La tradición del país manda que al recién llegado se le ofrezcan los mejores dátiles de la cosecha del año anterior y leche de camello recién ordeñada. Dos símbolos de bienvenida para que el viajero cansado reponga fuerzas tras el largo trayecto. La fruta, secada al sol es dulce y jugosa, pero el calostro de las camellas tiene un sabor agrio y penetrante y se pelea con fuerza en el paladar del que no lo ha probado nunca.

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Sin embargo, todo el que llega a Marruecos y es agasajado por este pequeño banquete de bienvenida sabe que debe tomárselo o el anfitrión podría ofenderse. Y eso fue lo que hizo toda la comitiva que acompañaba a Felipe VI en su último viaje de Estado al país vecino en 2019: comerse los dátiles y beberse la leche.

"Allí estábamos todos con el platito y la taza de cristal con asa de plata, mirándonos para ver quién era el primero que le daba el sorbito al líquido blanco, bueno en realidad es amarilla clarita, porque no le sienta a nadie bien. Cada vez que vamos a Rabat es la misma pesadilla", se ríe una de las personas que acompañó a los Reyes de España en aquel desplazamiento.

"Es solo un ejemplo de cómo son esos viajes, siempre hay mucha tensión. Las relaciones son tirantes y nunca sabes por dónde te van a salir, ni el rey ni toda su corte. Son días agotadores en los que estamos deseando terminar y volver a casa, incluidos los Jefes", añade.

La avalancha de más de 6.000 personas en Ceuta ha hecho que se vuelva a poner el foco en Marruecos. Pero no es la primera crisis de este tipo que vive nuestro país con Marruecos. En 2006 hubo una parecida.

Entonces, en el país africano ya reinaba Mohamed VIpero en España aún se sentaba en el trono Juan Carlos I. Aquella vez, el problema fue la llegada masiva de inmigrantes a las islas Canarias.

El hoy Emérito levantó el teléfono y llamó a su "sobrino" -así le llama él- para solucionar el problema. "El Jefe no esperaba a que el Gobierno le diera instrucciones. Llamó y luego se lo comunicó a la vicepresidenta, que por aquel entonces era María Teresa Fernández de la Vega, y le dijo que ya estaba solucionado. Y así fue", cuenta la misma fuente.

Una llamada rara

Pero en este 2021 el Jefe del Estado español es Felipe VI, y aunque sus relaciones con su homólogo marroquí no son malas en absoluto, cumple estrictamente con sus funciones y no hace nada sin acordarlo antes con Moncloa. "Si tiene que llamar, llamará. Ese no es el problema. Lo que pasa es que el Rey no puede saltarse al presidente del Gobierno y a la ministra de Exteriores, tienen que consensuar posturas y decidir una estrategia común", asegura un próximo al Rey.

Si el Soberano hiciera una llamada a su "primo" en Rabat ésta no sería la primera ni tampoco la más sorprendente. La más rara tuvo lugar en pleno verano de 2014, recién proclamado Rey, y la hemos conocido gracias al libro de memorias que el exministro del Interior Jorge Fernández Díaz ha publicado bajo el título Cada día tiene su afán (Península).

Cuenta el exjefe de interior que estando de vacaciones en un pueblo de Soria, sin casi cobertura, uno de sus guardaespaldas le interrumpió la partida de cartas con los amigos: "Ministro, perdóneme, pero si pudiera llamar a Su Majestad el Rey, que está intentando localizarle y no lo consigue...".

Así que Fernández Díaz llamó al Jefe del Estado, que le contó el problema: "Ministro, me acaba de llamar el rey de Marruecos, Mohamed VI, y me ha dicho que está detenido por la Guardia Civil, ¿sabes algo de eso?". El tema se solucionó rápido.

Ocurrió que el monarca alauita se había introducido, sin documentación, en aguas territoriales españolas con su moto de agua, lo que había hecho que el Servicio Marítimo de la Guardia Civil le parara al temer que fuera un narcotraficante. El asunto sentó tan mal al soberano de Marruecos que el exministro del Interior tuvo que hacer una visita a Rabat para calmar los ánimos.

Unos años antes, Pérez Rubalcaba tuvo que hacer lo mismo cuando la indignación de la corte alauita estalló después de que un helicóptero de la Policía Nacional sobrevolara con insistencia uno de los yates de la familia del rey marroquí, en aguas internacionales, donde varios de sus miembros tomaban el sol tranquilamente. De nuevo las fuerzas del orden españolas pensaron que podría tratarse de uno de los muchos barcos que los carteles de la droga usan para trasladar su mercancía de Marruecos a España.

Dos estilos opuestos

Los lazos de amistad que unen a las dos familias reales son tan indiscutibles como el estilo tan diferente de ambos monarcas. Mientras Felipe VI mantiene una línea de actuación discreta y, en la medida de lo posible en una monarquía, austera, Mohamed VI ha protagonizado en los últimos años numerosos excesos y escándalos.

Al rey marroquí le persiguen los escándalos relacionados con su vida privada: el misterio en torno a su estado de salud; sus escapadas de meses a su mansión de París; la amistad que mantiene con personajes rarísimos como el rapero Maître Gims; la desaparición de su esposa; la sustitución de esta por su hija de 13 años, Lalla Khadija... situaciones que le han llevado a protagonizar portadas en los periódicos, aunque nunca de los marroquíes, que sufren una dura censura por parte del régimen. 

Don Felipe es consciente de la importancia que Marruecos tiene para España y que su relación con Mohamed VI es fundamental para que las relaciones sean fluidas con el vecino del sur. "Por eso, después de la proclamación, los Reyes viajaron a Rabat en la gira de presentación. Ellos se deshicieron en homenajes, incluso les invitaron a celebrar el iftar, la cena con la que se rompe el ayuno del Ramadán", explica una fuente cercana al equipo de Felipe VI.

Luego llegaron los roces con las Fuerzas de Seguridad españolas. "Pasó lo de la moto acuática y la cosa se torció. Se agarró un cabreo fino. Después se canceló hasta seis veces la visita de Estado de 2018: una de ellas sólo seis días antes. Y se tensó todo todavía más. La visita se quedó en un viaje relámpago, a principios de 2019, de apenas 24 horas, en el que sólo se pisó Rabat, cuando en un primer momento se había hablado de visitar Casablanca y Tánger. Aun así, salió rentable, porque se firmaron todos los acuerdos bilaterales que se iban a firmar. Pero ¡qué 24 horas más largas, qué tensión!", relata la misma fuente.

Felipe VI y Mohamed VI no son como sus padres. Son otros reyes diferentes. Y lo mismo ocurre con la relación que ambos mantienen. Juan Carlos I y la Reina Sofía hicieron la primera visita oficial a Marruecos en junio de 1979, la primera de un Jefe de Estado español desde la independencia de este país en 1956.

Felicitación de cumpleaños

Fue una estancia de tres días en Fez y Rabat en la que el hoy Emérito y el ya desaparecido Hasán II priorizaron la cordialidad y evitaron hacer referencia a los asuntos espinosos, como el Sáhara Occidental. Sólo habían pasado cuatro años de la Marcha Verde que precipitó la salida de España de la que fue su colonia.

"España y Marruecos están condenados a entenderse… Vuestra visita es una mano tendida a la esperanza", dijo entonces el monarca alauita en la cena de gala. "Nuestro destino nos lleva a entendernos, a reafirmar una amistad clara y duradera", le correspondió Juan Carlos.

Y así fue, los dos monarcas se hicieron amigos hasta el punto de llamarse "hermanos", pero no a base de visitas de Estado, ya que pronto vieron que tenían las mismas aficiones, sobre todo la caza, y compartieron muchas jornadas de montería en España y de caza mayor en el continente africano.

Dicha amistad siguió con el hijo del rey de Marruecos, al que Juan Carlos llama "sobrino", y este, al parecer como agradecimiento, le regaló al Emérito una finca en Marrakech. Eso fue lo que contó Corinna Larsen al excomisario Villarejo en su conversación en Londres en 2016. "Hacen cosas peligrosísimas. Le han puesto (a Juan Carlos I) una propiedad del rey de Marruecos. Él dice que yo la he comprado para devolverle la propiedad después. No hay electricidad, solo camellos, nueve acres de finca sin nada", contaba la alemana.

Con otros reyes en los tronos Borbón y Alauita la cortesía no ha cesado. Y por eso sabemos que Felipe VI llamó al rey de Marruecos para felicitarle en su último cumpleaños. Lo que desconocemos es si, tras la nueva crisis fronteriza en Ceuta, el Gobierno sigue con la intención de que Don Felipe convenza a Mohamed VI de que visite España, idea que Moncloa le hizo llegar justo antes de su último viaje a Marruecos. Rabat no contestó. Moncloa buscaba un gesto de cercanía que en las actuales circunstancias se antoja imposible.

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