Una de las estancias de la oficina donde trabajan los traductores.

Una de las estancias de la oficina donde trabajan los traductores. EL ESPAÑOL

Tribunales RECLAMACIÓN LABORAL

Así malviven los traductores de la Audiencia Nacional: unos sin cobrar, otros en un 'antro'

Los subcontratados a la empresa Ofilingua acumulan impagos desde febrero y los funcionarios reclaman que les arreglen los desperfectos de su oficina.

Los traductores e intérpretes de la Audiencia Nacional llevan desde diciembre de 2017 reclamando un lugar mejor donde realizar su trabajo pues, actualmente, se encuentran en un piso transitorio plagado de desperfectos.

El gremio no atraviesa su mejor momento. Los traductores que no son funcionarios, sino que trabajan para la empresa Ofilingua subcontratada por los ministerios de Interior y Justicia, acumulan impagos desde febrero o mayo

Según han denunciado a EL ESPAÑOL, quienes facturan sus trabajos como freelance, es decir, por folio traducido, cobraron por última vez en enero. En el caso de las personas que están contratadas, llevan sin hacerlo desde mayo. 

Ante sus continuas reclamaciones, los responsables de la adjudicataria les explican que el ministerio de Justicia paga a 90 días y de ahí los retrasos. Sin embargo, algunos llevan ya más de 150 días sin cobrar y en una situación precaria. Según explican a este diario, cuando han trasladado las quejas a sus pagadores, éstos les han amenazado con "llamar a otros intérpretes" con una "actitud chulesca y prepotente", según denuncian.

Ofilingua, -que gestiona el 60% de las traducciones judiciales y policiales de los juzgados españoles entre ellos la Audiencia Nacional y el Tribunal Supremo- y Seprotec, otra empresa de de soluciones multilingüísticas, controlan todo el sector. De ahí que cuando atraviesan por problemas empresariales, repercute en todos los trabajadores, que llevan años quejándose de la situación.

Intrusismo y precariedad

Precisamente un intérprete de árabe con conocimientos de la lengua clásica y moderna formado en Granada denuncia la falta de formación de los trabajadores que seleccionan estas dos empresas. Él es uno de los contratados por Ofilingua a los que adeudan varios meses de trabajos, y pone el foco en el intrusismo del sector: "Estas empresas ponen como requisito que la gente tenga interpretación pero después contratan a cualquiera para que haga las traducciones. Gente que ni siquiera sabe lo que es el salafismo", denuncia. Explica que el conocimiento de la Cultura y la lengua árabes son muy importantes para poder descifrar el lenguaje, por ejemplo, de los vídeos ensalzadores del terrorismo de DAESH. Hay matices que solo un estudioso puede apreciar.

Este trabajador también denuncia la situación de "limbo" en la que se encuentran los traductores de la Audiencia Nacional. "Ni siquiera tenemos una acreditación para entrar en el edificio", denuncia este intérprete de árabe a EL ESPAÑOL.

En el caso de los traductores contratados por la Administración, es decir, los funcionarios de plantilla, trabajan en una oficina que más bien recuerda a 13 Rue del Percebe, la famosa comunidad de vecinos del ilustrador Ibáñez.

Sus oficinas se encuentran en la calle Marqués de la Ensenada 14, un edificio muy próximo a la Audiencia Nacional y el Tribunal Supremo. En realidad, es difícil saber que se trata de su departamento, porque en la puerta no existe ningún tipo de identificador, sino los restos de pegamento de un cartel que ya no existe.

En un mismo espacio sin ventanas dividido por un cristal, trabajan seis traductores: el de árabe en un extremo y los de inglés, francés y otros idiomas en otro. Entre multitud de papeles, un tubo plateado cuelga de un agujero del techo. "¿Qué es eso?", pregunta quien llega a verles. "El pingüino" -contesta una de las traductoras mientras se acerca un ventilador portátil a la cara y el cuello. Les colocaron un sistema de aire acondicionado de manera transitoria y ahí sigue. 

La oficina cuenta con otras dos salas de trabajo con unos ventanales rajados por varios sitios. Las persianas también están rotas y el techo, despegado y lleno de manchas, probablemente de la instalación del aire acondicionado. Pero lo peor de todo son los aseos. Azulejos despegados y colocados en el suelo, un lavabo roto y cristal rotos y otro con multitud de carteles escritos a mano: "No utilizar. Se atasca. No funciona". La oficina también cuenta con una sala diminuta llena de estanterías y un microondas. "Aquí querían instalar un despacho", explican. 

Quejas desde diciembre de 2017

Los traductores e intérpretes redactaron un informe en diciembre de 2017 que remitieron a sus superiores enumerando todos los desperfectos que existen en el local. Ante la falta de respuesta, enviaron otro en enero de 2018, cuando la situación se agravó por el atasco de uno de los lavabos, pero aún no han recibido respuesta.

Según explica el presidente del Comité de Empresa del personal laboral de la Audiencia Nacional, Guillermo Sanz (CSIF), este "trato discriminatorio viene de años atrás". "Los traductores y los peritos de la Audiencia Nacional no tienen reconocida la peligrosidad como las fuerzas de seguridad o los jueces que acuden a un juicio", explica. "Aquí hay compañeros que han asistido a juicios de etarras para traducirlos o interpretarlos, se les ha visto y se han ido a casa cobrando sus 1.000 euros que les corresponden por su franja salarial y ya está". 

Tanto los traductores como los peritos reclaman un lugar de trabajo mejor, pues estos últimos igual practican pruebas de autenticidad a joyas de los implicados en tramas de corrupción, que a bolsos Loewe o Louis Vuitton de la Púnica como analizan un complicado entramado de empresas en una misma mesa de 80 centímetros de ancho en una habitación sin ventanas de menos de 10 metros cuadrados.