El Papa Francisco ha pedido a la Iglesia que tramite las quejas por la "connivencia" con ETA de algunos curas del País Vasco, a raíz de las palabras del ex párroco de Lemona, Mikel Azpeitiajustificando el terrorismo.

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El cura del municipio vizcaíno, de unos 3.500 habitantes, excusó la violencia etarra alegando que es lógico que "un pueblo oprimido al que quieren conquistar responda con violencia". Esto provocó que la Asociación Pro Guardia Civil (APROGC) enviara una misiva al Vaticano.

En su escrito, la Asociación recordaba que "la historia de lo que ocurrió en estos años no deja en buen lugar a la Iglesia vasca desde el mismo nacimiento de ETA", puesto que "siempre estuvo más cerca de los terroristas que de las víctimas": "Muchos fueron los sacerdotes del País Vasco que ayudaron, encubrieron, aplaudieron, y sonrieron a los asesinos de ETA".

La respuesta del Papa a los guardias civiles ha llegado esta semana a través de una carta en la que expresa su "cercanía" a las víctimas y remitiéndose a los cauces internos de la Iglesia española para que ahí se tramiten las quejas por la "connivencia" con ETA de algunos curas vascos.

¿Y qué tienen que decir los curas proetarras ante esta carta? En conversación con EL ESPAÑOL, Félix Placer, asegura que "connivencia" no es "la palabra más justa" para expresar su postura sobre "la situación que se ha vivido lastimosamente durante tantos años" en el País Vasco. Prefiere hablar, en cambio, de "solidaridad con las víctimas de ambos bandos".

¿Y cuáles son esos supuestos dos bandos? "La organización armada ETA y grupos paramilitares como los GAL". "No podemos dejar de trasladar toda nuestra solidaridad hacia las víctimas de torturas", arguye.

Curas proetarras

Félix Placer es uno de los centenares de curas abertzales que se aglutinan en la Coordinadora de Sacerdotes de Euskal Herria, Comunidades Cristianas Populares y Herria 2000 Eliza. Estos colectivos eclesiásticos de naturaleza proetarra se pronunciaron en su día contra el "castigo injusto" al cura de Lemona, por cuanto entendían que defendió lo que piensa "un amplio sector de la sociedad vasca".

Estos colectivos son conocidos por su afinidad con el mundo etarra. Y es que los sacerdotes integrados en la Coordinadora participan a menudo en marchas para pedir la liberación de los presos de ETA.

En sus comunicados, se sirven de términos como "paz" o "convivencia" para justificar acciones violentas de los nacionalistas, para hablar en favor del golpe en Cataluña o para defender a los agresores de los guardias civiles en Alsasua.

"El camino violento es un mal menor integrable en el proceso cristiano de liberación", sostuvieron en 2002 estos mismos curas en referencia al terrorismo de ETA y la independencia del País Vasco.

Ahora uno de sus rostros más visibles, el cura Félix Salvador Placer Ugarte, se reclama "admirador y seguidor" del Papa Francisco y denuncia todo tipo de acto que "vaya en contra de la dignidad humana": "Con la violencia no resolvemos nada, sino que generamos más violencia".

"Iglesia nacionalista"

Cuando ETA hizo público un comunicado pidiendo perdón a las víctimas por el daño causado, hubo sacerdotes vascos que se unieron a la disculpa admitiendo las "complicidades, ambigüedades y omisiones" de la Iglesia durante los años duros del terrorismo nacionalista.

El papel jugado por la Iglesia vasca durante el mal llamado conflicto vasco ha sido retratado en numerosas novelas, películas y documentales, pero sigue siendo un tema  incomprensible para el grueso de la sociedad española, incapaz de comprender cómo llegó a establecerse un vínculo tan tóxico.

El debate sobre el papel del clero en la empresa totalitaria y nacionalista volvió a la palestra en octubre de 2020, cuando el obispo saliente de Bilbao, Mario Iceta, sancionó al sacerdote Mikel Azpeitia con la retirada de los oficios eclesiásticos después de que expresara en el documental Bajo el silencio que la actividad de ETA "no era terrorismo, sino una respuesta a una represión".

El director del documental que desencadenó la polémica, Iñaki Arteta, explica a EL ESPAÑOL que las palabras del párroco no le sorprendieron. "Los que tenemos más de 50 años sabemos que esto es lo que ha habido siempre; la Iglesia vasca ha estado cerca del nacionalismo y, por tanto, lejos de las víctimas, lejos del humanitarismo que necesitaban y lejos de transmitir a sus feligreses la injusticia que se cometía en esta tierra cuando había gente que asesinaba a otra".

En este sentido, el director relata cómo ha conocido curas "que han tenido problemas por no ser nacionalistas" y otros que, por el contrario, "se han opuesto a la posibilidad de hacer funerales o de oficiar misas en honor a las víctimas".

"No es sobre todo lo que han hecho, sino lo que no han hecho", lamenta Arteta, que zanja: "Al final se ha asumido como algo normal; la Iglesia era nacionalista".

Pedro José Chacón, profesor de Historia del Pensamiento en la Universidad del País Vasco, defiende que "a nadie que haya vivido en el País Vasco durante la época del terrorismo de ETA le habrán parecido extrañas o novedosas las declaraciones del cura-párroco de Lemona" porque "eso era lo que siempre percibíamos, dicho con unas palabras u otras, desde el sector predominante de la Iglesia vasca de entonces, encabezado por obispos como José María Setién".

En un artículo publicado en este medio, el profesor vasco admite que "sigue resultando escalofriante, perturbador, insoportable oír cosas así". Y no ya porque "se asuma toda la propaganda de ETA con sus presos políticos, su guerra entre dos bandos, su respuesta a la represión, sus torturas y su dispersión carcelaria". Lo que más daño hace, viniendo de un sacerdote, es la "frialdad, la distancia, la insensibilidad que sus palabras y su mismo tono desprenden respecto de quienes fueron vilmente asesinados por una causa pretendidamente política".

Al ser preguntado sobre cómo acabar de una vez por todas con la connivencia de parte de la Iglesia vasca con el mundo de ETA, Chacón zanja: "Buena pregunta; ojalá tuviera la respuesta".

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