Imagen de las protagonistas de

Imagen de las protagonistas de "Las Chicas del Cable". | Foto: Manuel Fernández-Valdés, Netflix.

Moda SERIES DE TELEVISIÓN

Las Chicas del cable: todo a las "flappers"

La nueva serie de Netflix se estrena hoy con un auténtico repaso de lo que fue la moda de los años 20 en España: glamour y liberación.

Marta Romero

"La vida no era fácil para nadie y menos para las mujeres". Así comienza Lidia Aguilar (Blanca Suárez) la historia de estas cuatro chicas que consiguen entrar en una revolucionaria empresa de telefonía, ven cómo sus vidas se enredan y no precisamente entre cables. Una historia de ficción ambientada en el año 1929 que se inicia cuando todas acuden a la llamada de una oferta de trabajo muy tentativa: ser telefonistas en una de los negocios más prestigiosos de la capital.

Creada por Ramón Campos y Gema R. Neira, Las chicas del cable es la primera producción de Netflix en España y cuenta el clásico triángulo amoroso entre clases sociales distintas que busca romper las reglas de una sociedad marcada por la liberación femenina. Con decorados de época y una música demasiado moderna que casa bien con las escenas, es en el vestuario donde se encuentra el mimo por el detalle. La figurinista Helena Sanchís rebuscó en tiendas italianas y contó con la colaboración de la mítica Sastrería Cornejo para crear unos años 20 que reflejan la madurez de una generación que busca la independencia de la mujer.

Carlota (Ana Fernández), Lidia (Blanca Suárez), Marga (Nadia de Santiago) y Ángeles (Maggie Civantos). | Foto: Manuel Fernández-Valdés, Netflix.

Carlota (Ana Fernández), Lidia (Blanca Suárez), Marga (Nadia de Santiago) y Ángeles (Maggie Civantos). | Foto: Manuel Fernández-Valdés, Netflix.

Los años 20 suponen la entrada oficial en la era moderna de la moda, con una estética muy colorista que no contaba con la guerra que estaba por llegar, cuando todo se volvió más gris y tosco. La silueta se dibuja rectilínea y las tendencias se dividen en dos: o eras flapper o eras garçonne. Las chicas del cable se quedan, sin duda, con la primera.

Las flappers son esa generación de jóvenes que marcaron la liberación de la figura femenina, haciendo que la cintura desaparezca casi por completo y los largos se alarguen casi hasta el tobillo, lo que estilizaba sin duda el conjunto. Para la mañana, estas chicas buscaban la comodidad, pero por la noche daban rienda suelta al lujo y la ostentación por medio de encajes, pedrerías y todo tipo de bordados brillantes.

Una de las escenas de las chicas en la oficina de telefonía. | Imagen: Manuel Fernández-Valdés, Netflix.

Una de las escenas de las chicas en la oficina de telefonía. | Imagen: Manuel Fernández-Valdés, Netflix.

El uniforme azul de Las chicas del cable es uno de los mejores exponentes de esta generación. Con cinturón en negro y lazo al cuello, el corte se lleva hasta la cadera, -como si la cintura se hubiese perdido en el descenso-, y el largo es el justo para que la figura de la mujer mantenga su sensualidad a base de medias de seda y zapatos de tacón puntiagudos. Para Marga (Nadia de Santiago), que llega asustada a la gran ciudad, se han utilizado algodones y linos; pero el rayón fue, sin duda, el material más utilizado de la época: era económico y fácil de lavar.

Vestidos sin mangas que, para las bajas temperaturas de Madrid (donde está ambientada la serie), exigían abrigos que cubriesen esos escotes redondos que ocultaban el pecho pero acentuaban la elegancia juvenil. La gran mayoría se confeccionaban en crepé, con largos por debajo de la rodilla y se adornaban con pieles o rasos en la parte inferior y en un cuello que nos recuerda a las amplias solapas de los esmóquines masculinos.

Ángeles (Maggie Civantos) en una de las escenas de la serie. | Imagen: Manuel Fernandez-Valdés, Netflix.

Ángeles (Maggie Civantos) en una de las escenas de la serie. | Imagen: Manuel Fernandez-Valdés, Netflix.

Una tendencia para la que Coco Chanel fue, no sólo creadora, sino fuente de inspiración y donde los accesorios jugaron un papel esencial: guantes cortos, casquetes ajustados, -los llamados sombreros cloche-, que combinaban a la perfección con esos cortes bob que se ajustaban a la cabeza y acentuaban un maquillaje muy recargado. Poco importaba que se viese artificial. Y es que fue en 1925 cuando salió al mercado la primera laca de uñas de color, se creó el rimmel resistente al agua y un tal Max Factor se convertía en el maquillador más mediático de la época, (si podemos hablar de mediático en plenos años 20).

Lidia Aguilar (Blanca Suárez) con Carlos Cifuentes (Martiño Rivas) en una de las escenas de la serie. | Foto: Manuel Fernández-Valdés, Netflix.

Lidia Aguilar (Blanca Suárez) con Carlos Cifuentes (Martiño Rivas) en una de las escenas de la serie. | Foto: Manuel Fernández-Valdés, Netflix.

Esta liberación femenina caló tan adentro que se llevó, incluso, hasta la ropa interior. Muchas de las jóvenes que luchaban por esos derechos que parecían no llegar nunca salían a la calle sin sujetador. Y las que aún querían seguir vistiéndose por dentro, lo hicieron con una ropa interior con copas bordadas y calzones cortos en su mayoría. Los corsés eran cosa del pasado. Por eso, Sanchís se ha empeñado en enseñarla también en la serie. Porque todo en estas flappers fue una clara declaración de intenciones. Y si no, Javier Zurro tiene la prueba de ello.