Pedro J. Ramírez, presidente ejecutivo de EL ESPAÑOL.

Pedro J. Ramírez, presidente ejecutivo de EL ESPAÑOL.

La tribuna

Tiempo de recuperación, tiempo de reformas

Transcripción editada del discurso íntegro del presidente ejecutivo y director de EL ESPAÑOL durante la ceremonia de apertura del I Observatorio de las Finanzas de Invertia. 

22 marzo, 2021 20:41

Hace poco más de un año EL ESPAÑOL daba un paso adelante con la incorporación de Invertia como periódico de información financiera y bursátil. Prometimos hacer “un diario económico sereno y ponderado pero también brillante e incisivo”. Hemos pasado el examen e Invertia, liderado por periodistas de la talla de Arturo Criado, Fernando Cano o Maria Vega, es hoy uno de los tres grandes diarios económicos españoles.

Recuerdo que fue el lunes 24 de febrero, en que nos pusimos de largo en el Palace. Aquel día el coronavirus era apenas un rumor creciente pero aun lejano. Nada hacía presagiar la magnitud de lo que iba a empezar a ocurrir tan sólo quince días después, aunque el mercado cayera aquella jornada un 5%, anticipando los efectos que podía tener la aparición de la Covid en las economías occidentales, con los primeros casos registrados en Italia.

Poco sabíamos entonces de la enfermedad como poco sabíamos de los efectos que iba a tener sobre la salud y la economía. En aquel entonces tampoco podíamos imaginar que los primeros pasos que Invertia iba a dar bajo el paraguas de EL ESPAÑOL serían para levantar acta de la peor contracción económica mundial en tiempos de paz desde la Gran Depresión.

Tampoco pensábamos que tendríamos que dar fe del cierre de la economía para evitar la propagación de la Covid-19, o que asistiríamos a la demostración práctica de que la figura de los ERTE, introducida en la reforma laboral de 2012, era todo un acierto para proteger a empresas y trabajadores. O que el Estado tendría que salir al rescate de algunos de los sectores más importantes de la economía española para evitar su caída.

Un año después estamos a punto de doblar el Cabo de las Tormentas de la crisis sanitaria, gracias a la colaboración entre la ciencia y la industria. Al menos ya vemos con nitidez la luz al final del túnel. Si somos capaces de impulsar con brío la vacunación, muy pronto lograremos que el número de vacunados supere al de infectados. Sin embargo, en el plano de la recuperación económica, nos queda un camino más largo por recorrer para dejar atrás los efectos provocados por la Covid.

Es cierto que el Fondo Monetario Internacional (FMI) prevé para este año que la economía mundial crezca un 5,5% gracias, sobre todo, al tirón de India, China, Estados Unidos y -en buena medida- Europa. Es una estimación alentadora pero no tranquilizadora. Los efectos de la Covid-19 en la economía van a perdurar durante años y será necesario combatirlos con todas las armas posibles.

En lo que atañe a nuestro país la última previsión del Banco de España indica que el PIB puede crecer un 6,8% en 2021, pero el FMI o la OCDE rebajan esta previsión en casi un punto.

Un año después estamos a punto de doblar el Cabo de las Tormentas de la crisis sanitaria, gracias a la colaboración entre la ciencia y la industria. 

Aunque estén lejos de recuperar el derrumbe de 2020, ambos datos son positivos, pero lo son en la medida en que anticipan el rebote que se producirá cuando sectores ahora paralizados como el turismo o la hostelería vuelvan a la actividad. Todo dependerá de cómo evolucione el ritmo de vacunación y de cómo nos afecte la cuarta ola de coronavirus que ya empieza a salpicarnos.

Los efectos de la pandemia se dejan sentir en los grandes datos macroeconómicos. No solo en el PIB. La deuda española está ya en el 114%, cerca de 5,5 millones de personas no trabajan, entre parados, personas en ERTE y los autónomos que han perdido su negocio. Una catástrofe sin paliativos que demuestra la fragilidad de nuestro tejido productivo. Y por si fuera poco, el Ibex ha perdido un 14% respecto a antes de la Covid.

Y cuando se analiza desde la perspectiva de las empresas, el panorama aun es más inquietante. El Banco de España (BdE) alertaba de que a cierre de 2020 entre el 14,5% y el 18,7% de las empresas serían insolventes. Y ya ha advertido de que las previsiones de beneficio para las empresas del Ibex en 2022 son un 30% inferiores a las esperadas antes del coronavirus.

Todo ello por no hablar de los efectos que tendrá la digitalización sobre los trabajadores. Muchos de ellos necesitarán un reskilling en competencias digitales para que puedan adaptarse a los nuevos perfiles profesionales que las empresas están demandando. Pronto anunciaremos, por cierto, un importante proyecto en este sentido en el que estamos implicados la Universidad Camilo José Cela.

Vamos a dar una oportunidad a la paz, al diálogo y a la negociación. Si eso fracasara veremos qué hay que hacer

José Manuel García-Margallo, Ministro de exteriores

Todos estos elementos demuestran que la economía española necesita reformas. Muchas de ellas las exige la Comisión Europea como avanzar en la reforma de las pensiones o profundizar en la reforma laboral, en lugar de desmontarla. Pero aunque el impulso decisivo llegue de Europa, debemos interiorizar la necesidad de estas reformas hasta hacerlas confluir en un objetivo común: modernizar la economía, en definitiva, para hacerla primero resiliente y luego flexible y competitiva ante los retos que se avecinan.

Tenemos una oportunidad de oro en los próximos años. Los 140.000 millones de euros que llegarán a través de los Fondos Europeos no deben servir de narcótico para tapar durante un tiempo nuestros problemas estructurales sino de palanca para alcanzar el objetivo de transformar nuestra economía. Para ello se necesitan tres cosas: la primera, vacunas. La segunda, estabilidad política e institucional. La tercera, colaboración entre lo público y lo privado.

Un contexto en el que la banca, de la que vamos a hablar ampliamente durante los próximos días en este Observatorio de las Finanzas, debe jugar un papel esencial. No sólo como destinataria o catalizadora de algunas de esas ayudas; también para garantizar el apoyo necesario al tejido productivo para que las empresas puedan seguir invirtiendo y creando empleo.

El sector financiero tiene ante sí grandes retos. Es cierto que de esta crisis sale fortalecido en términos de imagen, frente a lo que ocurrió en la de 2007. Sin embargo, la evolución de los tipos de interés y los elevados costes regulatorios implican que alcanzar la rentabilidad del negocio bancario sea cada vez más complejo.

Vista general del auditorio de la Universidad Camilo José Cela.

Vista general del auditorio de la Universidad Camilo José Cela.

Esto es algo que el gran público no entiende pues da por hecho que el dinero depositado en los bancos sigue produciendo rentabilidad; y reacciona con perplejidad o rechazo cuando se le hace pagar por los servicios que recibe. Lo cierto es que la política de compra masiva de deuda pública y tipos de interés a ras de suelo del Banco Central Europeo mantienen a flote las economías de la zona euro pero enmascaran los problemas estructurales, penalizan el ahorro y restringen el margen de maniobra de los bancos.

Eso explica en gran medida la aceleración del proceso de concentración del sector financiero que estamos viendo en España y en otros países europeos en los últimos meses.

No podemos olvidar que esas uniones deben tener lógica industrial y financiera, sin destruir la competencia para que los ciudadanos conserven su capacidad de elección y no se cierna sobre ellos el fantasma del oligopolio.

Pero no es el único desafío que debe afrontar el regulador. No podemos soslayar la irrupción en el ámbito de los medios de pago y de otras áreas hasta ahora restringidas a la banca de las fintech y, sobre todo, de las Big Tech. Eso implica dictar normas equitativas para que todos los actores que desempeñan una misma función, sean tratados por igual.

Estas cuestiones estarán sobre la mesa en este I Observatorio de las Finanzas, en el que el sector asegurador será también otro centro de atención esencial. Un sector que en la rama sanitaria ha jugado un papel clave durante la pandemia y que está cada vez más presente en todas las dimensiones de nuestras vidas.

No podemos soslayar la irrupción en el ámbito de los medios de pago y otras áreas hasta ahora restringidas a la banca de las fintech y las Big Tech. 

La digitalización, los nuevos actores, y un tipo de siniestros desgraciadamente en auge, como los desastres naturales vinculados al cambio climático o las pandemias fruto de las alteraciones en el ecosistema, forman parte de los retos a los que el sector asegurador tendrá que enfrentarse en los próximos años.

Las aseguradoras han tenido un papel clave en los últimos meses, dando por ejemplo cobertura a las PCR desde el momento en que estalló la pandemia y lo tendrán aun mayor en el futuro inmediato. Los datos que acumulan pueden ser muy útiles, de hecho, para elaborar los planes de prevención y actuación ante futuros desastres naturales o pandemias venideras.

También jugarán un papel esencial en la previsión social. En la planificación de las rentas de jubilación de miles de españoles que, en los próximos años, tendrán que recurrir -de forma casi inevitable- a planes de pensiones para complementar su retiro.

Veremos de qué forma se lleva a cabo la reforma de las pensiones. Nos lo contará aquí el ministro Escrivá, pero todas las previsiones apuntan a que en los próximos años la cuantía que percibirán los pensionistas será significativamente inferior a la actual.

En España en estos momentos un trabajador percibe el 85% de su último salario, frente a la media europea que se sitúa en el 63,5%, según datos de Eurostat. La convergencia será inevitable, según los analistas. Así que no es de extrañar que los movimientos del mercado sean analizados de cerca por los ciudadanos, pero también por las aseguradoras.

Sacar rentabilidad a las inversiones en este contexto es muy complicado. Se requiere destreza, paciencia y prudencia. Las rentabilidades son escasas y eso requiere un constante análisis de las carteras de inversión.

Todo ello en un momento en el que los inversores, tanto institucionales como particulares, son cada vez más exigentes y reclaman inversiones que sean medioambientalmente sostenibles y comprometidas socialmente. Un cambio de mentalidad al que el mercado se está adaptando con rapidez en los últimos tiempos.

Como verán son muchos los retos que tenemos por delante en los próximos meses. Si hace un año presentaba Invertia en el Hotel Palace ante un centenar de personas del mundo de la política y la empresa, hoy comparezco ante ustedes ante una cámara y en un formato semipresencial acorde con las políticas de restricción sanitaria.

Es la demostración de que la capacidad de adaptación y resistencia de una sociedad tecnológicamente avanzada como la nuestra es mucho mayor de lo que lo era en el pasado. Ahora es el momento de acompañar esa capacidad de adaptación con políticas que permitan recuperar la economía, teniendo en cuenta que la prioridad debe ser vacunar, vacunar y vacunar para lograr salvar el verano y permitir que el segundo semestre presente un gran crecimiento económico.

Ojalá que este mensaje, con el que inauguramos este Primer Observatorio de las Finanzas de Invertia, se convierta en una profecía autocumplida. Logrémoslo juntos.

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