Alberto Jiménez, CEO y cofundador de Smileat.

Alberto Jiménez, CEO y cofundador de Smileat. Cedida

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Alberto Jiménez, CEO de Smileat: "Las marcas siguen priorizando las ventas a corto plazo frente a la salud"

La firma española de alimentación infantil ecológica defiende un modelo sin azúcares añadidos con impacto real en la industria.

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Mariana Goya
Publicada

Hay empresas que nacen para ocupar un hueco y otras que irrumpen para cambiar las reglas del juego. Smileat pertenece a la segunda categoría. En apenas una década, esta compañía española de alimentación infantil ecológica ha pasado de ser una apuesta casi contracorriente a liderar el segmento con una cuota del 49% y más de 21 millones de euros de facturación.

Detrás de ese crecimiento está una convicción que, según su CEO y cofundador, Alberto Jiménez, no ha variado desde el primer día: "La clave ha sido mantener el máximo respeto a nuestro ADN como compañía, ser constante y creer firmemente en que estamos haciendo algo que aporta valor a la sociedad".

En este caso, la semilla del proyecto no nació en un despacho ni de un análisis de mercado, sino de una experiencia personal. "Surge de una vivencia", explica Jiménez. "En mi familia empieza a haber diferentes enfermedades que yo pensaba que informándome podía quizá retrasar o mitigar en el futuro".

En ese proceso de búsqueda, la alimentación emergió como un factor determinante y, casi en paralelo, un acontecimiento familiar terminó de activar la idea: "En ese momento nació mi primer sobrino y se me iluminó la bombilla".

En 2015, cuando Smileat comenzó su andadura, el mercado de la alimentación infantil ecológica en España era todavía incipiente, dominado por propuestas tradicionales y con escasa innovación. Diez años después, el panorama es otro. "Nos gusta pensar, y los datos de mercado nos lo corroboran, que Smileat ha sido el game changer de la categoría", sostiene.

La compañía no solo ha crecido, sino que ha empujado a todo el sector a moverse: "Hemos dinamizado una categoría muy madura, muy clásica donde había poco color en los lineales y poca innovación. Hemos empujado a que otras marcas reformulen productos, lancen gamas ecológicas".

Sin embargo, lejos de dar la batalla por ganada, Jiménez advierte de que el cambio cultural en la alimentación infantil aún está lejos de completarse.

"Somos conscientes de que todavía queda mucho por hacer y por concienciar", señala, en un contexto en el que la preocupación por el exceso de azúcar y los ultraprocesados ha crecido, pero no siempre se traduce en decisiones estructurales dentro de la industria.

Salud vs. negocio

Esa tensión entre salud y negocio es, precisamente, uno de los grandes dilemas del sector. "Puede verse un cambio, pero también creo que va lento", afirma. "A día de hoy las marcas y los retailers todavía priorizan las ventas a corto plazo versus lo bueno para la sociedad a largo plazo".

Frente a esa lógica, Smileat reivindica una posición clara: "Las marcas tenemos la responsabilidad de poner en el mercado productos lo más saludables posible, y a veces eso va en contra de lo que más vende. Pero nosotros creemos en el largo plazo".

Una madre alimentando a sus hijos.

Una madre alimentando a sus hijos. iStock

El compromiso con ese enfoque se refleja en decisiones estructurales, como la eliminación de azúcares añadidos o la apuesta por ingredientes 100% ecológicos. Pero también en su certificación como empresa B Corp, obtenida en 2022.

Aunque, más allá del sello, Jiménez subraya su impacto interno: "Ser una compañía B Corp te hace parar y reflexionar acerca de cosas que quizá en el día a día no haces porque no tienes tiempo".

Ese proceso llevó, por ejemplo, a revisar la gobernanza: "Cambiamos nuestros estatutos con nuestros accionistas para que estuviesen alineados con los valores de B Corp". Y pese a que insiste en que la filosofía ya estaba integrada en la compañía, reconoce que el proceso ha reforzado la conciencia sobre ciertos aspectos clave.

Los retos

No obstante, el camino hacia una producción ecológica a gran escala no ha estado exento de dificultades. La cadena de suministro es uno de los principales retos. "Siempre es más complicado buscar proveedores ecológicos, ya que son más limitados", explica.

En su caso, la estabilidad se ha apoyado en relaciones a largo plazo: "Tenemos una gran relación desde hace muchísimo tiempo con los nuestros". A ello se suma una decisión técnica que impacta directamente en el producto final, y es que apuestan por la ausencia de conservantes.

"Cada temporada puede variar un poco la densidad, color o sabor de nuestros productos dependiendo de cómo esté la materia prima", detalla. Una variabilidad que, lejos de considerarse un problema, se asume como parte de la autenticidad: "Es igual que cuando vas a hacer la compra y haces un puré en casa".

El precio es otro de los puntos críticos en el debate sobre la alimentación ecológica. La percepción de que estos productos son significativamente más caros sigue siendo una barrera para muchas familias. Pero Jiménez introduce matices: "Es importante entender que no es lo mismo una granja de pollos convencionales a una granja de pollos ecológicos: lo que comen, el espacio que tienen entre ellos...".

Ese modelo productivo eleva los costes, pero relativiza el impacto en el consumidor: "En realidad estás pagando entre 20 y 50 céntimos más por un producto con estas características. La diferencia en calidad y salud es monumental, evitando pesticidas, químicos, antibióticos".

Aun así, reconoce la responsabilidad del sector: "Las marcas con productos ecológicos tenemos que hacer esfuerzos en márgenes para que nuestros productos sean lo más competitivos en precio posible".

Con una categoría relativamente estable, Smileat mira al futuro sin perder de vista los formatos tradicionales. "Los tarritos y pouches tienen y tendrán un peso importante", anticipa, aunque identifica nuevas áreas de crecimiento: "Los snacks seguirán creciendo".

La estrategia pasa por innovar a partir de las demandas del consumidor, con ejemplos recientes como "los frutos secos en polvo, los flash para el verano 100% fruta o los cereales sin azúcar". Pero más allá del producto, el CEO apunta a un cambio en los hábitos: "Los momentos de consumo también serán muy relevantes".

Así, en un sector donde la confianza es un activo crítico, Smileat ha construido su posicionamiento sobre la coherencia entre discurso y práctica. Diez años después de aquel momento bombilla, la compañía ha consolidado un negocio, además de contribuir a redefinir lo que muchos padres consideran aceptable en la alimentación de sus hijos.

El reto ahora no es solo mantener el liderazgo, sino seguir empujando a toda la industria hacia estándares más exigentes.