"Voy a gobernar, ya lo verás", dijo Salvador Illa a una de sus colaboradoras más cercanas el día antes de salir del Ministerio de Sanidad. "Yo creo que hay una opción y vamos a intentar jugarla", contestó cuando ella insistió, ante las dudas, porque las encuestas ponían muy difícil una mayoría constitucionalista.

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Ese tono tan convencido y asertivo del entonces casi exministro no encajaba en la imagen que había estado labrando durante su estancia en el Gobierno. A pesar de los 80.000 muertos que ya se acumulaban en las estadísticas que dejaba atrás, Illa salía de Sanidad como uno de los ministros más valorados y llegaba a las elecciones autonómicas del 14-F como el candidato con más simpatías.

Sobre todo, porque "no despierta animadversión, no despierta envidias, es imposible que te caiga mal", explica esta colaboradora del exministro a EL ESPAÑOL. "Illa era el candidato imposible, no es un líder de masas, pero su exposición a los medios en una situación tan complicada, fue siempre desde la sinceridad".

Y aunque la gestión de la pandemia por parte del Ejecutivo no recibe los parabienes de la ciudadanía, en Moncloa -fue en la oficina de Iván Redondo, jefe de gabinete del presidente, donde se gestó la decisión del trueque con Miquel Iceta- se supo interpretar el sentir general de los votantes: que cualquier otro ministro habría cometido errores igualmente en una situación así.

Illa hizo lo que podía... y al jefe de campaña le tocaba transmitir que eso mismo estaba dispuesto a hacer para "arreglar Cataluña". Y el jefe de campaña fue el equipo más cercano a Pedro Sánchez, con Redondo a la cabeza, como el mismo Illa reconoció en su discurso de la victoria en la noche del 14-F.

El ministro cogió el puente aéreo, de regreso a su tierra, defendiendo a su partido, el PSC; admitiendo el "error" de que "en el pasado, debimos ser más explícitos en nuestra defensa de la Constitución y en nuestro rechazo al procés; y convencido, pues, de que su apuesta era la adecuada.

"Volver a Cataluña", después de 13 meses de gobierno, 12 de ellos en pandemia, era un plan diseñado desde hacía tiempo, muy pensado y con varias ramificaciones, "todas buenas", según fuentes de Moncloa consultadas por este periódico.

Constitución y calma

El plan era gobernar. Y, si no, mucha Constitución, exhibir el propio talante y confiar en que, al final, ésta de Cataluña será otra "legislatura corta". Y a eso va a dedicarse a partir de que quede constituido el nuevo Govern esta próxima semana.

Si los últimos órdagos de JxCat y la CUP se quedan en lo que parecen -puro fuego de artificio-, Pere Aragonès (ERC) será el nuevo president. Y Salvador Illa, el líder de la oposición.

El socialista aglutinará, dados los resultados de las elecciones autonómicas, toda la legitimidad constitucionalista. En la entrevista que concedió a este periódico cuando se despedía del Gobierno y pasaba a ser candidato, admitió el error principal por el que el PSC pagó un alto precio en los últimos años: su defensa del llamado "derecho a decidir" en los primeros pasos del procés:

"El PSC dijo, en un momento determinado -cuando pensó que era un planteamiento sincero por parte de quien lo formulaba-, que dentro de la legalidad y de forma acordada con las instituciones españolas, se podría plantear... digamos... una votación. Pero cuando vimos que esto era simplemente un mecanismo de validación de un proceso ya previamente decidido de unilateralidad por parte de algunos, nos desmarcamos de esto. Y nunca hemos defendido la autodeterminación".

Ahora, fuentes de Moncloa insisten a EL ESPAÑOL en que "la operación Illa, entre otras cosas, tiene de éxito que, por fin, el PSC y el PSOE vuelven a estar en la misma onda". Nadie en el entorno de Sánchez señala a Miquel Iceta, pero sí admiten que el mensaje del hoy ministro de Política Territorial estaba impregnado de un catalanismo peor entendido -en Cataluña y fuera- que el de Illa... "Ahora tenemos un mismo mensaje, y sintonía de ida y vuelta".

"Segundo asalto"

Para eso, hizo falta que el candidato socialista colocara como mensaje principal de campaña que "no habrá independentistas en mi Govern". Y que "jamás votaremos a un president de ERC" en la investidura.

Nada dijo de aceptar los votos en la suya de los separatistas, ya que su plan era un Ejecutivo en minoría con los Comunes, el partido hermano de Unidas Podemos: "Una fórmula que funciona en Madrid, y que sería la mejor opción para arreglar Cataluña".

Como los republicanos respondieron de vuelta -"jamás votaremos a Illa president"-, todo quedó a expensas de que la presumible victoria socialista fuese más holgada de lo que al final arrojaron las urnas. Moncloa entendió pronto que su apuesta no podría sustanciarse ahora. Pero la realidad es que el exministro lo tenía entre los escenarios previsibles.

"¿Y si no gobernamos, ministro?". Preguntó alguien en esa conversación con Illa, a la salida del Ministerio: "Si no gobernamos esta vez, yo creo que pegaremos un salto que ya merecerá la pena". ¿Se quedará usted en la oposición? "Me quedo en Cataluña, porque en un segundo asalto, gobernaremos, si mandan los independentistas, la legislatura no será larga".

De hecho, el escenario no es del todo incómodo para el entorno de Sánchez... Más complicado sería negociar una "agenda del reencuentro" en esa mesa entre el Gobierno y el Govern... con su exministro.

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