El biometano, como ejemplo más paradigmático de los gases verdes, ha adquirido un extraordinario auge en los últimos años, en los que se ha posicionado como una alternativa ideal para descarbonizar la economía. Sus características, equiparables a las del gas natural, su compatibilidad con las redes y equipos actuales, y la posibilidad de generarlo a partir de residuos orgánicos hacen que esta fuente de energía renovable ya sea una realidad.
España, además, ostenta una extraordinaria capacidad en este ámbito, ubicándose como el tercer país europeo en cuanto a potencial de generación. Es precisamente en este contexto en el que Naturgy ha asumido un rol de liderazgo con el que está impulsando la puesta en servicio de plantas de producción de biometano en todo el territorio.
La tecnología que hace posible este ecosistema es plenamente madura. Según Sedigas (asociación que agrupa a las principales empresas del sector), la producción actual dista mucho del potencial que posee España, estimado en 163 TWh anuales. Es una cantidad capaz de cubrir hasta el 45% de la demanda anual de gas en nuestro país, lo que equivaldría al 100% del consumo doméstico y cerca de la mitad del industrial.
Distribución del potencial disponible para la producción de biometano en España (Fuente: análisis de PwC y Biovic)
Un potencial aún desaprovechado
Más allá de las cifras, el análisis de esta entidad permite hacer una radiografía del sector. Describe la situación actual, las expectativas de futuro y los condicionantes técnicos y normativos. Son factores objetivos que permiten la comparación con los países del entorno.
La primera conclusión es precisamente esa alusión al potencial, una cifra estimada para la que Sedigas tiene en cuenta todas las posibles fuentes de ‘materia prima’: residuos agrícolas y ganaderos, industria agroalimentaria, residuos sólidos urbanos (RSU), lodos de estaciones de depuración de aguas residuales (EDAR), cultivos intermedios, biomasa forestal y vertederos.
En ese diagnóstico aparece un punto claro de mejora: el número de infraestructuras de generación. Es ahí donde Naturgy está intensificando su acción. Aunque el informe maneja datos de 2020, el contraste ya entonces era significativo. En aquel momento solo existían cinco plantas de biometano en operación —con una producción conjunta de unos 97 Gwh—, muy lejos de las miles activas en países como Alemania o Francia.
Objetivos poco ambiciosos
Los planes energéticos vigentes, tanto en España como en la Unión Europea, prevén un aumento de la capacidad de generación de aquí a 2030. El borrador del Plan Nacional Integrado de Energía y Clima (PNIEC) y el plan RepowerEU fijan estas metas en los 20 y los 35 TWh anuales, respectivamente. Es un salto cuantitativo notorio, pero que, a juicio de Sedigas, se queda corto respecto al potencial del sector.
Naturgy es la compañía más activa en nuestro país en cuanto a generación de gas verde. Tiene operativas actualmente tres plantas de producción propia de biometano —una en Galicia y dos en Cataluña—, a las que se sumarán otras dos en un futuro próximo. Además, también gestiona una amplia cartera de proyectos en distintas fases de desarrollo en todo el territorio español y mantiene alianzas estratégicas con otras entidades para incrementar el número de instalaciones.
Energía de ‘kilómetro cero’
Pero en la consideración económica y social del biometano como vector para la transición energética y la descarbonización convergen otros aspectos que remarcan su valor añadido como catalizador del desarrollo local y territorial.
El más relevante es su consideración de energía de ‘kilómetro cero’. Estas plantas suelen ubicarse cerca de los puntos donde se concentra la materia prima. Esto contrasta con la cadena de suministro del gas natural, que depende más de rutas y tratamientos centralizados.
Eso permite distribuir más eficientemente estas infraestructuras y, de paso, repercutir en la economía circular y la gestión de residuos de esas zonas. Además, esta versatilidad también tiene otra derivada: la facilidad de acceso a emplazamientos donde la electrificación es más compleja técnicamente.
El estudio de Sedigas identificaba más de 2.300 emplazamientos potenciales para plantas de biometano, con tres grandes familias de proyectos: unas 1.566 plantas asociadas a residuos agroindustriales, EDAR y residuos sólidos urbanos; 609 ligadas a cultivos intermedios (aquellas cosechas rápidas que se siembran entre dos cultivos principales en la misma parcela); y 151 basadas en biomasa forestal residual.
Distribución del potencial disponible para la producción de biometano en España (Fuente: análisis de PwC y Biovic)
Cada tipología conlleva un modelo económico y social propio. Siempre según datos de la asociación de empresas gasistas, las plantas de residuos agroindustriales, EDAR y residuos sólidos urbanos se dimensionan en torno a 40 GWh anuales y 12 millones de euros de inversión. Las ligadas a cultivos intermedios alcanzan los 100 GWh por planta y las forestales pueden llegar a 200 GWh. En conjunto, el despliegue de todo el potencial implicaría más de 40.000 millones de euros en inversión, la creación de unos 21.700 empleos directos y 40.000 indirectos en operación y mantenimiento, además de decenas de miles de puestos asociados a la construcción, la mayoría de ellos de carácter nacional.
El liderazgo de Naturgy
En este escenario, Naturgy se ha fijado como objetivo liderar en España el desarrollo del gas verde, integrando el biometano en todas las fases de la cadena: desde la promoción de nuevas plantas hasta su inyección en la red y suministro a clientes finales.
Y es que el despliegue efectivo del biometano exige no solo producir este gas, sino también contar con redes capaces de recibirlo, mezclarlo con el gas natural y distribuirlo. La distribuidora de Naturgy, Nedgia, se ha convertido en un agente clave para ello, con una docena de plantas de biometano ya conectadas a su red y una capacidad de inyección agregada de más de 300 GWh al año, cifra que seguirá aumentando con los proyectos en tramitación.
Los informes de Sedigas subrayan que el éxito del biometano en España dependerá de acelerar el paso desde pilotos y proyectos singulares hacia un despliegue masivo. Los pilares para esta puesta en marcha, expresan, debe apoyarse en objetivos obligatorios, incentivos a la producción y marcos administrativos simplificados. En este contexto, la asociación valora positivamente la intención de Bruselas de establecer un marco común para los mercados de gas verde, gas natural e hidrógeno, con el objetivo de descarbonizar el sistema energético.
Es una manera de sentar las bases de este desarrollo, aunque, centrando la mirada en el caso español, se percibe “el contraste entre el interés del sector con un marco normativo aún inmaduro”, según Joan Batalla, presidente de Sedigas, en declaraciones al portal especializado IndustriAmbiente.
La asociación aduce también complejidades administrativas que lastran el despliegue del biometano a gran escala. Compara, en este sentido, cómo en Alemania, Francia, Dinamarca o Suecia, por ejemplo, existen medidas de apoyo e incentivos al sector que están aún por conquistar en el mercado español. Circunstancias, en definitiva, por las que Sedigas asegura que estos países “llegan con los deberes hechos” a las metas previstas para 2030.
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