Entrar a la plataforma de alquiler Airbnb supone echar un vistazo a un negocio tan polémico como al borde del colapso: los pisos turísticos. El sector que en la última década ha revolucionado el turismo internacional sufre ahora el mayor bache de su corta historia por la crisis del coronavirus. Es más, lo expertos auguran que su agonía no ha hecho más que empezar.

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En Madrid hay entre 10.000 y 15.000 alojamientos turísticos. Esta elevada cifra se entiende con el hecho de que uno de estos pisos puede hacer duplicar los ingresos del propietario frente a un alquiler de larga duración. Además, quita de un plumazo los posibles conflictos que pueda haber con un inquilino permanente y el riesgo de impago por su parte. 

Sin embargo, esta crisis ha cambiado las tornas y muchos que antes solo estaban en Airbnb, ahora también están en Idealista. “Cada vez lo vemos más complicado. Cada día se me suman más propietarios a pasarlo de turístico a residencial”, explica Antonio González, director de la gestora de patrimonio inmobiliario Apartyment. Esta empresa maneja unos 350 activos inmobiliarios, de los que un “10 o 15% aproximadamente” son pisos turísticos.

Los presagios de Antonio, muy conocedor del sector turístico, no son muy halagadores para este sector: “El turismo no parece que se vaya a levantar en dos años. No lo hará este año y los meses que vienen, no. En febrero o marzo de 2022 quizás se empiece a parece a lo que teníamos hace mes y medio”.

No hay negocio que aguante dos años sin ingresos. Entonces, ¿puede suponer esto el fin de los pisos turísticos? “Van a permanecer lo pisos que estén en sitios muy buenos como el centro de Madrid. El poco turismo que venga, un 10 o un 15% respecto al año anterior, va a ir a esos pisos. Turismo barato no va a haber por miedo y por dinero. Esos apartamentos son los que van a aguantar la crisis: los que están en sitios emblemáticos y van dirigidos a un público de mayor poder adquisitivo”, explica Antonio.

De hostales a habitaciones

El abanico de casas disponibles en Airbnb es tan amplio como lo son los propietarios que las ofertan. Hay gente que alquila uno, dos o tres pisos; los que ofrecen su propia casa; y también hay muchas pequeñas empresas. Este último caso es el de A&Z Hotels, una empresa que oferta 80 habitaciones repartidas por Madrid y Málaga. “Empezamos hace unos cinco años con apartamentos y luego nos pasamos a pequeños hostales y casas de huéspedes”, explica Zouhair Amanchar, director general y fundador.

Su ocupación no alcanza el cero absoluto. “Tenemos estancias largas que venían de antes de la cuarentena. Son por lo general enfermeros y auxiliares que han venido a ayudar, pero también hay algún rezagado internacional”.

Zouhari Amanchar, director de A&Z Hotels.

Lo curioso de este negocio es que sigue recibiendo ofertas que no puede aceptar por imperativo legal: “Hay gente que todavía nos pregunta si pueden reservar, pero por decreto no podemos recibirles. Siempre hay un pequeño reducto de gente con necesidades. Por ejemplo, el otro día nos llamaron unos técnicos que iban a instalar respiradores en Málaga y no encontraban sitio donde dormir”.



A&Z Hotels tiene 25 empleados y se vio obligada a hacer un ERTE hace un mes. Por el momento no ha recibido ninguna ayuda de la administración “Lo que hay sobre la mesa son los créditos ICO avalados por el Estado, pero se está haciendo en el mismo escenario que antes. Para nosotros no es una solución”.

En la otra cara de la moneda de los propietarios de Airbnb está Bianca. Esta mujer venezolana no tiene una amplia oferta de habitaciones, por el contrario, lo que ofrece es su propia casa. Cuando la tiene ocupada, duerme con su familia que vive en el mismo edificio.

Bianca no ha dejado de ingresar por el alquiler de su piso porque no le ha dado tiempo a alquilarlo. “Me mudé en este piso semanas antes de que empezara todo esto”, explica. “Solo tuve una noche a un grupo de españoles que el Gobierno trajo desde Indonesia. Estuvieron aquí cuatro personas por un emergencia”.

Bianca oferta su propia casa en Airbnb.

Por eso, la queja de Bianca es otra: lleva desde que se mudó sin agua caliente. “Pedí que me pusieran el agua y la luz y hasta ahora solo me han puesto la luz. Llevo sin agua caliente desde hace casi dos meses. No me quieren mandar a una persona para ponerme el gas”, denuncia la mujer. “Me dijeron que venían el lunes y estamos a jueves y sigo esperando”. La empresa energética en cuestión es EdP, según cuenta Bianca. 

250 millones que no llegan

Quién sí ha dejado de ingresar notablemente es Jorge (nombre ficticio), propietario de dos pisos de alquiler en en centro de Madrid. Estos dos inmuebles le procuraban 7.000 euros al mes. “Ahora multiplica eso por los meses de aquí a marzo del año que viene. Es mucho dinero”. La vida profesional de Jorge está totalmente ligada al turismo. Además de estos dos pisos, es el jefe de cocina del hotel The Pavilions de Madrid y, claro, acaba de sufrir un ERTE. En este panorama, Jorge se ha visto obligado a poner sus pisos en alquiler de larga duración, pero aún no tiene inquilinos.

Jorge es dueño de dos apartamentos por los que ingresaba 7.000 euros al mes.

Jorge aprovecha esta conversación para lanzar una protesta hacia Airbnb, que prometió destinar 250 millones de dólares a la ayuda de los propietarios que hayan cancelado sus reservas. “Prácticamente ninguno tendremos acceso a esa ayuda. Una de las condiciones que ponen es que las personas que hayan cancelado sus reservas lo han tenido que hacer a través de la aplicación, es decir, que han llamado al departamento de atención al cliente de Airbnb y la hayan anulado así”, denuncia el propietario. “La gran mayoría de los anfitriones tenemos cancelación flexible, es decir, que hasta 24 horas antes de tu llegada puedes cancelar gratuitamente. En definitiva, que a nosotros no nos va a llegar nada de lo que ellos han publicitado a bombo y platillo”.

Otra persona que no espera ver nada de esas ayudas y que sus ingresos dependen enteramente del turismo es Rafael Jiménez. Él y su mujer son propietarios de dos hostales, tres apartamentos turísticos y una flota de 80 autobuses. Tres negocios, pero “los ingresos se han convertido en cero. Hemos solicitado un préstamo ICO pero nunca termina de llegar”.

A diferencia de Jorge y otros propietarios, Rafael no ha puesto en alquiler sus tres apartamentos. “Nos hemos planteado un alquiler de larga duración, pero es que ahí surgen muchos problemas. Si el inquilino te deja de pagar no tienes mecanismos para desalojarle. Así que de momento los apartamentos están vacíos y cuando vuelva a haber turistas dentro de dos años, pues volveremos a alquilar”.

Rafael Jiménez tiene varios negocios orientados al turismo.

Dos años. La predicción de Rafael coincide con la de Antonio. Las dos personas de este reportaje que más imbuidas están en el mundo del turismo coinciden en sus previsiones. La explicación que dan es que, aunque se abran las fronteras, la gente tardará en volver a viajar. “¿Tú te irás con tu pareja a tomar un vino en cuanto se levante el estado de alarma? Yo no me meto en ningún bar el primer día, ni el segundo... A lo mejor el tercero. Pues eso mismo llévalo al turismo”, explica Antonio. 

Aunque la predicción a medio plazo es devastadora, si se amplía en el tiempo, la cosa cambia drásticamente. "En Madrid, en 10 años habrá cambiado el panorama absolutamente. El centro será un núcleo de alquiler", augura Antonio. "Entiendo que hay controversia con los pisos turísticos, por los vecinos y demás. Pero mira cómo están las grandes capitales. Londres, Nueva York, París, Berlín… el centro de esas ciudades se compone de pisos de alquiler".