El martes 16 de febrero, el rapero Pablo Hasél ingresaba en el centro penitenciario de Ponent, en Lérida. Lo hacía después de que los Mossos d’Esquadra lo detuviesen en la Universidad de la mismo provincia, donde se atrincheró tras la sentencia que lo condenaba a nueve meses de prisión por enaltecimiento del terrorismo e injurias a la corona. 

La Audiencia Nacional le dio 10 días para entrar en la prisión de manera voluntaria, pero el cantante, cuyo nombre real es Pablo Rivadulla Duró, ya adelantó que no se lo pondría tan fácil a los agentes de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad.

Hasél entró por la parte de ingresos, pero no está con el resto de presos. Desde el martes y durante 10 días está en cuarentena, según marca el protocolo. Sólo se puede relacionar con otros tres reclusos que entraron en la cárcel el mismo día que él. Así, el rapero está en un grupo burbuja hasta el viernes 26.

Estos tres reclusos, ninguno considerado como peligroso, serán su cuadrilla hasta el final de la semana que viene. Con ellos saldrá al patio, irá al comedor en los turnos establecidos y acudirá al espacio desde donde se realizan las llamadas al exterior, según explican fuentes de la prisión.

Cuando termine la cuarentena se le realizarán una serie de análisis para comprobar que no está infectado por coronavirus y, después, si los resultados son negativos, se integrará con el resto de encarcelados. Por ahora no se le ha hecho ninguna prueba PCR, ya que el protocolo de Instituciones Penitenciarias establece que se realizan cuando se detectan brotes en la cárcel, nunca a priori.

“Está tranquilo y calmado. Este tipo de presos no suelen comportarse dentro como lo hacen cuando hay cámaras delante”, explica un funcionario de prisiones consultado por EL ESPAÑOL. Al cierre de esta edición, Hasél, al que mediáticamente se le conocen comportamientos y vocabulario violento, se está adaptando a la normalidad de la prisión.

Las fuentes consultadas explican que mantener un buen comportamiento y colaborar con los funcionarios le puede “facilitar” acceder a permisos y al tercer grado en menos tiempo. 

Así es la cárcel

A las afueras de Lérida, a menos de cinco minutos en coche del centro de la ciudad, se encuentra la cárcel de Ponent, un recinto de 30.437 metros cuadrados y una población reclusa de más de 1.000 personas. Es, a todos los efectos, "una prisión pequeña”, en palabras de un funcionario, con poco más que una enfermería y un módulo de aislamiento. Y, ahora, un rapero.

Los internos se reparten en 353 celdas “residenciales” y 131 individuales. Además, cuenta también con un módulo para mujeres. En un edificio adyacente se encuentra el Centro Penitenciario Obert, que puede llegar a albergar hasta a 140 reclusos.

“Por seguridad no podemos dar muchos más detalles”, explican las fuentes consultadas. Las manifestaciones por el encierro de Hasél se han repetido en los alrededores de la prisión desde el martes por la noche. 

Aunque siempre han comenzado de forma pacífica en dirección a la cárcel, al final de las mismas se han producido disturbios, que han recorrido importantes ciudades de toda España.

Las concentraciones se han dado en todas las capitales de provincia de Cataluña, así como en Madrid, Granada o Vigo. Contenedores ardiendo, lanzamiento de vallas y piedras o las cargas policiales han copado los informativos desde el pasado martes, alentadas por algunos partidos políticos como Unidas Podemos.

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