Málaga

Hace año y medio Torremolinos se convirtió en una pieza de caza mayor para el Partido Popular y el PSOE. El gobierno de una de las localidades más pobladas de la provincia de Málaga (70.000 habitantes) quedaba absolutamente en juego tras las elecciones de mayo de 2019.

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El PP, con nueve concejales, ganó las elecciones, pero no acabó gobernando. Ni siquiera lo consiguió con el apoyo de los -entonces- dos concejales de Ciudadanos y otros tantos de Vox. La mayoría de 13 la sumaban con el pacto a la andaluza de PP, Cs y Vox. Pero no fue así.

El PSOE conseguía ocho sillones y sólo sumaba los votos de los tres concejales de Adelante. El partido Por mi pueblo obtuvo un concejal. 

Poco antes de la investidura, la concejal Lucía Cuín fue expulsada de Vox por apoyar un festival gay. La venganza fue unirse al PSOE y a Adelante para sumar 12. Primer caso de transfuguismo en el Consistorio.

La investidura de José Ortiz (PSOE) la apoyaron los ocho ediles socialistas, los tres de Adelante y Avelina González, la concejal de Por mi pueblo. A estos se sumó Cuín, que consiguió dar a Ortiz un segundo mandato al frente de Torremolinos.

De Álava a Torremolinos

Aun así, la líder popular en Torremolinos, Margarita del Cid, contaba con 12 apoyos y llegó a confiar en una moción de censura. Pero en octubre de 2019 todo se fue por la borda. El cabeza de lista de Ciudadanos en Torremolinos, Nicolás de Miguel, abandonaba la formación naranja.

Ayuntamiento de Torremolinos

Apenas transcurrió una semana y De Miguel, que había apoyado a la candidatura popular, conseguía un puesto en el Consistorio torremolinense. La balanza se decantaba definitivamente por la estabilidad en el gobierno local: ahora el PSOE cuenta con 14 de los 25 votos.

Sin embargo, De Miguel ha durado poco más de un año en su puesto en el Ayuntamiento de Torremolinos. El pasado 25 de noviembre dimitía tras emitir el Tribunal Supremo una sentencia que prohibía a los concejales tránsfugas asumir puestos de gobierno y mejoras económicas.

Nicolás de Miguel dio el salto a la política de la mano de Izquierda Unida, cuando estudió Historia en la Universidad de Deusto. Luego cambió los colores para unirse a UPyD, donde en 2011 llegó a consolidarse como coordinador territorial de la extinta formación en el País Vasco, una de las plazas fuertes para los de Rosa Díez.

Como otros tantos, en 2013 cruzó el puente de plata que le tendieron desde Ciudadanos en Euskadi. Allí trabajó durante dos años en los que trató de conformar un partido fuerte. Por entonces, Villegas era el hombre de referencia de Albert Rivera y apostó por De Miguel como candidato a lehendakari.

De Miguel Ciudadanos

El 25 de septiembre de 2016 De Miguel apuntaba en su hoja de servicios uno de los mayores fracasos de la época dorada de Ciudadanos: se quedaba fuera del Parlamento vasco con un 2% de los votos. Aguantó después del batacazo y acabó por irse del País Vasco. Se mudó a la otra punta de la península.

A Torremolinos llegó a finales de 2018. Allí Ciudadanos se había convertido en un auténtico esperpento. La líder, Ángeles Vergara, abandonó el partido e intentó enrolarse en Constitucionalistas, una fallida aventura de ex naranjas. El segundo de la lista, Juan Machío, fue expulsado apenas un año después de las elecciones por -según sus entonces compañeros- “mostrar fotos privadas”.

Con aquel caldo de cultivo, De Miguel llegó para, aparentemente, poner orden. Con su candidatura, Ciudadanos pasó de los 3.249 votos de 2015 a menos de 2.500 y una caída de tres puntos. La apuesta salió mal. Tan mal que, a los seis meses, De Miguel salió de Ciudadanos, incluso antes de la dimisión de Rivera.

En el último año ha sido concejal responsable del área de Igualdad y Diversidad y en declaraciones recientes, ha confirmado que “el futuro del gobierno está garantizado”, a la vez que hablaba de la “buena sintonía” con el alcalde.

"Caso de estudio"

En conversación con EL ESPAÑOL, Margarita del Cid, la líder popular, cree que “Torremolinos es un caso de estudio” porque tanto Cuín (la ex de Vox) como De Miguel (el ex de Cs) están apoyando posturas contrarias a las que manifestaron orgánicamente los partidos por los que fueron elegidos.

Del Cid argumenta que, a pesar de no tener un cargo dentro del equipo de gobierno, “el alcalde cedió un puesto de confianza a Lucía Cuín”, es decir que, a pesar de no tener responsabilidades, “sí tiene situaciones ventajosas”.

La pasada semana el PSOE registraba un escrito en el que pedía al PP uniformidad en sus exigencias. Pedía que actúe en la Diputación de Málaga "con la misma coherencia que lo ha hecho Torremolinos".

José Bernal, portavoz socialista en la Diputación compara este caso con el de Juan Cassá, el concejal del Ayuntamiento de Málaga que abandonó Ciudadanos y es la llave de la gobernabilidad del PP. Sin embargo, Del Cid defiende que “Cassá en ningún momento ha cambiado su voto ni los apoyos de las investiduras”.