibe más de 4,5 millones de visitantes, lo que incrementa de forma notable la generación de residuos. Algunos, son complicados de gestionar, como los procedentes de las instalaciones hoteleras, toallas y colchones, principalmente.
Raúl García Brink, Consejero de Medio Ambiente, Clima, Energía y Conocimiento del Cabildo de Gran Canaria, señala que esta realidad insular provoca que encontrar lugares donde realizar la gestión de los residuos no sea “nada sencillo”.
En la isla se generan más de 400.000 toneladas de basura al año –según datos del propio Cabildo–, a lo que se suman condicionantes como la pequeña superficie o estar lejos de la península.
Raúl García Brink: Consejero de Medio Ambiente, Clima, Energía y Conocimiento del Cabildo de Gran Canaria
Gorka Ormaetxea, adjunto al gestor del Ecoparque Norte
Blanca Pérez, adjunta al gestor del Ecoparque Sur
El residuo como recurso
Ante este escenario, el consejero del Cabildo de Gran Canaria apuesta por cambiar la mirada sobre los desechos. “El residuo es una materia prima”, defiende el político, que insiste en la necesidad de “reciclarlo y darle otra vida”.
Esta visión se enmarca dentro de la estrategia Gran Canaria Circular 2030, un compromiso de la isla con la transición hacia una economía circular basada en la reutilización, el reciclaje y la valorización de los recursos. Una iniciativa en la que PreZero participa –con presencia en cuatro de las siete islas principales del archipiélago–.
Para llevar a la práctica este modelo, Gran Canaria cuenta con dos infraestructuras: el Ecoparque Sur y el Ecoparque Norte. Construidos estratégicamente dadas las diferencias geográficas y climatológicas entre ambas zonas de la isla, que producen distintos tipos de residuo, sobre todo forestales y de origen turístico, ya que la concentración hotelera es mayor en la costa meridional.
En palabras de García Brink, ambas instalaciones (a las que llegan los desechos de toda la isla) son “clave” porque permiten no solo gestionar los excedentes, sino también generar energía y crear empleo de calidad.
Estos complejos ambientales funcionan gracias a la colaboración público-privada, en la que participa PreZero junto a Ayagaures Medioambiente. Para el consejero, esta fórmula es “la combinación perfecta”: las administraciones públicas fijan los objetivos y supervisan el proceso, mientras que las empresas aportan eficiencia y conocimiento técnico en la gestión diaria.
En 2024, entre ambos complejos se trataron 560.000 toneladas de residuos. El principal flujo corresponde al residuo urbano de la fracción resto (64%), seguido de los lodos de depuradora (13%) y residuos destinados a celda de vertido (9,79%).
Este mismo año, las instalaciones generaron 17.500 MWh de energía eléctrica a partir de biogás, de los cuales un 80% se destinó al autoconsumo y el resto se exportó a la red eléctrica.
Aprovechar al máximo los recursos de la isla
En el Ecoparque Sur, el objetivo es claro: aprovechar al máximo los recursos de la isla. Así lo explica Blanca Pérez, adjunta al gestor de la instalación. La planta recibe tres tipos principales de residuo y cada uno se le da una salida distinta. Los restos de poda, por ejemplo, se usan para fabricar compost que después se entrega de forma gratuita a agricultores vecinos para sus cultivos o se entrega para la construcción de zonas ajardinadas de carreteras.
Subraya Pérez el papel fundamental de la ciudadanía en este proceso. “Si tú en tu casa eres capaz de separar esa fracción vegetal, eso va a volver al campo y va a volver a la ciudadanía y a los ganaderos”, explica.
Por otro lado, los residuos que no pueden recuperarse materialmente se aprovechan para producir energía. Durante la descomposición de la materia orgánica se generan gases de efecto invernadero que, en lugar de liberarse a la atmósfera, se capturan para alimentar motores de biogás.
La electricidad obtenida permite que la planta sea autosuficiente y que el excedente se vierta a la red, contribuyendo al suministro eléctrico de los hogares.
Separación en origen, clave para el futuro
Para Gorka Ormaetxea, adjunto al gestor del Ecoparque Norte, uno de los principales retos a los que se enfrenta la isla es la separación en origen. Asegura que es necesario que “todas las familias estén concienciadas” en depositar cada residuo en el contenedor correspondiente.
En Gran Canaria ese desafío es especialmente relevante en el caso del plástico. El consumo de agua embotellada es elevado debido a la alta presencia de cal en el agua del grifo, lo que provoca una mayor generación de envases PET, que muchas veces no se reciclan de manera adecuada.
“Cuanto antes separemos, mejor llegará y más fácil será para nosotros recuperar ese material y regresar a la circularidad”, apunta el gestor. “Nosotros queremos dejar el mejor planeta del mundo para nuestros hijos, con lo cual un reciclado óptimo es vital”, añade.
En esta instalación también se transforman residuos en nuevas materias primas y energía. Un ejemplo es el tratamiento de los lodos de depuradora procedentes de todo el archipiélago, que tras un proceso anaeróbico generan biogás. “Logramos una energía eléctrica con la que somos autosuficientes un 80 % y podemos llegar a exportar ese 20 % excedente”, detalla.
Al igual que el Consejero del Cabildo, Gorka incide en la importancia de la colaboración público-privada para el correcto funcionamiento de los ecoparques. “Es clave que haya una sinergia”, afirma, ya que sin ese trabajo conjunto no sería posible avanzar con la rapidez necesaria.
El camino hacia una Gran Canaria más sostenible pasa por aprovechar cada residuo y entender que todos podemos formar parte del cambio. Gracias a iniciativas como Gran Canaria Circular 2030 y al trabajo conjunto entre el Cabildo y empresas como PreZero, la isla camina hacia un modelo en el que los desechos se transforman en energía, empleo y nuevos recursos.